Espacio disponible para su publicidadNoticias Jóvenes  

  Diciembre  
8
  Miércoles  
   

Consejo de la Juventud de Zaragoza

MisMontes.com

AupaZaragoza.com

Iglesia en Zaragoza (Hoja Diocesana)

Espacio Disponible para su PUBLICIDAD 976 274426

  
Colonias de Verano Ánade en el Pirineo Aragonés para chicos y chicas de 7 a 17 años - ABIERTA LA INSCRIPCIÓN VERANO 2021

CineEstrenos de cine de esta semana
Fuente ABC (Apr 11, 2015) Cine
Críticas de los estrenos de cine de esta semana con sus respectivas fichas y comentarios.

"LA DAMA DE ORO"

Helen Mirren: «Cada vez que se hace justicia se gana una batalla». La actriz interpreta en «La dama de oro» a la mujer que luchó por recuperar el famoso cuadro de Klimt robado por los nazis.

Comentarios por MARÍA ESTÉVEZ

Gustav Klimt afirmó que «la verdad es como el fuego, decir la verdad significa brillar y quemarse». Tal vez al hablar de la verdad el prolífico pintor austriaco pensaba en Adele Bloch-Bauer, la musa a la que envolvió de metal precioso en su famoso retrato «La dama de oro», inspirado en los mosaicos bizantinos de Rávena. Los expertos consideran a esta pintura la obra maestra del autor, y el Museo Belvedere de Viena, mientras la tuvo, la bautizó como la Mona Lisa austriaca.

Hoy el retrato cuelga en las paredes de la Galería Neue gracias al heredero del imperio cosmético Ronald Lauder, que se lo compró a Maria Altmann, sobrina de Adele, por 135 millones de dólares en el 2007. Inspirada en los contratiempos que esta obra sufrió desde su concepción, se estrena en España la película «La dama de oro», dirigida por Simon Curtis («Mi semana con Marilyn»). La incansable Helen Mirren protagoniza en pantalla este filme donde da vida a la sobrina de Adele Bloch-Bauer, Maria Altmann, la octogenaria que peleó contra el Gobierno austriaco junto al abogado Randy Schoenberg, interpretado por el actor Ryan Reynolds, reclamando lo que era suyo.

«La Mujer de oro» llega a las emociones por los errores del pasado, el robo de arte y las atrocidades nazis, al mismo tiempo que se desarrolla una relación maternal entre los protagonistas. «Ambos personajes atraviesan su propia odisea. Maria tiene que volver a Austria, mientras que Randy entra en contacto con sus raíces hasta sentirse agobiado. Al principio de su aventura él piensa en el dinero, en ganar el caso. Pero poco a poco eso se vuelve algo insignificante», aseguró Ryan Reynolds.

En la rueda de prensa promocional, Helen Mirren explicó la naturaleza de la historia de Altmann: «Se trata de justicia. A mucha gente en conflictos similares no se les ha hecho justicia y cualquier momento en el que se hace justicia es una gran batalla ganada». Mirren confesó haber investigado en profundidad su personaje visualizando cientos de películas sobre las deposiciones de Altmann en los juzgados y leyendo libros sobre los robos de los nazis: «Yo también quería hacer justicia al papel que iba a representar». La actriz, gran dama británica ganadora de un Oscar por su interpretación de la Reina Isabel II, es hija de inmigrantes rusos, pero admitió que la comparación con el papel de Maria termina ahí: «A nosotros nadie nos echó de casa, nadie nos robó los cuadros, ni los objetos de valor, nadie quiso deshacerse de nuestra cultura. Los nazis asesinaron a la mitad de la familia de Maria Altmann y a nosotros no nos ocurrió eso», aseguró emocionada.

El retrato Adele Bloch-Bauer I, al que los nazis cambiaron el nombre por el de «La dama de oro» (por no mantener su nombre judío), fue robado en 1928 y adquirido ilegalmente por el Museo Belvedere de Austria. El museo fue su hogar durante cincuenta años, hasta que el Gobierno austriaco instituyó una ley para restaurar lo robado a los judíos y Maria Altmann decidió pelear por su herencia.

