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CineCríticas de los estrenos de cine del 20 de febrero de 2015
Fuente Cope (Feb 21, 2015) Cine
Calificación y breve comentario de todos los estrenos de cine de esta semana por Jerónimo José Martín.

EL FRANCOTIRADOR (American Sniper) *** (6,5)

Director: Clint Eastwood. Intérpretes: Bradley Cooper, Sienna Miller, Jake McDorman, Luke Grimes, Navid Negahban, Keir O’Donnell, Kyle Gallner, Eric Close, Sam Jaeger. Guion: Jason Dean Hall, basado en el libro de Chris Kyle. Drama bélico. 134 min. Jóvenes-adultos.

A sus casi 85 años, el cineasta californiano Clint Eastwood no para en sus poliédricas facetas de actor, director, productor, guionista, músico y compositor. Sus últimos filmes tras la cámara —‘Más allá de la vida’, ‘J. Edgar’, ‘Jersey Boys’—, aunque correctos, no alcanzaron la alta calidad de sus mejores obras: ‘Bird’, ‘Sin perdón’, ‘Un mundo perfecto’, ‘Million Dollar Baby’, ‘Cartas desde Iwo Jima’, ‘Gran Torino’… Pero él sigue al pie del cañón, porque —como señala— “siempre hay nuevas historias y, mientras la gente quiera que se las cuente, lo seguiré haciendo”. Su nueva historia recrea el drama real de Chris Kyle, el francotirador más letal de la historia del ejército de Estados Unidos, tal y como él mismo se la contó a Scott McEwen y Jim DeFelice en el libro ‘American Sniper’ (2012). Tras recibir diversos premios y nominaciones, este drama bélico opta a seis Oscar: mejor película, actor principal (Bradley Cooper), guion adaptado, montaje (Joel Cox y Gary Roach), mezcla de sonido (John T. Reitz, Gregg Rudloff y Walt Martin) y edición de sonido (Alan Robert Murray y Bub Asman). A los dos meses de su estreno en Estados Unidos, ‘El francotirador’ lleva recaudados en todo el mundo cerca de 400 millones de dólares, lo que la convierte en la película más taquillera dirigida por Eastwood.

Nacido en Odessa, Texas, en 1974, en el seno de una familia protestante muy religiosa, Christopher Kyle fue granjero y cowboy de rodeos hasta que, en 1999, fue admitido como francotirador en los Navy SEALs (The United States Navy’s Sea, Air, Land Teams). Ese mismo año, Kyle fue enviado a Irak como componente de la compañía Charlie del equipo Nº 3 de los SEALs, participando en acciones de guerra en Ramadi, Anwar y Bagdad. En la primera ciudad le pusieron el apodo de “El demonio de Ramadi”. En total, Kyle realizó cuatro ciclos de relevo en Irak mientras duró la guerra, convirtiéndose en una leyenda entre los marines por lograr unas 255 muertes de insurgentes iraquíes, aunque el Pentágono sólo le acreditó 160 muertes, confirmadas por un testigo. Condecorado con dos Estrellas de Plata, cinco Estrellas de Bronce y otras distinciones, Kyle permaneció diez años en los Navy SEALs, hasta 2009, retirándose para poder salvar el matrimonio con su esposa Taya, con la que tenía dos hijos.

