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OpiniónLa mediocridad, esa ruina
Redacción (NJ) (Mar 28, 2013) Opinión
El bajo nivel de exigencia educativa, hace de España un país sin expectativas. El Reino Unido goza de una clase dirigente que siempre respetará los ejes estratégicos de su ser: la tradición, el respeto y cariño a su monarquía, el afianzamiento económico con los países de su antiguo imperio y la defensa de lo que creen que es suyo en cualquier parte del mundo. Pero esa fuerza es consecuencia de la transmisión de ese credo desde los dirigentes a todos los ciudadanos.

La clase dirigente francesa se basa en la ENA (Escuela de Nacional de Administración), siempre tachada de elitista, cuando la élite, al alcance de cualquiera, consiste en estudiar y sobresalir, de nuevo los principios de mérito y capacidad. Es prácticamente imposible llegar a la categoría de director general en la Administración Pública sin pasar por la ENA. La clase dirigente francesa ha entendido perfectamente el mensaje de las derrotas mundiales y ha dicho basta. Ha optado por una energía nuclear más barata, ha modernizado el país y a pesar de los partidos políticos, Francia hoy es un referente.

La clase dirigente alemana ha sido capaz de construir un sistema social y económico y estratégico entre 1950 y 1980 muy sólido. El nivel de educación de los dirigentes económicos es superior al de los políticos en esta clase integrada que en general es muy alto. La dimisión de políticos en casos de corrupción por pequeña que esta sea es inmediata. Alemania siempre ha optado por el trabajo como mérito, no como castigo y asentándose en los principios de mérito y capacidad. Por ello es el motor de Europa.

¿Es España hoy un referente mundial, o europeo? Es imposible que lo sea. Nuestro país ha carecido de una clase dirigente con la formación y sentido estratégicos necesarios para saber conducir al país, debido a los pésimos dirigentes que hemos padecido, reyes, regentes, presidentes de repúblicas, dictadores o presidentes de Gobierno que, en general, han sobrepuesto sus intereses particulares o los de sus partidos políticos a los de la nación, por la ausencia total de estrategia nacional.

La mediocridad se ha impuesto como vía para llegar al poder en los partidos políticos que sólo viven de la ubre pública e incluso cuando abandonan el poder crean fundaciones que suelen tener escaso control público, para continuar viviendo de la ubre pública. La transparencia de lo público en los partidos no existe y cuando cualquier euro dimanante de un presupuesto público debería ser controlado, los partidos en un alarde de cinismo apartan del proyecto de ley de transparencia, por ahora, a los partidos y a los sindicatos. El acceso a la Administración Pública que ha consistido en una prueba (oposición) por lo general difícil pudiendo constituir una cantera de posibles dirigentes ha sido arrasada por el poder político permitiendo a los jóvenes (nuevas generaciones) ser contratadas sin prueba alguna simplemente porque el alcalde de un ayuntamiento es del mismo partido,(caso Carromero).

Los contratos de personal en las Administraciones cuando en ellas existen los cuerpos suficientes de funcionarios, han sido moneda de influencia política descarada e ilegal de los partidos políticos, lo que constituye un abuso y una malversación de fondos públicos. Así los políticos, sin formación alguna llegan a ser los dirigentes del país gobernando todos los ámbitos de la sociedad, eliminando la separación de poderes, lo que impide el control y de ahí la corrupción.

Lógicamente, el bajo nivel de exigencia en la formación educativa, hacen de España un país sin expectativas. La mediocridad se ha impuesto: las calles llenas de grafitis, los programas de televisión solo muestran la zafiedad de la sociedad, las tertulias radiofónicas y de televisión distribuyen opinión política por personas que sin ser peritos en nada sientan doctrina en cualquier tema. Mientras, ¿dónde están los grandes pensadores que puedan dirigir al menos coyunturalmente esta sociedad?, o no existen o están desaparecidos, apenas existen voces de la sociedad civil que pueden protestar por este deterioro. ¿Quién diseña las líneas estratégicas de nuestro país en educación, energía, relaciones internacionales, estructura de país, lengua etc.?

El presidente del Gobierno, que no se atreve a dar una explicación de lo que ocurre en el país, va a Perú y de las crónicas lo único que llega es que ha dicho “que ha visto grúas”, reminiscencias de su época de registrador por las posibles edificaciones, y como despedida da las gracias al gobierno cubano en lugar de al peruano confundiendo el prefijo de la retaguardia corporal. Finalmente, cuando llega a España nos asegura que de registrador ganaría más dinero que como Presidente; uno más que se sacrifica.

La mediocridad es consecuencia de la falta de estrategia de lo que queremos ser como país. Al carecer de esa estrategia nos inunda lo vulgar y mediocre en todos los ámbitos de la sociedad, y nos arruina como país, hasta que empecemos a decir basta ya.

*José Manuel Adán es economista.

  
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