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Historia SagradaSacrificio de Abraham
Ángel de Miguel (May 07, 2008) Historia Sagrada
Queriendo el Señor probar la fe y obediencia de Abraham, le dijo: “¡Abraham, Abraham!” El respondió “Aquí estoy” Después añadió: “Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécelo allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga”. Abraham se levantó de madrugada, aparejó su asno y tomo consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios. Al tercer día levantó Abraham los ojos y vio el lugar desde lejos. Entonces dijo Abraham a sus mozos: “Quedaos aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allí, haremos adoración y volveremos donde vosotros”.

Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. Dijo Isaac a su padre Abraham: “¡Padre!” Respondió “¿Que hay hijo?” – Aquí esta el fuego y la leña, pero ¿donde esta el cordero para el holocausto?” “Dijo Abraham: “Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.” Y siguieron andando los dos juntos. Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí el altar y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo y lo puso sobre el ara, encima de la leña. Alargó Abraham la mano y tomo el cuchillo para inmolar a su hijo. Entonces le llamó el Ángel de Dios desde el cielo: “¡Abraham, Abraham!” El dijo “Aquí estoy” Continuó el Ángel: “No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu único hijo”.

Alzó Abraham la vista y vio un un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomo el carnero y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a aquel lugar “Dios provee”, de donde se dice hoy en día: “En el monte Dios se aparece” El Ángel de Dios llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo y le dijo: “Por mi mismo juro, oráculo de Dios, que por haber hecho esto, por no haberte negado a tu único hijo, yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos. Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz”. Volvió Abraham al lado de sus mozos y emprendieron la marcha, juntos, hacia Berseba. Abraham se quedó en Berseba.

Cuando Isaac se hallaba en estado de casarse, envió Abraham a su criado Eliecer a Mesopotamia para que buscara, entre su propia familia, la esposa destinada a su hijo, pues no quería que se enlazase con las gentes idólatras del país donde residía. Marchó Eliécer, y al llegar a Harán encontró a Rebeca que estaba sacando agua de un pozo, y supo por ella que era hija de Batuel, y nieta de Nacor, hermano de Abraham. Viendo en esa joven la compañera que el Señor destinaba al hijo de su amo, hizo magníficos regalos a sus padres y a ella misma, y se la llevó consigo al país de Canaán, donde contrajo matrimonio con Isaac.

Abraham vivió ciento setenta y cinco años. Abraham murió, pues, en buena ancianidad, viejo y lleno de días, y fue a juntarse con su gente. Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpelá, al borde de la finca de Efrón, hijo de Sojar, el hitita, enfrente de Mambré. Era la finca que Abraham había comprado a los hijos de Het. Allí fue sepultado Abraham con su mujer Sara. Después de la muerte de Abraham, bendijo Dios a su hijo Isaac, que se estableció en las inmediaciones del pozo de Lajay Roí. La fe en las promesas de Dios era la virtud distintiva y característica de Abraham, y por ella mereció ser llamado Padre de los creyentes.

Después de la muerte de su padre recibió también Isaac la seguridad de que todas las naciones de la tierra serían benditas en aquel que descendería de él, y que su posterioridad, numerosísima como las estrellas del cielo, poseería la tierra de Canaán.

  
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