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Conocer el IslamDesaparición política de Al-Andalus
Mª Pilar Zaldívar (Aug 12, 2008) Conocer el Islam
Como es sabido, la presencia política del islam desapareció de las tierras hispanas con la entrega del reino de Granada a los Reyes Católicos en 1492. No obstante, esto no significa que los fieles de esta religión desaparecieran de la superficie peninsular, siguieron habitando en ella mientras se les toleró y aún después. Estos musulmanes, que pasaron a depender políticamente de los poderes cristianos, recibieron el nombre de mudéjares.

El vencido rey Boabdil no los abandonó a su suerte y se preocupó de defender sus derechos haciendo firmar a los monarcas católicos un documento en el que se estipulaba, entre otras cosas, que:

Que los moros podrán mantener su religión y sus propiedades. Que los moros serán juzgados por sus jueces bajo su ley, que no llevarán identificáis que delaten que son moros como las capas que llevan los judíos. Que no pagarán más tributo a los reyes cristianos que el que pagaban a los moros. Que podrán conservar todas sus armas salvo las municiones de pólvora. Que se respetará y no se tratará como renegado a ningún cristiano que se haya vuelto moro. Que los reyes sólo pondrán de gobernantes gente que trate con respeto y amor a los moros y si estos faltasen en algo serían inmediatamente sustituidos y castigados. Que los moros tendrán derecho a gestionar su educación y la de sus hijos.

Fuera del reino de Granada también hubo presencia mudéjar. Especialmente importante fue en el reino de Aragón, donde dio lugar a un estilo artístico que crearon los artesanos musulmanes poniendo su trabajo al servicio de las construcciones cristianas. Así se crearon importantísimas obras como la catedral de Teruel y muchas otras iglesias que hoy son patrimonio de la humanidad según declaración de la UNESCO.

Como señala Cruz Hernández, los musulmanes que vivían en España “llegaron a la idea implícita de que aquellas tierras eran suyas desde siempre” y “pese a su voluntad de conservar sus signos de identidad social, se sentían tan españoles como los `otros´ (...); lo que no comprendían era que aquellos `otros´ creyeron que el ser español entrañaba el ser cristiano viejo y no mostrar otras señales de identidad que las tradicionales de los reinos cristianos”.

Los Reyes Católicos iniciaron tempranamente una política de adoctrinamiento que fue encomendada a fray Hernando de Talavera, quien se convirtió en el primer arzobispo de Granada. Este hombre se preocupó de aprender árabe y de comprender las costumbres y creencias musulmanas, de modo que predicó el cristianismo de una manera tolerante y respetuosa tratando de ganarse a los musulmanes. Esto el valió el apodo de “el santo alfaquí”.

No obstante, los reyes católicos consideraron que sus avances eran demasiado lentos y decidieron encomendarle la tarea al cardenal Cisneros, quien empleo métodos mucho más violentos y nada respetuosos con la población musulmana. De esta manera, las amenazas y las torturas se convirtieron en moneda corriente.

Muchos fueron los musulmanes que se bautizaron y que fingieron abrazar el cristianismo, aunque en su fueron interno siguieron profesando la fe del islam. Estos son los llamados moriscos. Esta práctica es tolerada por la religión musulmana que, en el caso de que sus fieles vean peligrar su vida, sus bienes o la vida de sus allegados, pueden fingir no ser musulmanes con tal de que en el fondo de su corazón sigan profesando su fe sinceramente.

Los cristianos eran conscientes del fingimiento de muchas de estas conversiones y un historiador de la época, Luis de Mármol Carvajal, habla así de ellas:

...y si con fingida humildad usaban de algunas buenas costumbres morales en sus tratos, comunicaciones y trajes, en lo interior aborrecían el yugo de la religión cristiana, y de secreto se doctrinaban y enseñaban unos a otros en los ritos y ceremonias de la secta de Mahoma. Esta mancha fue general en la gente común, y en particular hubo algunos nobles de buen entendimiento que se dieron a las cosas de la fe, y se honraron de ser y parecer cristianos, y destos tales no trata nuestra historia. Los demás, aunque no eran moros declarados, eran herejes secretos, faltando en ellos la fe y sobrando el baptismo, y cuando mostraban ser agudos y resabidos en su maldad, se hacían rudos e ignorantes en la virtud y la doctrina. Si iban a oír misa los domingos y días de fiesta, era por cumplimiento y porque los curas y beneficiados no los penasen por ello.

Jamás hallaban pecado mortal, ni decían verdad en las confesiones. Los viernes guardaban y se lavaban, y hacían la zalá en sus casas a puerta cerrada, y los domingos y días de fiesta se encerraban a trabajar. Cuando habían baptizado algunas criaturas, las lavaban secretamente con agua caliente para quitarles la crisma y el oleo santo, y hacían sus ceremonias de retajarlas, y les ponían nombres de moros; las novias, que los curas les hacían llevar con vestidos de cristianas para recibir las bendiciones de la Iglesia, las desnudaban en yendo a sus casas y vistiéndolas como moras, hacían sus bodas a la morisca con instrumentos y manjares de moros...

  
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