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Orientación FamiliarEducar a niños de 6 a 12 años
Luis Albás Mínguez (Jul 03, 2013) Orientación Familiar
Si los niños han desarrollado convenientemente las virtudes de la obediencia, la sinceridad y el orden, en un ambiente sereno, alegre y en donde la confianza y el respeto mutuo son la moneda de cambio de las relaciones familiares, la tarea educativa continuará asentada en bases seguras y hábitos positivos. Se está en condiciones inmejorables para afrontar los nuevos retos que la evolución natural de su personalidad les ira presentando.

A partir de los seis años, la TV, el ordenador, los móviles y los amigos comienzan a ejercer sobre los niños una influencia que compite con la de los padres y profesores. Sin embargo, el papel de los educadores ha de estar orientado a lograr la maduración responsable de los hijos, de forma que vayan siendo progresivamente más autónomos y eficientes, construyendo sus propias actitudes, no por imposición de los adultos, ni por influencias ajenas al propio proyecto familiar del que queremos sean corresponsables, sino porque están descubriendo los valores que lo configuran y deciden hacerlos propios.

¿Qué puede aprender o hacer el niño partir de esta edad?

Es evidente que nuestros hijos necesitan seguir sintiéndose apoyados y seguros. Necesitan saber que “estamos ahí”, que no están solos ante un entorno contradictorio y, a veces, peligroso. Pero, necesitan, también, afianzar en ellos la confianza, la seguridad en sí mismos, para que tomen sus propias decisiones, advirtiéndoles que han de asumir las consecuencias de las mismas.

Muy importante, ahora que empiezan a desarrollar unos estudios formales, es que empiecen a reconocer y aceptar las normas, tareas y obligaciones correspondientes, pidiéndoles que las realicen con orden, esfuerzo y, sobre todo, que procuren hacerlo bien. Comienza así su educación para el trabajo, para que estudien para aprender y lo hagan lo mejor posible. No debe haber concesiones, ni por razones de cansancio, desde pequeños tienen que aprender a esforzarse, ni por creer que necesitan jugar más y esforzarse menos.

El estudio personal es, en sí mismo, un juego. Tiene sus reglas, requiere esfuerzo y se debe jugar hasta el final, aunque no les salgan las cosas a la primera. Si no se logra, habrá que volver a intentarlo de nuevo. Al superar las dificultades que les supone la realización de las tareas cotidianas, proporciona al niño un notable incremento de autoestima y seguridad en sí mismo. Para ello, conviene que sean ellos quienes aprendan a superar las dificultades. La ayuda debe ser la menor posible, dirigida a hacerles pensar y no a resolver y explicar aquello que, por sí mismos, esforzándose, pueden resolver.

Así mismo, a partir de los seis años, necesitan ir desarrollando su intimidad, por lo que habrá que respetar sus objetos personales y sus momentos de introversión. Esto incrementará su autoestima. Ahora bien, los padres debemos seguir estableciendo límites y normas claras. Sin ellas, nuestros hijos entenderán que son los dueños de su mundo y que, en todo caso, siempre estaremos nosotros para solucionar la papeleta. Deben tener claro que si son libres de emprender determinadas acciones, también deben ser conscientes de que habrán de asumir plenamente todos y cada uno de sus resultados.

Y, sobre todo, necesitan sentirse queridos, pero a “su estilo” sin, “quizás”, la profusión de manifestaciones de afecto físico (besos, abrazos) que en la etapa anterior eran tan corrientes y necesarias.

Normas, instrucciones y consecuencias

La primera y más importante consideración que hay que tener presente en la educación de nuestros hijos a estas edades es que tienen que aprender a respetar a los demás.

Y, para ello, deben saber que respetar es: aceptar y comprender, de forma rigurosa y profunda, las formas de vivir y de ver el mundo que tienen los demás. De este modo, aprenderán a no juzgar a los demás por su apariencia, forma de expresarse, de vestir… para centrarse en su forma de ser, con una actitud de escucha y atención receptiva. En consecuencia, tienen que acostumbrarse a suprimir juicios de valor basados en la diferencia de sexo, origen o condición social, etc. Sus consecuencias: considerar a los demás en pie de igualdad, evitar epítetos o adjetivos negativos basados en las diferencias y escuchar opiniones distintas a las nuestras sin menospreciar al que las emite.

Merece una mención especial el respeto que deben tener a padres y profesores. No miedo, sino respeto. El respeto se debe exigir, pero se obtiene con el ejercicio de la autoridad, correctamente ejercida.

Por último, tienen que aprender a renunciar a la fuerza física para hacer valer los propios derechos.

