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InternacionalArabia Saudí revisa su ofensiva en Yemen
Redacción (NJ) (Apr 07, 2015) Internacional
Los rebeldes chiíes siguen avanzando en Adén, último bastión del Gobierno del presidente Abdu Rabu Mansur Hadi, mientras que la situación humanitaria es dramática en esta ciudad estratégica para el control de Yemen. En Adén no hay agua corriente ni luz, escasean los alimentos y los suministros médicos, debido a que la ciudad se encuentra prácticamente aislada desde hace días por los combates, que están dejando a decenas de víctimas civiles.

La batalla por el control de la última ciudad en manos de las fuerzas gubernamentales se ha recrudecido en los últimos días, desde la entrada de los rebeldes en Adén la semana pasada y ante la impotencia de las unidades del Ejército aún leales al presidente Hadi, apoyadas por las milicias suníes denominadas «comités populares».

El movimiento rebelde de los hutíes se hizo ayer con el control del puerto de Adén, después de varios días de enfrentamientos. Su conquista es especialmente importante y simbólica, no sólo porque éste es el principal puerto comercial de Yemen, sino por su ubicación en la costa por donde transitan los cargueros que desde Asia cruzan el mar Rojo y el Canal de Suez rumbo a Europa. Barcos de guerra perteneciente a la coalición –probablemente egipcios– están bombardeando a los hutíes desde el Golfo de Adén, mientras que los aviones de la coalición de países árabes suníes liderados por Arabia Saudí intensificaron sus ataques en los alrededores de la ciudad, intentando cortar las rutas por las que los rebeldes reciben suministros y refuerzos. Aun así, los bombardeos no han conseguido evitar que los combatientes chiíes entraran y tomaran el control de varias áreas de Adén, de donde expulsaron al presidente Hadi hace dos semanas, forzándolo a exiliarse en Arabia Saudí de forma temporal. A pesar de que uno de los objetivos de la intervención militar en Yemen era precisamente detener el avance y la toma de Adén por parte de los hutíes, éstos parecen imparables sobre el terreno, gracias a que también cuentan con el apoyo de destacadas unidades del Ejército yemení, afiliadas a la familia del ex presidente Ali Abdala Saleh.

Al tiempo que arrecia la violencia, las organizaciones internacionales han advertido de la de-sesperada situación humanitaria, no sólo en Adén sino en todo el país, incluida la capital, Saná, donde se están dando combates entre los dos bandos y los bombardeos se repiten cada noche desde hace doce días. La ONU calcula que unas 500 personas han muerto desde el comienzo de la operación militar contra los hutíes, aunque es difícil conocer la cifra exacta de víctimas y si éstas son civiles o combatientes.

Por su parte, la Cruz Roja Internacional espera poder llevar ayuda humanitaria a Yemen hoy o mañana, después de haber obtenido el permiso de la coalición árabe para fletar un avión con 48 toneladas de suministros médicos y ayuda básica. Existen muchas dificultades, ya que el aeropuerto de Saná está bajo el fuego cruzado y las aerolíneas civiles han dejado de volar a Yemen. La agencia de la ONU para la infancia también lanzó la voz de alarma, alertando de que el país –el más pobre del mundo árabe– se encuentra al borde del desastre humanitario: la violencia ha empeorado las condiciones de vida ya muy precarias, desplazando a decenas de miles de personas que están en riesgo de desnutrición y expuestas a enfermedades causadas por la falta de agua potable.

A pesar de ello, Arabia Saudí no parece dispuesta a detener su ofensiva militar en Yemen y busca nuevos socios y refuerzos. Riad habría pedido a Pakistán que envíe aviones y barcos de guerra, además de soldados, para que se sumen a la misión, en la que están participando varios países árabes y en la que el reino saudí quiere contar con otros aliados musulmanes no árabes que cuentan con un buen Ejército y que le deben algún «favor», como es el caso de Islamabad. Ayer el Parlamento paquistaní celebró una sesión especial para discutir esta cuestión, que podría agitar el fantasma sectario en el interior del país, que también cuenta con una minoría chií y es vecino de Irán, que apoya supuestamente a los rebeldes hutíes. El ministro de Defensa egipcio viajará a Islamabad esta semana para hablar de cooperación militar y puede que presione a Pakistán para que se sume a la coalición suní –a la que Egipto aporta fragatas–, que está poniendo a prueba los delicados equilibrios sectarios y alianzas regionales en Oriente Medio.

  
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