Producida y protagonizada por Bradley Cooper, lo mejor de la película es precisamente su matizada caracterización de Chis Kyle, que le confirma como el actor más versátil de su generación. El resto del reparto se mantiene también a gran altura, al igual que la hiperrealista y densa puesta en escena de Eastwood, sobre todo en la primera media hora y en las tensísimas primeras acciones de Kyle en Irak, espléndidamente montadas y en las que el octogenario cineasta rinde un sabroso homenaje al ‘spaghetti western’ que le convirtió en estrella. Sin embargo, el conjunto acaba resultando episódico, desequilibrado y pesado, en primer lugar porque la dilatadas secuencias bélicas sólo aportan al género esa simplificadora idea del padre de Kyle: “En la vida hay corderos, lobos y los que defienden a los corderos de los lobos: los perros pastores”. El resto, es más de lo mismo. De hecho, el lema de los marines —“No dejar a ningún hombre atrás”— ha sido mejor explotado en películas como ‘En tierra hostil’ (2008), ‘Green Zone: Distrito protegido’ (2010), ‘La noche más oscura’ (2012) o ‘El único superviviente’ (2013). Y el duelo entre francotiradores de uno y otro bando fue resuelto con más hondura en ‘Enemigo a las puertas’ (2001). Por su parte, la misteriosa muerte de Kyle queda relegada a los rótulos finales, y los interludios de melodrama conyugal y familiar en Estados Unidos desarrollan de un modo muy convencional esa idea de Kyle de que “junto a cada hombre que va a la guerra para defender a su país, está yendo toda una familia”. Además, se insiste demasiado en el patriotismo y el sincero cristianismo del protagonista.

Estas dos últimas coordenadas delimitan los pasajes más polémicos y discutidos de la película, a la que muchos críticos, sobre todo fuera de Estados Unidos, reprochan el cierto maniqueísmo con que presenta la guerra en Irak —sin ninguna reflexión crítica sobre su legitimidad u oportunidad— y los escasísimos matices con que dibuja a los personajes secundarios, especialmente a los estereotipados enemigos iraquíes. En realidad, como en casi todas sus películas, Eastwood mantiene en ‘El francotirador’ una mirada más bien ambigua y neutra —aquí sobre la deshumanizada brutalidad de cualquier guerra—, y centrada en el conflicto moral del protagonista: en este caso, el peso de tantas muertes en el alma del idealista y sencillo ‘american boy’ Chris Kyle, que se escuda una y otra vez en las muchas vidas que salvó con su fría, despiadada y también heroica carnicería. “Tras la primera muerte, las demás vienen fácilmente (…), no tengo que prepararme mentalmente para ello —reconocía el propio Kyle—. Miro por el telescopio, pongo a mi objetivo en la cruceta y mato a mi enemigo antes de que mate a uno de los míos”. Sólo este desgarrador dilema ético da entidad a esta irregular película, bélica y antibélica a la vez, sólo memorable en unas cuantas secuencias, y que se ha convertido en un fenómeno de masas en Estados Unidos. Veremos cómo le va en los Oscar. Personalmente, no creo que dé la campanada. No sería justo. J. J. M.

EL LIBRO DE LA VIDA (The Book of Life) *** (6,5)

Director: Jorge R. Gutiérrez. Guion: Jorge Gutiérrez y Douglas Langdale. Producción: Guillermo del Toro, Aaron Berger, Brad Booker, Carina Schulze y Aron Warner. Música: Gustavo Santaolalla. Comedia fantástica. 95 min. Todos-jóvenes.

Mientras los cineastas mexicanos Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu dirigían las premiadísimas ‘Gravity’ y ‘Birdman’, respectivamente, su compatriota y amigo Guillermo del Toro producía ‘El libro de la vida’ para 20th Century Fox Animation y los texanos Reel FX Creative Studios. Se trata de una ambiciosa y delirante producción de animación en 3D estereoscópico, centrada en la más ancestral celebración de su país: el Día de Muertos, de origen mesoamericano, que comienza el 1 de noviembre y finaliza el 2 de noviembre, coincidiendo con las celebraciones católicas de los Fieles Difuntos y Todos los Santos. Desde su estreno en octubre de 2014, este primer largometraje para el cine del artista y realizador televisivo Jorge R. Gutiérrez —nacido en Tijuana pero afincado en Hollywood— ha recaudado en todo el mundo casi el doble de sus 50 millones de dólares de presupuesto. Además, ganó el Premio Annie 2014 al mejor diseño de personajes y fue candidato al Globo de Oro 2014 al mejor largometraje de animación, aunque se quedó fuera de la lucha por el Oscar.