Normas, disciplina, castigos, consecuencias

Los padres tenemos que tener claras las siguientes consideraciones:

Que el cariño es perfectamente compatible con la disciplina. El hogar puede y debe aspirar a ser un escenario de felicidad.

Que las normas claras señalan al niño el margen que tienen de autonomía.

Que no existen ni “padres perfectos” ni “hijos exquisitos”. Sólo personas que conviven aceptando tanto sus cualidades como sus defectos.

Que sentirse culpable es inútil. Es incomparablemente más constructivo saber que se puede actuar mejor que en la forma como se obró.

Que el diálogo incluye la aceptación de los seres que más queremos (aunque sus sentimientos y opiniones no sean verdaderos ni buenos). Bajo esta premisa, cualquier tema es un aliciente para afianzar los lazos de comprensión, aprendizaje e influencia.

Que, por regla general, nadie actúa mal a propósito. Existen errores y enmiendas, consecuencias y, sobre todo, aprendizaje.

Que el equilibrio entre comprensión y exigencia es la base sobre la que se asienta una educación eficaz. Para ello se requiere dedicación y paciencia.

Ante el fenómeno de las drogas

Debemos saber que nuestros hijos suelen conocer la existencia de las drogas y que hay personas que las consumen. Por lo general, a estas edades adoptan una actitud de rechazo ante las drogas. Sin embargo, el consumo del alcohol y tabaco les ocupa y, a menudo, les preocupa.

La prudencia aconseja a los padres a ejercer una función “preventiva” ante estas cuestiones, aunque no debe constituirse en un elemento de comunicación aislado de otras facetas de la vida cotidiana de nuestros menores. Seguramente los padres tengamos que “abrir la brecha” de la comunicación sobre el tema de las drogas. También debemos estar preparados para situaciones en las que sean nuestros propios hijos quienes tomen la iniciativa.

Valores a desarrollar por nuestros hijos desde los 8 hasta los 12 años.

Los chicos de estas edades pasan por una serie de cambios de tipo biológico con la llegada de la pubertad, y parece conveniente desarrollar de un modo especial, la voluntad, para hacer más fuerte su propio carácter. Ahora, los hijos empiezan a tomar más decisiones personales, pero necesitan criterios para saber si se dirigen bien al objeto de su esfuerzo.

A estas edades todavía no son muy conscientes de su intimidad. En este sentido, se trataría de conseguir que los hijos sean perseverantes por la satisfacción de haber superado algún obstáculo. Es la edad de los retos (pero razonables). Y, como es muy consciente de las reglas de juego en relación con sus compañeros y en relación con los demás (padres, hermanos y profesores) sería conveniente estimular a los hijos a desarrollar las virtudes por sentido del deber, sin olvidarse de estimularles con algún ideal que valga la pena. Así, encontrarán la satisfacción de un esfuerzo de superación personal.

En las virtudes que señalamos a continuación hace falta el uso de la voluntad. Para conseguir vivirlas hará falta elevar la vista y no estar atado a unos intereses pobres, casi mezquinos. Por ello, esta es una edad clave para tirar hacia arriba, hacia la consecución de los bienes más nobles, humanos y sobrenaturales.

* Fortaleza: En situaciones ambientales perjudiciales a su mejora personal, soporta las molestias y se entrega con valentía en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades”.

* Perseverancia: “Una vez tomada una decisión, lleva a cabo las actividades necesarias para alcanzar lo decidido, aunque surjan dificultades internas o externas o pese a que disminuya la motivación personal a causa del tiempo transcurrido”.

* Laboriosidad: “Hace lo mejor posible las actividades necesarias para alcanzar su propia madurez, y ayuda a los demás a hacer lo mismo, en el cumplimiento de sus deberes.”

* Generosidad: “Actúa a favor de otras personas desinteresadamente, y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de dicha aportación para esas personas, aunque le cueste un esfuerzo”.

* Paciencia: “Una vez conocida o presentida una dificultad a superar, o algún bien deseado que tarda en llegar, soporta las molestias presentes con serenidad”.

* Responsabilidad: “Asume las consecuencias de sus actos intencionados, resultado de las decisiones que tome o acepte, de tal modo que los demás queden beneficiados lo más posible o, por lo menos, no salgan perjudicados”.

* Justicia: “Se esfuerza para dar a los demás lo que les es debido de acuerdo con el cumplimiento de sus deberes y de acuerdo con sus derechos como padres, ciudadanos, profesores, gobernantes, etc. e intenta que los demás hagan lo mismo”.

A medida que van pasando los años, en la pre-adolescencia y adolescencia, los jóvenes van a necesitar más razonamientos, mejores razones para cumplir con el esfuerzo que supone adquirir un hábito operativo bueno.

  
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