Espacio disponible para su publicidadNoticias Jóvenes  

  Octubre  
2
  Domingo  
   

Consejo de la Juventud de Zaragoza

MisMontes.com

AupaZaragoza.com

Iglesia en Zaragoza (Hoja Diocesana)

Espacio Disponible para su PUBLICIDAD 976 274426

  
Colonias de Verano Ánade en el Pirineo Aragonés para chicos y chicas de 7 a 17 años - ABIERTA LA INSCRIPCIÓN VERANO 2021

Historia SagradaInfancia de José
Ángel de Miguel (Jun 10, 2008) Historia Sagrada
Tenía Jacob un cariño particular a su hijo José, nacido en su vejez. Cuando José tenía diecisiete años, siendo un muchacho todavía, estaba de pastor de ovejas con sus hermanos, con los hijos de Bilhá y los de Zilpá, mujeres de su padre. José comunicó a su padre lo mal que se hablaba de ellos. Israel (Jacob) le había hecho una túnica de manga larga. Al darse cuenta sus hermanos que su padre le prefería a todos sus otros hijos, llegaron a aborrecerle, hasta el punto de no poder ni siquiera saludarle. José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos, quienes le odiaron más aún. Les dijo: “Oíd el sueño que he tenido. Resulta que estábamos nosotros atando gavillas en el campo, cuando de pronto mi gavilla se levantó y se puso derecha, mientras que vuestras gavillas le hacían rueda y se inclinaban hacia la mía.” Sus hermanos le dijeron: “¡Será que vas a reinar sobre nosotros o que vas a tenernos domeñados?” Así que acumularon todavía mas odio contra él por causa de sus sueños y de sus palabras.

Después tuvo otro sueño, que contó también a sus hermanos. Les dijo: 2 He tenido otro sueño: Resulta que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.” Se lo contó a su padre y a sus hermanos. Su padre le reprendió: “¡Que sueño es ése que has tenido? ¡Es que yo, tu madre y tus hermanos vamos a ir a inclinarnos por tierra ante ti?” Sus hermanos le tenían envidia; su padre, en cambio, reflexionaba.

En una ocasión fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquén. Dijo Israel a José: “Mira, tus hermanos están pastoreando en Siquén. Ve di parte a donde ellos.” Respondió José: “Estoy listo.” Le dijo su padre. “Anda vete a ver si tus hermanos y el ganado siguen sin novedad, y tráeme noticias.” Lo envió desde el valle de Hebrón, y José se dirigió a Siquén. José fue detrás de sus hermanos y los encontró en Dotán.

Ellos lo vieron de lejos y, antes de que se les acercara, conspiraron contra él para matarlo. Comentaban entre ellos. “Por ahí viene el soñador. Vamos a matarlo y lo echaremos a un pozo cualquiera. Después diremos que algún animal feroz lo ha devorado. Veremos entonces en qué paran sus sueños.” Rubén lo oyó y pensó en el modo de librarle de sus manos. Dijo. “No atentemos contra su vida.” Y añadió. “No cometáis un asesinato. Echadle a ese pozo que hay en el páramo, pero no pongáis la mano sobre él.” Su intención era salvarlo de sus hermanos para devolverlo a su padre. Entonces, cuando llegó José donde sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica –aquella túnica de manga larga que llevaba puesta-, lo sujetaron y lo arrojaron al pozo. (Era un pozo vacío, sin agua.) Luego se sentaron a comer.

Al alzar la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, con camellos cargados de almáciga, sandáraca, y ládano, que bajaban hacia Egipto. Entonces dijo Judá a sus hermanos. ¿Qué sacamos con asesinar a nuestro hermano y tapar luego su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas. Y mejor no ponerle la mano encima, porque es nuestro hermano, carne nuestra.” Sus hermanos asintieron. Pasaron unos madianitas mercaderes que, al descubrir a José, lo sacaron del pozo. Vendieron a José por veinte piezas de plata a los ismaelitas, que se llevaron a José a Egipto. Al volver Rubén al pozo, resulta que José no estaba en él. Rasgó sus vestiduras y, volviendo donde sus hermanos les dijo: “El muchacho no aparece ¡Que hago ahora yo?”

Entonces tomaron la túnica de José y, degollando un cabrito, tiñeron la túnica en sangre (la túnica de manga larga) y la hicieron llegar hasta su padre con este recado: “Esto es lo que hemos encontrado: mira a ver si se trata de la túnica de tu hijo, o no.” El la examinó y dijo: “¡Es la túnica de mi hijo! ¡Algún animal feroz lo ha devorado! ¡José ha sido despedazado!” Jacob (Israel) desgarró su vestido, se echó un sayal a la cintura e hizo duelo por su hijo durante muchos días. Todos sus hijos e hijas acudieron a consolarle, pero él rehusaba el consuelo y decía. “Voy a bajar en duelo al Seol, donde mi hijo.” Su padre le lloró.

Por su parte, los medianitas, llegados a Egipto, lo vendieron a Putifar, eunuco del faraón y capitán de la guardia.


  
BUSCAR EN NJ: