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Qué es EducarLos recursos en el trabajo humano
Miguel Ángel Albás (Feb 24, 2015) Qué es Educar
En el trabajo humano el hombre –o la mujer- realizan una “actividad” que implica “relación” con personas y con cosas. Ya hemos visto que, en esa relación con las personas, el respeto a la dignidad humana, exige un “mejor servicio”. La relación con las cosas reclama, como resultado, “un bien añadido”. Si entendemos “cosa” en un sentido amplio de “todo lo que no es persona”, puede advertirse que el bien añadido será reducible a dimensiones de tipo “económico”, en unos casos (será mas valioso); de tipo “cultural”, en otros (aportará un valor estético que antes no poseía).

Por eso, es conveniente preguntarnos en qué consiste ese nuevo valor que adquieren las cosas relacionadas con mi trabajo, y en qué medida esas cosas son más valiosas a causa de mi actividad. Descubrir el valor añadido de las cosas a causa de mi trabajo puede ser altamente motivador.

Esas cosas pueden ser materiales o inmateriales. Tan inmateriales, por ejemplo, como un clima de confianza en el trabajo, gracias a mi forma de relacionarme y realizar mi trabajo, o también, la satisfacción y alegría que produce ese trabajo realizado en los destinatarios del mismo: una sabrosa comida preparada con esmero, una clase bien preparada que despierta interés y mueve a la acción... En ese sentido, una persona puede preguntarse hasta qué punto su forma de trabajo dejará huella en su ambiente de trabajo y en las personas con que se relaciona. Y, desde una perspectiva personal, hasta qué punto le está “mejorando” su trabajo. Es una evaluación imposible casi siempre de medir con exactitud, pero, al menos, debe servir, esta actitud interrogativa, para incrementar la intencionalidad con que lo realiza y en consecuencia la motivación que ello le procura. Por ejemplo, para un estudiante el ser consciente no sólo de lo que ha aprendido sino también de lo que ha mejorado en voluntad, capacidad de razonamiento, comprensión, memoria, etc.,

Desde otro punto de vista, la elección de los recursos materiales implica un criterio de “sobriedad” en su uso. Ciertamente, es difícil saber aplicar este criterio al quehacer diario, en lo grande y en lo pequeño. Al menos, servirá para mantener un clima de esfuerzo personal para no derrochar medios. La meta puede consistir en lograr el mismo servicio con menos recursos materiales o en lograr, con los mismos recursos, un mejor servicio. Esta última opción tiene numerosas e inéditas aplicaciones en el campo profesional de la educación, por ejemplo. En cualquier caso, también es posible un respeto a las cosas y a las personas a las que han de ser útiles y ese respeto reclama “productos acabados” y, por consiguiente, un trabajo bien hecho.

Hay un punto común a la educación y al trabajo humano: el criterio de mejora. En artículos anteriores hemos visto que el trabajo humano es, en definitiva, trabajo bien hecho con actitud de servicio. Ambas características reclaman una aptitud y una actitud de mejora. Quizá pueda enfatizarse la aptitud de mejora en un trabajo bien hecho, que supone competencia profesional, dedicación y perfeccionamiento continuo. Es una llamada a la capacidad de la persona humana de crear. Hemos de recordar que siempre tenemos la posibilidad de innovar de crear. Tal vez debamos poner énfasis en la actitud de mejora cuando consideramos el trabajo en su dimensión de servicio, porque no se les puede ofrecer a las personas –si se las respeta- cualquier servicio. Precisamente, es la mediocridad y la "chapuza" el vehículo que manifiesta la falta de atención y buen servicio a los que se relacionan con nosotros y, en consecuencia, es exponente de la perdida de respeto a su dignidad y de relajación en el amor. Así, poco a poco, se pierde el amor entre las personas y se rompe la familia y la sociedad.

La mejora es la característica esencial de un trabajo humano. Esta mejora es doble respecto a las personas: mejora propia en la realización del trabajo: en su planeamiento, en su ejecución, en su evolución y también mejora ajena como resultado del trabajo: en la calidad del producto ofrecido; en la relación que se establece con el propio trabajo.

También es doble la mejora respecto al propio trabajo: mejora en los aspectos técnicos, en cuanto supone de actividad transformadora y de bien añadido de las cosas y mejora en los aspectos humanos en cuanto implica de relación y de servicio humano.

Como es obvio, el trabajo humano admite muy diversa consideración respecto a estas dos modalidades de aspectos. El trabajo, en sus aspectos técnicos, es variadísimo. Cada profesión u oficio requiere un estudio y una preparación específicos, normalmente de larga duración en lo que se refiere a los conocimientos a las destrezas e incluso a la mentalidad propia de esa actividad profesional.

En cambio, en los aspectos humanos hay mucho de común entre las diferentes profesiones. Por ello, el estudio o la consideración del trabajo humano ha de limitarse a los aspectos humanos del trabajo, dando por supuesto un nivel aceptable en los aspectos técnicos y una actitud de mejora, concretada en un continuo perfeccionamiento profesional.

Corresponde a cada persona, respecto a su trabajo, preguntarse como realiza puntualmente un trabajo humano y en qué detalles puede modificarse su actividad profesional para que sea, verdaderamente, un trabajo humano. Esto dependerá, en parte, de uno mismo-, en parte, de los demás. En cualquier caso, es importante saber en qué puede influir uno mismo para realizar mejor un trabajo. Que cualidades precisa acrecer en si mismo para realizar mejor su trabajo, al tiempo que, éste y por ello, le mejora como persona.

  
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