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Historia SagradaEsaú y Jacob
Ángel de Miguel (May 16, 2008) Historia Sagrada
Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel. Ella concibió mellizos en su vientre y en el momento del parto “Salió el primero rubicundo todo él, como una pelliza de Zalea y le llamaron Esaú. Después salió su hermano, cuya mano agarraba el talón de Esaú, y se llamó Jacob”. Crecieron los muchachos. Esaú llegó a ser un cazador experto, un hombre montaraz, y Jacob un hombre muy casero. Isaac quería a Esaú, porque le gustaba la caza, y Rebeca quería a Jacob. Esaú era el mayor y, según costumbre entre los patriarcas, tenía derecho a la bendición paterna que debía constituirle cabeza de familia y heredero de las promesas hechas a Abraham.


“Una vez, Jacob había preparado un guiso. En esto llegó Esaú del campo, agotado. Dijo Esaú a Jacob: “Oye, dame a probar de lo rojo, de ese rojo, porque estoy agotado”. Respondió Jacob. “Véndeme ahora mismo tu primogenitura” Contestó Esaú: “Estoy que me muero.¿Que me importa la primogenitura?” Dijo Jacob: “Júramelo ahora mismo” El se lo juró, vendiendo así su primogenitura a Jacob. Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas. Tras haber comido, se levantó y se fue. Así desdeñó Esaú la primogenitura.”

“Isaac había envejecido y ya no veía bien por tener debilitados sus ojos. Un día llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo. “¡Hijo mío!” El respondió: “¿Qué deseas?” “Mira, dijo me he hecho viejo e ignoro el día de mi muerte. Así que toma tus saetas, tu aljaba y tú arco; sal al campo y me cazas alguna pieza. Luego me haces un guiso suculento, como a mi me gusta, y me lo traes para que lo coma, a fin de bendecirte antes de morir” Pero Rebeca estaba escuchando la conversación de Isaac con su hijo Esaú. Esaú salió al campo a cazar alguna pieza para su padre. Entonces Rebeca dijo a su hijo Jacob: “Acabo de oír a tu padre hablando con tu hermano Esaú. Le estaba diciendo que le trajera caza y le hiciera un guiso suculento para comerlo, y después bendecirle delante de Dios antes de morir. Pues bien, hijo mío, haz caso de mi recomendación. Ve al rebaño y tráeme de allí dos cabritos hermosos. Yo haré con ellos un guiso suculento para tu padre, como a él le gusta. Después se lo presentas a tu padre para que se lo coma, y luego te bendiga antes de morir”.

Jacob contestó a su madre Rebeca: “¡Pero si mi hermano Esaú es velludo, y yo soy lampiño! ¡A ver si me palpa mi padre y le parece que estoy mofándome de él! ¡Entonces me habré buscado una maldición en vez de una bendición!” le dijo su madre: “que caiga sobre mí tu maldición, hijo mío! Tú obedéceme y basta; ve y me lo traes” Jacob fue a buscarlos y los llevó a su madre, que hizo un guiso suculento, como le gustaba a su padre. Después tomó Rebeca ropas de Esaú, su hijo mayor, las más preciosas que tenía en casa, y vistió con ellas a Jacob, su hijo pequeño. Luego, con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y la parte lampiña del cuello, y puso el guiso y el pan que había hecho en las manos de su hijo Jacob.

Este entró adonde su padre y dijo “¡Padre!” El respondió: “Aquí estoy;” “¿Quién eres hijo?” Jacob dijo a su padre. “Soy tu primogénito Esaú. He hecho como dijiste. Anda, levántate, siéntate y come de mi caza, para que me bendigas” Dice Isaac a su hijo: “¡Que listo has andado en hallarla, hijo!” Respondió: “Es que Yahvé, tu Dios me la puso delante” Dice Isaac a Jacob: “Acércate, que te palpe, hijo, a ver si realmente eres o no mi hijo Esaú” Jacob se acercó a su padre Isaac, que le palpó y dijo: “La voz es la de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú” Y no lo reconoció, porque sus manos estaban velludas, como las de su hermano Esaú. Luego se dispuso a bendecirlo. Dijo pues: “¿Eres tú realmente mi hijo Esaú?” Respondió: “El mismo” Dijo entonces: “Acércamelo, que coma de la caza, hijo, para que pueda bendecirte” Le acercó la caza y comió, le trajo también vino, y bebió. Luego le dice su padre Isaac: Acércate y bésame hijo” El se acercó y le besó, y al aspirar Isaac el aroma de sus ropas, lo bendijo diciendo:

“Es el aroma de mi hijo
como el aroma de un campo
que ha bendecido Yahvé.
¡Pues que Dios te dé el rocío del cielo
y la grosura de la tierra,
cantidad de trigo y mosto!
Que te sirvan pueblos
Y te veneren naciones,
sé señor de tus hermanos
y que te veneren los hijos de tu madre.
¡Quien te maldijere, maldito sea,
y quien te bendijere, sea bendito!”

Así que hubo concluido Isaac de bendecir a Jacob, y justo cuando acababa de salir Jacob de la presencia de su padre Isaac, llegó su hermano Esaú de su cacería. Preparó también el un guiso suculento y, llevándoselo a su padre, le dijo: “Levántate, padre, y come de la caza de tu hijo, para que puedas bendecirme” Le dice su padre Isaac:” “¿Quien eres tu?” Contestó: “Soy tu hijo primogénito Esaú” A Isaac le entró un temblor fuerte, y dijo: “Pues entonces, ¿Quién es uno que ha cazado una pieza y me la ha traído? Porque de hecho yo he comido antes de que tu vinieses, y le he bendecido, y bendito está.” Al oír de su padre esas palabras lanzó un grito agudo y amargo, y dijo a su padre.” Bendíceme también a mi padre mío!” Le respondió: “ha venido astutamente tu hermano y se ha llevado tu bendición.” Dijo Esaú: “Con razón se llama Jacob, pues me ha suplantado dos veces: se llevó mi primogenitura y ahora se ha llevado mi bendición.” Y añadió “¿No has reservado ninguna bendición para mí?” Respondió Isaac a Esaú: “Pues le he establecido como señor tuyo, le he dado por siervos a todos sus hermanos. Además le he abastecido de trigo y vino. Entonces, ¿que puedo hacer por ti hijo mío?” Dijo Esaú a su padre: “¿Es que tu bendición es única padre mío? ¡Bendíceme también a mí, padre mío!” Isaac guardó silencio y Esaú alzó la voz y rompió a llorar. Su padre Isaac le dijo por respuesta:

“Lejos de la grosura de la tierra
será tu morada
y lejos del rocío que baja del cielo.
De tu espada vivirás
y a tu hermano servirás.
Mas luego, cuando te hagas libre,
partirás su yugo de sobre tu cerviz”


Esaú se enemistó con Jacob a causa de la bendición que le había dado su padre. Y tuvo tal resentimiento y odio contra su hermano, que llegó a proferir amenazas de muerte contra él. Alarmada su madre Rebeca, aconsejó a Jacob a que se fuese a Harán de Mesopotamia, a casa de su tío Labán.




  
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