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Conocer el IslamLa taifa de Zaragoza
Mª Pilar Zaldívar (Jun 26, 2008) Conocer el Islam
La crisis del califato llevó a una guerra civil que enfrentó a los andalusíes entre sí y que terminó con la fragmentación del estado y la aparición de los reinos de taifas, que pasaron a ser gobernados por beréberes, antiguos aristócratas locales muladíes o árabes, según los casos. Zaragoza quedó en manos de Mundir I, perteneciente a la familia árabe de los Tuyibíes, que había ido escalando posiciones desde la época de Almanzor. Los Tuyibíes ocuparon el trono zaragozano durante tres generaciones.

Durante este periodo fueron objeto de hostilidades no sólo por parte de sus vecinos cristianos encabezados por Sancho el Mayor de Navarra, sino también por algunos de sus parientes que habían sido relegados del poder.

En este contexto, los toledanos intentaron hacerse con el control de la taifa, pero se les adelantó el gobernador de Lérida, Sulayman ben Hud, quien se apoderó del solio zaragozano e instauró una nueva dinastía: la de los Banu Hud, que ocupó el poder entre 1039 y 1110. Esta familia, al igual que la de los Tuyibíes, era de origen árabe pero estaba plenamente asentada en al-Andalus, ya que llegó en el siglo VIII.

Sulayman otorgó el gobierno de diversos territorios a cada uno de sus cinco hijos: Lérida a Yusuf, Huesca a Lope, Tudela a Mundir, Calatayud a Muhammad y Zaragoza a Ahmad. Todos ellos se hicieron fuertes en sus posesiones y acuñaron moneda en señal de soberanía.

Cuando murió Sulayman y Ahmad heredó el trono, consiguió someter de nuevo a sus hermanos, sólo Yusuf se resistió en Lérida hasta 1078, año en el que fue hecho prisionero.

El reinado de Ahmad fue el más próspero para la taifa de Zaragoza. Sus territorios se ampliaron y llegaron hasta Tortosa y Denia. Zaragoza se convirtió en una de las taifas más importantes de la Península. Los cristianos empezaron a percibirla como una amenaza y, en 1064, decidieron plantarle cara.

En ese año, el papa Alejandro II predicó lo que algunos han dado en llamar la “primera cruzada” de la historia, ya que convocó a caballeros cristianos a luchar contra la taifa zaragozana con el propósito de arrebatarle la ciudad de Barbastro, principal plaza fuerte del norte y foco económico de importancia.

Los cristianos lograron su objetivo, pero el rey de Zaragoza reaccionó con prontitud y, un año más tarde, ayudado de un ejército que había sido reclutado por todo al-Andalus, consiguió recuperar la plaza y ganarse un gran prestigio que le permitió adoptar el título con el que ha pasado a la Historia: “Al-Muqtadir billah” (el Poderoso gracias a Dios).

Al-Muqtadir fue el constructor del palacio de la Aljafería, que se convirtió en una manifestación de su poder y en un centro cultural que atrajo a muchos intelectuales de la época.

En sus últimos años de vida, contrató como mercenario a Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, que había sido desterrado de Castilla por Alfonso VI.

  
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