Un Día de Muertos, un grupo de traviesos escolares visitan un Museo de Historia en una ciudad de Estados Unidos. Una hábil guía capta su atención en la sala dedicada a México relatándoles una de las leyendas del antiquísimo Libro de la Vida. Los chavales quedan así fascinados con la historia de Manolo —un bondadoso torero que quiere ser cantante— y el aguerrido militar Joaquín, dos amigos que compiten desde niños por el amor de María, una chica guapa, culta, independiente y de fuerte personalidad. Esa sana competencia se ve enturbiada por la apuesta en torno a ella que realizan dos antiguas deidades mexicanas, La Catrina, que gobierna la festiva Tierra de los Recordados —donde disfrutan los difuntos que reciben las evocaciones y oraciones de los vivos—, y Xibalba, señor de la desoladora Tierra de los Olvidados, donde malviven y pasean su tristeza los muertos de los que nadie se acuerda.

‘El libro de la vida’ tiene una gran virtud: no se parece a casi nada de lo que uno haya visto antes. Es cierto que Gutiérrez parece inspirarse en el cóctel de terror fantástico, humor negro y melodrama de películas como ‘Pesadilla antes de Navidad’ (1993) y ‘Los mundos de Coraline’ (209), ambas de Henry Selick; ‘La novia cadáver’ (2005), de Tim Burton y Mike Johnson, o ‘Frankenweenie’ (2012), de Burton en solitario. Pero el cineasta mexicano, aunque mantiene ese cóctel de géneros, lo extrema en todas las direcciones. Así, lleva el humor hasta el paroxismo, suaviza el terror con constantes estallidos de colorido y optimismo, y subraya el radical romanticismo de la historia con una antológica banda sonora de Gustavo Santaolalla, que integra a la perfección las tradicionales rancheras y tonadas mexicanas con pop, rock, tango, rap y hasta heavy metal. Elogio especial merecen las magníficas baladas pop ‘No Matter Where You Are’ —con versiones del matrimonio Us the Duo y de Diego Luna, Zoe Saldana y Plácido Domingo—, y ‘Live Life’, a cargo del dúo mexicano Jesse & Joy.

A alguno quizás le agote el ritmo trepidante de la película —que no da respiro al espectador—, o su abigarrado estilo visual —marcado por el horror al vacío y una iconografía hipermexicana, con mariachis, toreros, bandoleros, militares bigotudos…—, o el imaginativo diseño de los personajes, todos ellos articulados como marionetas de madera. Y quizás a otros les irrite su folclórica visión de la muerte y el más allá, en la que se mezclan elementos paganos y cristianos sin solución de continuidad y con una cierta tendencia al hedonismo carnavalesco. Pero, en realidad, el filme, además de divertido y entretenido, muestra con respeto el catolicismo del pueblo mexicano, exalta sin complejos muchas virtudes cristianas —la caridad, la lealtad, el perdón, el compromiso social, la igualdad del varón y la mujer, el respeto a la libertad, la oración por los difuntos, la unidad y el cariño familiar…— y, en cierto modo, por encima de La Catrina y Xibalba muestra a un singular Dios amoroso, que mantiene el equilibrio de las cosas. En fin, que a pasar de sus defectos, excesos y correcciones políticas —se defiende el toreo, pero sin que se mate al toro—, ‘El libro de la vida’ es una notable película de animación para todos los públicos. Eso sí, sus muchos toques macabros seguramente asusten a los más pequeños. J. J. M.

AVANTI POPOLO ** (4)

Director y guionista: Michael Wahrmann. Intérpretes: André Gatti, Carlos Reichenbach, Eduardo Valente, Paulo Rigazzi, Julio Martí. Drama. 72 min. Jóvenes-adultos.

Un silencioso anciano brasileño vive solo y amargado con un perro en su destartalada casa. Un día, llega su hijo André, un hombre también pasivo y taciturno, que se limita a recuperar y proyectar las películas en Super 8 que filmó su hermano durante la férrea dictadura militar de los años 70 del siglo pasado.

Esta sinopsis resume casi todo lo que ofrece este primer largometraje del uruguayo afincado en Brasil Michael Wahrmann, una tediosa película experimental que parece rescatada de un cineclub de segunda fila de la época en que Costa-Gavras era el cineasta a seguir. Aquí ni siquiera la protesta política se expresa con claridad y vigor, y se reduce a una fragmentada rememoración radiofónica de varias famosas canciones contestatarias de aquellos años —como ‘La muralla’, del grupo chileno Quilapayún— y alguna filmación casera con tropas desfilando.

