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Historia SagradaJosé en Egipto
Ángel de Miguel (Sep 30, 2008) Historia Sagrada
José en casa de Putifar, eunuco del faraón y jefe de la guardia, llegó a ser un hombre afortunado. “Ganó su favor y entró a su servicio, y su señor le puso al frente de su casa y le confió todo cuanto tenía. Yahvé bendijo la casa del egipcio en atención a José, extendiéndose la bendición de Yahvé a todo cuanto tenía en casa y en el campo. El mismo dejó todo lo suyo en manos de José y, con él, ya no se ocupó personalmente de nada más que del pan que comía. José era apuesto y de buena presencia”.

La mujer de Putifar intentó, aunque sin conseguirlo, inducirle a obrar mal con ella y para vengarse de su resistencia le acusó falsamente a su marido, quién creyó a su mujer y metió a José en la cárcel, en el sitio donde estaban los detenidos del rey. “Y allí se quedó en presidio. Pero Yahvé asistió a José y lo cubrió con su misericordia, haciendo que se ganase el favor del alcaide. El alcaide confió a José todos los detenidos que había en la cárcel; todo lo que se hacía allí, lo hacía él. El alcaide no controlaba absolutamente nada de cuanto administraba José, ya que Yahvé le asistía y hacía prosperar todas sus empresas”.

Se hallaban en la misma prisión el copero y el repostero o panadero del faraón, y cada uno de ellos tuvo un sueño, que José les explicó. Al copero le dijo que en término de tres días se vería repuesto en su cargo; después anunció tristemente al panadero que, por el mismo tiempo, el faraón le haría crucificar, sirviendo su cuerpo de pasto a las aves; y las dos cosas se realizaron como José había predicho. Aunque el copero le había dado palabra de procurar su libertad, pues sabía que era inocente, una vez que hubo salido de la cárcel, no volvió a acordarse de José, que aún continuó encarcelado dos años.

“Al cabo de dos años, el faraón soñó que se encontraba a la vera del Río. De pronto salieron del Río siete vacas hermosas y lustrosas, que se pusieron a pacer en el carrizal. Pero resulta que detrás de aquellas salieron del Río otras siete vacas, de mal aspecto y macilentas, que se pararon junto a las otras vacas en la margen del Río. Y las vacas de mal aspecto y macilentas se comieron a las siete vacas hermosas y lustrosas. Entonces el faraón se despertó. Se volvió a dormir y soñó que siete espigas crecían en una misma caña, lozanas y buenas. Pero resulta que otras siete espigas flacas y asolanadas brotaron después de aquellas, y las espigas flacas devoraron a las siete lozanas y repletas. Despertó el faraón, y resultó que era un sueño”.

Aunque se recurrió a todos los adivinos de Egipto, ninguno de ellos tuvo capacidad suficiente para interpretar esos sueños; y sólo entonces fue cuando el copero se acordó de José y habló de él al faraón, quien mandó traerle a su presencia. José le dijo: Señor, vuestros dos sueñes significan una misma cosa. Las siete vacas gordas y las siete espigas llenas anuncian siete años de gran abundancia y fertilidad en toda la tierra de Egipto; y después vendrán otros siete de la más espantosa miseria, representados por las siete vacas y las siete espigas secas. En cuanto a la repetición del sueño por dos veces, es que el suceso está firmemente decretado por Dios.

Ahora pues, añadió José, busque el faraón un ministro inteligente y sabio que haga reserva de granos durante los años de abundancia, para que Egipto se vea libre del hambre cuando llegue el periodo de esterilidad y no perezca de hambre. –Tu mismo serás ese ministro, y todo mi pueblo te obedecerá, le dijo el faraón, comprendiendo que José estaba lleno del espíritu de Dios; y poniéndole su anillo en un dedo, le confirió el gobierno de todo Egipto. José tenía entonces treinta años. Al mismo tiempo le cambió el faraón su nombre de José por otro egipcio Safnat-Pa`neaj que significa “Dios dice que esté vivo”. (Hacia 1780 años a de Jesucristo).

Transcurrieron los siete años de hartura que hubo en Egipto y empezaron a llegar los siete años de hambruna, como había predicho José. La gente padecía hambre en todas las regiones; pero en todo Egipto abundaba el pan. Pero toda la tierra de Egipto acabó sintiendo hambre, y el pueblo clamó al faraón pidiendo pan. El faraón mando decir a toda la gente de Egipto: “Id a José: haced lo que él os diga”.

  
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