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Historia SagradaHistoria de Job I
Ángel de Miguel (Dec 27, 2008) Historia Sagrada
Por el tiempo en que murió José vivía en la tierra de Hus, en Idumea, un descendiente de Esaú que se llamaba Job. Dios le había dado de todo lo que, desde el punto de vista de la felicidad humana puede desearse en la Tierra, pues se veía rodeado de numerosa familia, poseía inmensas riquezas, y su nombre era ilustre y famoso en todo Oriente. Gozaba en paz de todos estos bienes, dando gracias a Dios y viviendo con la mayor piedad y rectitud, cuando de repente se vio sumido en la mayor miseria.

“Érase una vez un hombre llamado Job, que vivía en el país de Us. Era u hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Tenía siete hijos y tres hijas. Poseía siete mil ovejas, tres mil camellos y quinientas yuntas de bueyes, quinientas burras y numerosos siervos. Era el más rico de toda la gente de Oriente. Sus hijos tenían por costumbre juntarse para comer en casa de uno de ellos, por turnos; y mandaban llamar a las tres hermanas para que comieran con ellos. Una vez acabados estos días de fiesta, Job los llamaba para purificarlos; al día siguiente, de madrugada, ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba que a lo mejor habían pecado maldiciendo a Dios en su interior. Siempre hacía lo mismo.

Un día en que los hijos de Dios fueron a presentarse ante Dios, apareció también entre ellos Satán. Dijo entonces Dios al Satán: “¿De donde vienes?”. El Satán respondió. “De dar vueltas por la tierra y pasearme por ella”. Dios replico al Satán. “Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” Respondió el Satán a Dios: ¿Te crees que Job teme a Dios por nada? ¿No ves que lo has rodeado de protección a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido sus actividades y sus rebaños se extienden por el país. Pero trata de poner la mano en sus posesiones; te apuesto a que te maldice a la cara” Contestó Dios a Satán. “De acuerdo. Métete con sus posesiones, pero no le pongas la mano encima”. Y el Satán salió de la presencia de Dios.

Un día en que sus hijos e hijas comían y bebían en casa de su hermano mayor, llegó un mensajero donde Job diciendo: “Estaban los bueyes arando y las burras pastando al lado, y de pronto han caído sobre ellos los sabeos y se los han llevado, después de haber matado a los siervos a filo de espada. Sólo yo he podido escapar para contártelo”. Todavía estaba éste hablando, cuando llego otro con el siguiente mensaje:” Ha caído del cielo fuego de Dios y ha pegado fuego y consumido a las ovejas y a los pastores. Solo yo he podido escapar para contártelo” Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro con el siguiente mensaje:”Los caldeos, divididos en tres grupos, se han echado sobre los camellos y se los han llevado, después de haber matado a los siervos a filo de espada. Solo yo he podido escapar para contártelo”. Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro con el siguiente mensaje: “ Tus hijos e hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor; de repente, un viento huracanado del otro lado del desierto ha embestido contra los cuatro ángulos de la casa, que se ha derrumbado sobre los jóvenes y han muerto. Sólo yo he podido escapar para contártelo. Se levanto Job, rasgó su manto y se rapó la cabeza; después cayó en tierra en actitud humillada y dijo:

Desnudo salí del seno materno
Y desnudo volveré a él.
Dios me lo ha dado
y Dios me lo ha quitado.
Bendito sea el nombre de Dios.

A pesar de todo, Job no pecó ni imputó nada indigno a Dios.

Un día en que los hijos de Dios fueron a presentarse ante Dios, apareció también entre ellos el Satán. Dijo Dios al Satán: “¿De donde vienes? “ Respondió: De dar vueltas por la tierra y pasearme por ella” Dios replicó al Satán “¿Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. A pesar de todo. Persevera en su integridad; y eso que me has incitado para que lo destruya sin motivo”. Contesto el Satán a Dios: “Piel tras piel. El hombre da por su vida todo lo que tiene. Pero trata de ponerle la mano encima, dáñalo en los huesos y en la carne; te apuesto a que te maldice a la cara” Respondió Dios al Satán: “Lo dejo en tus manos, pero respeta su vida”. El Satán salió de la presencia de Dios.

E hirió a Job con úlceras malignas, desde la planta del pie hasta la coronilla. Job se sentó en el polvo y cogió un cascote para arrancarse con él. Su mujer le dijo entonces: “¿Aún persistes en tu integridad? Maldice a Dios y muérete” Job le respondió: “Hablas como una necia. ¡Resulta que estamos dispuestos a recibir de Dios lo bueno y no lo estamos para recibir lo malo!”. A pesar de todo, Job no pecó con sus labios.

Tres amigos de Job se enteraron de la desgracia que le había sobrevenido y acudieron desde sus respectivos países. Eran Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamat. Los tres se pusieron de acuerdo para ir a compartir su pena y consolarlo. Al verlo de lejos no lo reconocieron. Empezaron entonces a llorar a gritos, rasgaron sus mantos y echaron polvo sobre sus cabezas. Se sentaron en el suelo a su lado durante siete días y siete noches, sin decirle una sola palabra, viendo su terrible dolor.” (Continuará)

  
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