El legado de Klimt, que por cierto estudió en la escuela de arte de Viena donde Adolf Hitler fue rechazado, representa una época cuando Austria era el corazón cultural de Europa. Allí vivieron los Altmann y los Schoenberg, pues el abogado es nieto del compositor austriaco Arnold Schoenberg, un hombre que creció oyendo las historia de Maria Altmann, la mejor amiga de su abuela. «Cuando fuimos a la corte Suprema de Estados Unidos nadie pensaba que teníamos ni la más mínima oportunidad de ganar», dijo el abogado en la presentación de la cinta en Los Ángeles. Reynolds, acostumbrado a interpretar al héroe en pantalla, confiesa que Schoenberg es el héroe más real que ha representado en su carrera: «Él lo perdió todo por pelear este caso. En ningún momento adviertes que sea un guerrero hasta que te demuestra que lo es. Maria depositó toda su fe en él».

«La dama de oro» es una lección de historia para muchos necesaria. «Creo que es necesario mantener viva la historia para las nuevas generaciones. Hay una frase en la película que me impresionó -«la gente olvida, especialmente los jóvenes»- y es cierto. Estamos perdiendo a la generación que lo vivió en primera persona. El dolor y el trauma fue tan profundo que muchos no pudieron hablar de ello durante años. Es ahora, al final de sus vidas, cuando son capaces de articular lo que les ocurrió. Lo recuerdan y lo viven una y otra vez», terminó diciendo Helen Mirren.

«FELICES 140» (***): Idea grande, gente pequeña. Gracia Querejeta pinta con arte un fresco sobre el egoísmo y la mezquindad. El hombre es una rata para el hombre.

Comentarios por FEDERICO MARÍN BELLÓN

Gracia Querejeta es como los espectadores modernos: alterna películas y series sin prejuicios. Y suele escoger bien. En los últimos años ha dirigido capítulos de «Cuéntame», «Víctor Ros» y «Sin identidad». En la pantalla grande se prodiga menos. Después de «Siete mesas de billar francés», aflojó un poco el paso con «15 años y un día». Ahora retoma el buen camino con estos «Felices 140», de nuevo con Maribel Verdú como musa y protagonista.

Su tercera película juntas tiene un pequeño problema, sin embargo. Como tantas veces sucede, la sinopsis y el tráiler arruinan la gran sorpresa de una historia que atrapa. No la repetiremos por si algún futuro espectador tiene la suerte de no conocerla. Algo sí se puede contar: la protagonista invita a una casa rural a un escogido grupo de amigos y familiares para celebrar sus espléndidos 40 (en realidad tiene más mérito, porque son 44). Antonio de la Torre, Eduard Fernández, Marian Álvarez, Nora Navas, Alex O?Doguerty, Ginés García Millán y Paula Cancio conforman otro de los puntos fuertes de la cinta.

La letra pequeña de la invitación esconde un componente de misterio que el espectador no avisado tratará de adivinar con placer, como en las mejores historias de intriga. Es cierto que «Felices 140» dispara más alto. El humor negro y el drama enriquecen la espléndida caligrafía de Gracia Querejeta y Antonio Mercero. A partir de esa gran idea motora, ambos pintan con arte un fresco sobre el egoísmo y la mezquindad. El hombre es una rata para el hombre.

El subgénero de reencuentro de amigos, que tantos títulos brillantes ha dado al cine, lleva a pensar en «Los amigos de Peter» y otros filmes de final amargo, pero Gracia y Antonio encuentran otro camino, la mar de entretenido. «Felices 140» se convierte, de paso, en un fantástico retrato de la crisis, con solo mirarla de reojo. Es más elocuente sobre el estado anímico y económico de los españoles que cualquier historia sobre el paro. Los dos grandes giros de guión impulsan las palabras y los hechos de sus nueve personajes. (Faltaba por citar el joven Marcos Ruiz, que no se arruga ante las bestias). Aparte de algún detalle menor, solo el final, algo soso -sutil, para los partidarios-, impide disfrutar al máximo. Tras los dos volantazos, el cuerpo pedía una entrada en meta más vigorosa. Cierto es que ese último tiro no es del estilo de Gracia.

