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Educación y FamiliaEl Sentido común y la prudencia
Miguel Ángel Albás (Feb 22, 2008) Educación y Familia
El sentido común es esa capacidad de pensar, de razonar, que los hombres poseemos, en mayor o menor grado. El diccionario de la RAE, textualmente, sobre el sentido común dice: facultad, que la generalidad de las personas tiene de "juzgar razonablemente de las cosas". Esa capacidad, como todas, puede aumentar o disminuir y ello sucede, en función del uso que hacemos de la misma. Si no la utilizamos se atrofia, y al contrario, si nos acostumbramos a pensar, a reflexionar frecuentemente, va creciendo y haciéndose, no sólo mas grande, con mayor amplitud, sino que también, se hace mas precisa, mas aguda y penetrante. De otra parte, el pensar alienta los deseos de saber, de conocer, de alcanzar la sabiduría y ello estimula nuestro afán de aprender, en definitiva nuestro interés por el estudio.

Además, pensar hace posible el valor de la prudencia. Ya que la razón, ordena rectamente nuestro obrar y, facilita la elección de los medios que nos conducen a nuestra perfección o, realización personal. Etimológicamente deriva del latín prudentia, que está vinculada con providentia, ver desde lejos. Determinar el fin que se intenta, ordenando a él los medios oportunos y, prever las consecuencias, constituye una de las partes integrantes de esta virtud.

Este valor, reside en la razón. Como “recta razón en el obrar”, la prudencia es un conocimiento que tiene por fin tomar decisiones. La prudencia tiene por misión regular y dirigir el obrar. Por ello, el que posee y utiliza el sentido común -prudencia- antes de obrar, indaga; después según lo averiguado, juzga y luego, decide.

Por eso, la prudencia requiere conservar una buena memoria, que recuerde los hechos y acontecimientos, tal como sucedieron en la realidad, sin distorsiones afectivas o de interés. ¡Es tan fácil manipular el pasado! También necesita de una percepción clara de la realidad concreta y de las actuales circunstancias, para que la decisión práctica sea oportuna y realista. Por otra parte, conscientes, de que no lo sabemos todo, la prudencia exige saber preguntar e informarse. Es decir, buscar consejo de quien esté capacitado para ello. Si tenemos que actuar ante algo que nos resulta sorprendente e inesperado se pide de la prudencia que sea objetiva. Las viejas recetas ya no sirven, pero eso no quiere decir que tengamos que caer en el relativismo. A nuevos tiempos, nuevas recetas. Y por último el sentido común, es decir el buen uso de la razón para juzgar los casos particulares. La prudencia necesita del buen razonamiento, para poder aplicar rectamente los principios universales a los casos particulares, que son variados e inciertos.

La prudencia también requiere la previsión, que consiste en ver de lejos y anticiparse a los sucesos, no basta decir que “prevé las consecuencias de un hecho (ya lo decía yo); es preciso que proporcione al hombre los medios necesarios para que alcance su fin”. Así como es propio de la previsión descubrir lo que es conveniente para el fin, la prudencia nos exige mirar alrededor de nosotros y considerar si ello, es conveniente a ese fin, dadas las actuales circunstancias. Finalmente es necesaria la precaución, para elegir los bienes y evitar los males y los obstáculos exteriores, que puedan impedir la efectiva realización del fin. Todo ello son aspectos de un mismo hecho: reflexionar, pensar.

Todo esto, que parece tan complicado y técnico, no es otra cosa, que aplicar el sentido común a nuestro actuar, para alcanzar así, el fin que nos es natural y nos hemos propuesto. Dicen, que el sentido común es -cada vez más- el menos común de los sentidos, y ello se debe a que pensamos menos, reflexionamos menos, y por tanto, actuamos de manera imprudente.

De manera bien intencionada y movidos por los mejores y más fuertes sentimientos, actuamos decididamente pero, nuestros actos nos llevan al fracaso, y en ocasiones, a hacer daño a las personas que más queremos. Precisamente, por quererlas tanto, olvidamos el sentido común. Se impone pensar más para ser más prudentes.

  
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