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Historia SagradaEl Diluvio
Ángel de Miguel (Apr 04, 2008) Historia Sagrada

Los descendientes de Set se mezclaron con los de Caín y acabaron por entregarse, como ellos, a toda clase de excesos. Tan impío y corrompido llego a ser el género humano que el Señor, según dice la Escritura, se enfadó y arrepintió de haber creado al hombre, y resolvió exterminarlo por medio de un diluvio universal. En medio de tanta corrupción, hubo una familia –la de Noé-, que se conservó justa y buena. Dios, por tal motivo, quiso librarla del exterminio que pensaba enviar a la tierra.

Un día hablo Dios a Noé y le dijo: Voy a inundar la tierra con un diluvio, para que perezca todo lo que respira bajo el cielo. Al mismo tiempo, le ordenó construir un arca o barco grande de madera, conforme a las medidas que le indicó. Noé obedeció la orden del Señor. Durante los cien años que duró la construcción de tan enorme navío, no ceso de amonestar a los hombres que hiciesen penitencia de sus muchísimos y graves pecados. Pero nadie le hizo caso. Todos se burlaron de los consejos de Noé.

Cuando llegó el momento del terrible castigo, dijo Dios a Noé: “Entra en el arca con toda tu familia, ya que tú sólo has sido hallado justo ante mí, y encierra también en ella parejas de todos loas animales. Tu mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida a ti y a ellos” Así lo hizo Noé. Ejecutó todo lo que le había mandado Dios. Entró Noé en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, para salvarse de las aguas del diluvio. A la semana, las aguas del diluvio se precipitaron sobre la tierra. Las compuertas del cielo se abrieron; y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. Las aguas cubrieron la tierra y crecieron tanto que hasta las montañas más elevadas quedaron sumergidas bajo aquel inmenso mar, sobre el que flotaba la gigantesca nave.


Al cabo de cinco meses comenzaron a bajar las aguas, y al séptimo mes se paró el arca en el monte Ararat, de la Armenia. Esperó Noé tres meses más y, abriendo entonces la ventana del arca, soltó el cuervo, que no volvió a ella. Siete días después dejó marchar la paloma, que volvió por la tarde, llevando en su pico una ramita de olivo. A pesar de que las aguas se habían retirado, estaba la tierra demasiado húmeda todavía para poder habitarla, y sólo doce meses después del principio del diluvio fue cuando Noé, obedeciendo a nueva orden de Dios, salió del arca con su familia y todos los animales que había encerrado en ella.

El arca de Noé era la figura, representación o símbolo de la Iglesia, fuera de cual nadie puede salvarse. Al salir del arca se apresuró Noé a levantar un ara o altar para ofrecer al Señor un sacrificio en acción de gracias. Lo aceptó Dios con agrado y bendijo al Patriarca e hijos, diciéndole: Creced, multiplicaos y llenad la tierra. También dijo Dios a Noé: y a sus hijos: “He pensado establecer mi alianza con vosotros y con vuestra futura descendencia, y también con todo ser vivo que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. Establezco mi alianza con vosotros; nunca más volverá a ser aniquilada la vida por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.

Dijo Dios:” Esta es la señal de la alianza que establezco para futuras generaciones entre yo y vosotros y todo ser vivo que os acompaña: Pongo mi arco en las nubes, que servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. Cuando yo anuble con nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y todo ser vivo. Ya no habrá más aguas diluviales que exterminen la vida. Pues en cuanto aparezca el arco en las nubes, yo lo veré y me acordaré de la alianza perpetua entre Dios y todo ser vivo, toda la vida que existe sobre la tierra.”

El arco iris que apareció fue la señal de esta alianza y como prenda de las promesas del creador. Todavía vivió Noé 350 años, y murió a los 950.

  
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