«THE GUEST» (***): Acción cocida a fuego lento

Su cinefilia, que le permite sortear con acierto las trampas habituales de este tipo de películas y, sobre todo, no tener que dar demasiadas explicaciones sobre la subtrama de ciencia ficción

Comentarios Por FEDERICO MARÍN BELLÓN

Alfred Hitchcock y Orson Welles mostraron hace tres cuartos de siglo la desazón que puede causar la repentina visita del extraño más encantador, del tío Charlie de toda la vida. Por lo general, solo un miembro de la familia sospecha a contracorriente, en una perspicacia condenada de antemano, cual Casandra en la mitología griega. Adam Wingard, joven y prolífico autor de historias de terror, triunfó en Sitges con esta irreverente aportación al (sub)género. En «The Guest» -otro título que no tiene sentido dejar de traducir-, Dan Stevens se mete en la piel de un soldado que irrumpe en el dolor familiar con la excusa de que combatió junto al difunto hijo perdido. Mucho ojo a este actor, un tipo de moda gracias a la serie «Downton Abbey», que aquí recuerda a Ryan Gosling por su aparente facilidad para imponerse desde el físico y endurecer la mirada sin necesidad de hacer muecas.

La cinta tiene también, lo que encaja a la perfección con su protagonista, algo de epopeya del Oeste, con un héroe reticente a los alardes pero capaz de poner en su sitio a los villanos de la aldea. Ambientada en otros tiempos, el protagonista no habría tardado en colocarse la estrella de sheriff. En los de ahora, se salta un poco más la ley. En realidad, Wingard solo está preparando el terreno, a un ritmo hipnótico, hasta alcanzar el sorprendente cambio de registro que se avecina.

Cuando la fiesta se desmelena, el thriller da paso a la película de acción. Las preferencias de cada uno marcarán su afinidad por la primera o la segunda parte, aunque esta es la típica película que puede satisfacer a dos tipos de espectadores. A mí me gusta más el fuego lento del primer tiempo. En el segundo, con la irrupción del siempre imponente Lance Reddick («The wire», «Fringe»), el cineasta de Tennessee convierte su obra en una película de acción. En más de un plano seguirá demostrando su cinefilia, que le permite sortear con acierto las trampas habituales de este tipo de películas y, sobre todo, no tener que dar demasiadas explicaciones sobre la subtrama de ciencia ficción. Queda por ver si el público apreciará su humor soterrado y los cambios de ritmo, pero Adam Wingard demuestra que el mejor cine corre por sus venas.

«EL CAPITAL HUMANO» (****): Detrás de la muerte de un ciclista. Una imagen real (y distorsionada al tiempo) de la sociedad y su colección de crisis.

Comentarios Por OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE

Sólo puede calificarse de brillante el modo en el que el director italiano Paolo Virzi narra los hechos de su película, que son varios, muy diversos y que forman juntos y por separado una imagen real (y distorsionada al tiempo) de la sociedad y su colección de crisis. Los hechos podrían ser: un trabajador es atropellado cuando vuelve en bicicleta a su casa; dos familias, una inmensamente rica y otra con unas ganas inmensas de serlo, se relacionan gracias al juvenil amor de sus hijos; una intriga policial muy suave y terca se mezcla con unos problemas financieros que acuchillan la trama? Hechos que Paolo Virzi expondrá en la pantalla mediante el eficaz método de los cambios de puntos de vista, como por capítulos: «Dino», «Carla», «Serena» y el resolutivo final de «El capital humano».

