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Conocer el IslamLa Arabia Preislámica
Mª Pilar Zaldívar (Nov 22, 2007) Conocer el Islam
Son pocos los datos que conocemos de la Arabia preislámica, aunque podemos decir que en el siglo VI d.C. era un vasto territorio habitado principalmente por nómadas que se dedicaban al comercio. Había pocas ciudades por esta zona pero, sin duda, la más importante era La Meca. Estaba controlada por los Omeya (la rama más poderosa de la tribu de los Quraish a la que pertenecía el profeta Mahoma). Era el principal centro comercial donde se daban cita las caravanas que recorrían el desierto dedicándose al mercadeo.

En Arabia había cristianos y judíos, aunque eran minoría. También tenemos noticia de la presencia de los “hanifa”, quienes creían en la existencia de un Dios único. Por este motivo no podemos pensar que la idea del monoteísmo llegó a aquellas tierras sólo a través del cristianismo y del judaísmo.

Las descripciones que nos han llegado presentan a los árabes preislámicos como creyentes de religiones politeístas y muy cultuales y, al mismo tiempo, carentes de contenidos éticos.

Toda la vida religiosa estaba centralizada en La Meca donde se encontraba el santuario de la Kaaba en el que se daba cobijo a las representaciones de cientos de dioses procedentes de diversas tribus, por lo que La Meca, además de tener un indudable atractivo económico era, al mismo tiempo, centro de peregrinación y punto de referencia que aglutinaba a las deidades de todos los árabes.

No obstante, la ciudad era sólo un punto de referencia. La mayor parte de los árabes en esta época eran nómadas y entre ellos no existía realmente ningún elemento de cohesión. Eran gentes que vivían en un medio hostil (el desierto) y que, para sobrevivir, necesitaban de su tribu. Por eso, la tribu cobraba un papel esencial en la vida del beduino. Era la que le daba identidad, en la que él se reconocía y, al mismo tiempo, y en un nivel más práctico, era la que le permitía superar las condiciones adversas en las que vivía. Más allá de la tribu no había ningún elemento de cohesión. No existía entre los árabes una unidad religiosa ni ideológica, ni mucho menos política. No había nada que pudiera asemejarse a lo que hoy llamaríamos una conciencia nacional. Por eso, el gran acierto de Mahoma fue dotar a la nueva religión de unos valores muy árabes en los que los primeros fieles pudieron reconocerse pero, al mismo tiempo, muy universales que permitieron la gran expansión posterior del islam.




  
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