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InternacionalEl Papa clama en Sri Lanka por la libertad religiosa
Redacción (NJ) (Jan 15, 2015) Internacional
Se sabía que acudirían miles de personas, pero no que a la misa de canonización del primer santo de Sri Lanka, el sacerdote José Vaz, asistirían más de 500.000. Incluso, personas cercanas a la organización han cifrado la asistencia en un millón.

El Papa Francisco continúa marcando récords y cosechando el cariño de las multitudes. Su segundo día en la isla se desarrolló en torno a la canonización del primer santo de país, la oración mariana en el santuario de Nuestra Señora del Rosario en Madhu y la visita sorpresa que realizó a un templo budista.

La misa de canonización, sin duda uno de los actos más esperados de este viaje que le llevará hoy mismo a Filipinas, se desarrolló a orillas del mar y demostró, una vez más, la cantidad de jóvenes que pertenecen a la Iglesia en Asia y que ahora mismo son su principal motor.

Precisamente, Francisco puso al nuevo santo como modelo de evangelización de las periferias y del verdadero culto a Dios, que no lleva a la violencia, sino al respeto a la vida, la dignidad y la libertad del otro. La ceremonia tuvo lugar en el Galle Face Green de Colombo y comenzó con el rito de canonización, en el que el obispo de Kandy, Joseph Vianney Fernando, pidió al Pontífice la canonización del misionero del Oratorio de San Felipe Neri.

La homilía de Francisco subrayó el celo apostólico y el ejemplo que con su vida dio a todos los católicos, sin duda, un «signo espléndido de la bondad y el amor de Dios para con el pueblo de Sri Lanka». Después, el Papa trazó una semblanza del misionero, que llegó a este país vestido como un mendigo debido a la persecución religiosa y contó cómo tenía que celebrar los sacramentos a escondidas y por la noche, con el fin de evitar que le descubrieran y encarcelaran. También destacó su servicio a los enfermos durante una epidemia de viruela en Kandy, que «fue tan apreciada por el rey, que se le permitió una mayor libertad de actuación» y llegar a otras partes de la isla. «Se desgastó en el trabajo misionero y murió, extenuado, a la edad de 59, venerado por su santidad», apuntó.

El Papa cree que el nuevo santo es un modelo para los católicos, porque fue un sacerdote ejemplar y «nos enseñó a salir a las periferias, para que Jesucristo sea conocido y amado en todas partes». Pero, además, fue «ejemplo de sufrimiento paciente a causa del Evangelio, de obediencia a los superiores, de solicitud amorosa hacia la Iglesia de Dios». En este sentido, continuó Bergoglio, el religioso «muestra la importancia de ir más allá de las divisiones religiosas en el servicio de la paz» y «su amor indiviso a Dios lo abrió al amor del prójimo», sin hacer «distinción de raza, credo, tribu, condición social o religión». En definitiva, pidió «libertad para llevar a cabo su misión» y aquí el Obispo de Roma volvió a aprovechar, como ya hiciera a su llegada al país el pasado martes, para expresar que «la libertad religiosa es un derecho humano fundamental».

Sobre el «celo misionero», Francisco explicó que tuvo que «dejar atrás su hogar, su familia, la comodidad de su entorno familiar y respondió a la llamada a salir, a hablar de Cristo dondequiera que fuera».

Tras la misa, Francisco se trasladó en helicóptero al santuario de Nuestra Señora del Rosario, en la ciudad de Madhu. Considerado como el lugar católico más sagrado del país, en su interior se conserva una imagen de la Virgen con el Niño, que junto a los fieles también vivió persecución y fue signo de reconciliación. En este sentido, el Papa pidió a las comunidades del país –cingaleses y tamiles– a recuperar la unidad perdida por la guerra civil.

La tarde se desarrolló con algunas sorpresas no previstas en la agenda, como el encuentro con el ex presidente de Sri Lanka Mahinda Rajapaksa, que perdió las elecciones el pasado 8 de enero, y la reunión con los obispos del país, que tuvo que anular el día de su llegada por cansancio y falta de tiempo. Además, Francisco visitó por sorpresa un templo budista. En el encuentro interreligioso del martes, Bergoglio fue invitado por un monje y no quiso faltar. Allí, atendió a las explicaciones y a los cantos de los monjes, algo que ya hizo Juan Pablo II durante su visita a Tailandia en 1984.

  
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