Fuera de eso, los únicos alicientes de la trama son: un viaje del anciano durante el que el taxista le pone diversos himnos de todo el mundo —como el de Gambia—, la surrealista conversación de un ‘superochista’ con André sobre lo que él denomina Movimiento Dogma 2002 (sic) y la desaparición temporal del perro, supongo que porque estaría harto del desolador ejercicio de nostalgia y autoflagelación de sus amos. J. J. M.

SYRIA SELF-PORTRAIT. SILVERED WATER (Ma’a al-Fidda ) *** (6)

Directores y guionistas: Wiam Bedirxan y Ossama Mohammed. Música: Noma Omran. Documental. 93 min. Jóvenes-adultos.

Nacido en Lattakia, Siria, en 1954, Ossama Mohammed estudió en el Instituto de Cine de Moscú. Entre 1978 y 2002, escribió y dirigió películas como ‘Khutwa Khutwa’, ‘Stars in Broad’, ‘Sunduq al-dunyâ’ y ‘Ma’a al-Fidda’, en varias de las cuales denunciaba sutilmente el adoctrinamiento y la violencia del Partido Baas, liderado por el presidente Bashar al-Assad, al que Mohammed atribuye más de 150.000 muertes. En mayo de 2011, Mohammed se refugió en Francia, desde donde asistió impotente a la pasividad de la comunidad internacional ante la brutal represión con la que Al-Assad acalló la revolución que intentaron sus opositores durante la llamada Primavera Árabe.

Entonces, el cineasta se dedicó a recopilar desde París los centenares de vídeos que circulaban en la red sobre la guerra civil en Siria, la mayoría de ellos grabados con teléfonos móviles o cámaras de baja calidad. Así contactó vía email con Wiam Siam Bedirxan, una joven kurda, nacida y residente en la ciudad de Homs, donde las salvajadas de los seguidores del Partido Baas fueron especialmente crueles. Esta mujer —cuyo nombre significa “agua plateada” en kurdo— enviaba a Mohammed sus valiosas filmaciones por las ruinas de Homs, muchas de una violencia espeluznante y otras marcadas por un lirismo arrebatador en su doliente veracidad, sobre todo las centradas en un niño huérfano llamado Omar. Así, pensando en lo que filmaría Mohammed si estuviera en Homs, Wiam Siam Bedirxan se convirtió a distancia en codirectora de este filme singular, que reúne “mil y una imágenes grabadas por mil y un sirios”, como lo define el veterano cineasta.

Como es lógico, las tremendas filmaciones que ofrece esta película tienen un gran valor como testimonio gráfico de la tragedia de Siria y de los excesos del Partido Baas. Porque, además, Mohammed y Bedirxan no se regodean en los sangrientos pasajes de torturas, ejecuciones y tiroteos —algunos verdaderamente insoportables— y los compensan con una mirada exaltadora y poética de la lucha por la libertad y de la capacidad de sacrificio del pueblo sirio, muy bien subrayada por la música de Noma Omran, sobre todo cuando se mezcla con los disparos, gritos y lamentos de la gente. Quizás abusan de la voz en off y de ciertos simbolismos un poco crípticos; pero, en general, la película tiene una intensidad arrolladora. El problema es que este “autorretrato de Siria” —como lo define su director— seguramente padece una mirada demasiado parcial de la cruenta guerra civil que describe, pues elogia sólo a los rebeldes musulmanes, ni cita a los cristianos y demoniza sin matices al régimen de Bashar al-Assad, cuyo ejército ahora lucha a brazo partido contra los brutales yihadistas suníes del autoproclamado Estado Islámico (EI) del radical Abu Bakr al-Baghdadi, que van sembrando el terror y la barbarie a su paso. Sin duda, el filme habría ganado muchísimo si hubiera ampliado su perspectiva y se hubiera completado con filmaciones del último año. J. J. M.

  
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