Lleno de un humor corrosivo, el relato los abre Dino Ossala, un pequeño empresario arribista tocado con esa gracia que da vergüenza ajena, cuando acompaña a su hija a la mansión de los Bernaschi, donde vive el noviete bobo que le va a proporcionar a él una oportunidad de oro y conocer a papá Giovanni Bernaschi, un tiburón en un caladero de merluzas.

Cada momento, cada capítulo, cada pequeño avance en el descubrimiento de los resortes de la trama es un apretón de manos con el espectador, el único que irá conociendo los detalles de la intriga según los desmenuza cada uno de los puntos de vista, y el único que ve en su totalidad el gran dibujo social que se materializa ante sus narices. La hipocresía, el interés, las tripas de esos entornos sociales en los que la dignidad y la ética se pasean de aquí para allá como una bandeja de canapés? Es una mirada ácida, casi despiadada, pero sin deshumanizar a esos personajes y sin quitarles la carne bajo el pellejo.

Personajes magníficos, como los que interpretan las dos Valerias (Bruni Tedeschi y Golino), una mujer que quiere salir del florero y pisa barro, y la otra que no quiere meterse en el jardín al que aspira su marido. Y excelentemente caricaturizados, como en las escenas del teatro (genial el retrato del comité de críticos, pensadores y directores de escena), del tenis o de los vaivenes financieros. Una caricatura que en el caso de Fabrizio Bentivoglio (ese Dino Ossala tan zalamero y tan rastrero) es la viva representación de la risa triste del payaso? Pura tragicomedia urdida como un elegante puzle y que consigue solapar el thriller con un pavoroso retrato social y una metálica risa de hiena.

«AGUAS TRANQUILAS» (****): cine jubiloso, poético, extraordinario. La directora japonesa Naomi Kawase filma la naturaleza, la del hombre y la del mundo, como si leyera en ella una sagrada escritura.

Comentarios Por OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE

La directora japonesa Naomi Kawase filma la naturaleza, la del hombre y la del mundo, como si leyera en ella una sagrada escritura, como si el interior de ambos, hombre y mundo, estuviera unido por la cuerda de un arpa cuya música captase su cámara en imágenes llenas de afecto, sabiduría y poética. En esta delicada y turbulenta película (opino lo que Kawase: que es la mejor que ha hecho), esa cuerda de arpa conecta a una pareja de estudiantes con su paisaje, el de la isla de Amami, al sur de Japón, el lugar en el que nació Kawase y en el que todo y todos están impregnados de una esencia divina y de una jubilosa aceptación de la maquinaria del tiempo y de los ciclos de la vida.

Kawase encuentra el modo de filmar la naturalidad de dos transiciones, la de la infancia a la madurez y la de la vida a la muerte, y lo hace de un modo sencillo y extraordinario a la vez que uno tiene la impresión de no haberlo visto nunca igual. La historia está contada a la altura de los ojos de la parejita protagonista, que vive sus propias intrigas de cambio (mezcladas con la intriga de un cadáver descubierto en las aguas tropicales) y experimenta esos ciclos y ciclones de la vida, el amor, la muerte? Esta última, capturada por Kawase en la escena más insólita y extrañamente hermosa de toda la película, cuando la madre de uno de ellos, enferma de cáncer, muere acompañada de todos los suyos, que la despiden entre risas, besos y alboroto como si fuera un provisional adiós en el andén de la estación.

Un momento largo, extravagante para el ojo del espectador, que olisquea una emoción nueva en ese modo contradictorio, feliz y analgésico de acompañar la muerte del ser querido. Es una escena única e inolvidable. Como también lo es todo el angustioso tramo ro dado en medio de un impresionante tifón, o el capítulo del joven cuando visita a su padre en Tokio, o el placer con el que Kawase nos hace ver cada rama, cada árbol, cada nube, cada brizna de agua? O el inexplicable deleite en los gestos, las manos, los silencios o el refrescante paseo en bicicleta de una pareja que brota primaveral en el paraíso de Amami. Más que una película es un masaje, una friega al espíritu resentido y desamparado.

  
BUSCAR EN NJ: