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TelevisiónSuecia gana Eurovisión y España queda en 21 posición
Fuente El Mundo (May 24, 2015) Televisión
Suecia se ha proclamado ganadora de la 60 edición del Festival de Eurovisión, después de protagonizar con Rusia un apretado duelo en las votaciones. El sueco Mans Zelmerlöw, con su canción Heroes, ha logrado 365 puntos, mientras que la rusa Polina Gagarina, se ha quedado finalmente en segunda posición con 303 puntos. Por su parte, España ha terminado en la posición 21 con 15 puntos.

Finalmente, a pesar de que su actuación fue muy aplaudida en el Weiner Stadthalle de Viena, Edurne sólo ha logrado quedar por delante de cinco países con su canción Amanecer. Los puntos para la representante de España han llegado desde Francia (5), Portugal (3), Montenegro (2), Moldavia (1), Azerbayán (1), Suiza (1), Israel (1) y Rusia (1).

Mientras, los puntos de España han ido para: Italia (12), Rusia (10), Suecia (8), Australia (7), Bélgica (6), Rumanía (5), Letonia (4), Estonia (3), Noruega (2) e Israel (1).

Edurne prometía un amanecer para España. En una lluviosa Viena, representó encapuchada una pietà, se desprendió de uno de sus dos vestidos y plantó voz y pierna en Eurovisión, festival por el que luchó hasta con el bailarín de su combativa coreografía. El escenario del Wiener Stadthalle celebró el 'ieieo' de una canción en castellano, grito de guerra para una audiencia potencial de más de 100 millones de personas.

El sueco Mans Zelmerlöw ejecutó con precisión la puesta en escena más televisiva de la gala con su contundente Heroes. En esta noche de votaciones, tanto o más ensayadas estaban las muecas de gratitud de la rusa Polina Gagarina, que se presentó inmaculada en A million voices para vencer las reticencias de los eurofans. Éstos tienen pocas ganas de poner a prueba la legislación de ese país al respecto de las manifestaciones gays. Los tres tenorcitos italianos de Il volo, crecidos gracias a su Grande amore, cerraron una final disputada por 27 países.

La televisión austriaca ORF inauguró la retransmisión con la última ganadora por los aires. Conchita, suspendida de un cable, abogaba por elevar más aún el listón eurovisivo de lo extravagante. La eslovena, primera sobre el escenario, actuó con los cascos puestos, como si hubiera olvidado quitárselos absorta ante el insólito planeo de una mujer barbuda. Para muchos espectadores, el asombro se redobló al aparecer Australia. Los oceánicos querían aprovechar los 15.000 kilómetros de viaje. Guy Sebastian, consagrado por aquellos lares, se reveló como el novio ideal de la audiencia europea.

El israelí, benjamín del certamen con 16 años, se despendoló descamisado, tan libre como en el convite de una boda. En un festival rebosante de baladas, suyo fue el tema más bailado entre las 11.000 personas del público. Otro joven, el belga, restregó su ritmo pegajoso hasta por el suelo. Como la gala duraba tres horas y media, dio tiempo a que aparecieran criaturas como la inclasificable letona Aminata, en clave electrónica propia del mejor after vienés. Los excesos inherentes a la noche incluyeron hasta un piano en llamas, el de la candidatura austriaca, liderada esta vez por un barbudo estándar.

Las divas se ciñeron a los cánones, como la griega Maria Elena Kyriakou, tan correcta, melena al viento, que se postula como reemplazo ideal de Yanis Varufakis en las negociaciones continentales. Por suerte, la serbia Bojana Stamenov, con todos sus quilos, encendió al pabellón.

Los rumanos de Voltaj apelaron a los sentimientos, con una canción que versa sobre compatriotas repartidos por el mundo que envían dinero (sustitúyase por votos) a sus hijos (sustitúyase por representantes en Eurovisión). La cantante polaca, en silla de ruedas por un accidente, insertó imágenes de los tiempos en los que caminaba. Más emocionales si cabe, los armenios se hincharon a repetir No lo niegues, no tan velada referencia al genocidio de su pueblo.

En un festival bien provisto de público homosexual -estos días en Viena hasta los semáforos para peatones muestran parejas del mismo sexo-, predominó el tándem chico-chica sobre el escenario. Los lituanos se besaron, así como sus dos bailarines y sus dos bailarinas. Estonios y noruegos acariciaron el hit pop rock de calidad del festival, tras la estela de la Holanda del año pasado. Los británicos, por el contrario, revindicaron su pasión... por lo kitsch. El electro swing no encuentra hueco ni siquiera en un festival tan amplio como Eurovisión. Brillaron sólo por sus trajes luminosos.

  
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