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Internacional¿Hacia el fin de la pobreza en 2035?
Redacción (NJ) (Jan 22, 2014) Internacional
¿Exceso de optimismo o confianza solidaria? En los últimos años, los filántropos Bill y Melinda Gates publican, a través de su fundación, una carta abierta que ayuda a enmarcar su tarea humanitaria. Y para este año, su llamamiento no puede ser más entusiasta. En la nueva misiva, los Gates llaman a combatir lo que ellos consideran tres «mitos»: Que los países pobres están condenados a seguir siendo pobres, que la ayuda (humanitaria) exterior es un gran gasto y que salvar vidas conduce a la superpoblación.

Además, realizan una optimista predicción: «Para 2035, no habrá casi ningún país pobre en el mundo (la afirmación se refiere a que no habrá ningún Estado tan pobre como los 35 países que el Banco Mundial califica hoy en día como de bajos ingresos, aún teniendo en cuenta la inflación). Casi todos los países serán lo que ahora llamamos de renta media-baja o más ricos».

De igual modo, los Gates recuerdan, entre otros datos, que siete de las diez economías de más rápido crecimiento del pasado lustro se encuentran en África. «No dejes que nadie te diga que África está peor de lo que era hace 50 años», asegura la carta.

Al margen de predicciones filantrópicas, algunos datos continentales, no obstante, no son tan esperanzadores. Ya el pasado año, la ayuda bilateral al África subsahariana registró una caída del 7,9% en términos reales con respecto a 2011. Y este año, los números no serán mucho mejores, tras el tifón acaecido en Filipinas y que focalizará el interés de la comunidad internacional en la reconstrucción del país asiático, en detrimento de otras regiones.

A la hora de comprobar lo pendular de la ayuda humanitaria, el caso de Somalia es especialmente representativo. En 2011, tras ser declarada la situación de hambruna en la región, Naciones Unidas recaudó cerca de 870 millones (de los mil requeridos para paliar el hambre). Sin embargo, apagados los flashes, en 2012 tan solo se cubrieron el 52% de los 1.100 millones aconsejados, mientras que en este ejercicio el 48% por ciento.

En los últimos tiempos, emprendedores continentales como la senegalesa Magatte Wade ya apelan por la desaparición de la (sic) «piedad de mierda». En este sentido, la autora no lamenta el buen hacer de las ONGs (nadie duda de ello), sino la actitud condescendiente hacia los «pobres». Un exceso de «cuidados» y «sobreprotección» que tan solo es una nueva forma de racismo.

De nuevo, valga el ejemplo de Somalia. A finales de 2011, el por entonces primer ministro de Somalia, Abdiweli Mohammed Ali, denunciaba que la hambruna que había asolado el país durante el verano era cosa del pasado. Sin embargo, para el mandatario, las organizaciones humanitarias tenían un especial «interés» en continuar postergando esta crisis y no perder así su posición de «señores de la pobreza» (finalmente la propia ONU declararía el fin de la hambruna en febrero de 2012).

La nueva ayuda humanitaria

Los datos, de nuevo, ofrecen conclusiones para todos los gustos. A día de hoy, alrededor de 400 millones de africanos (aproximadamente el 40% de la población total) viven todavía con menos de 1,25 dólares al día. Pese a ello, 23 países del continente han alcanzado el estatus de «Estados de ingresos medianos» (categoría donde la renta per capita es de 1.000 dólares o superior). Mientras, las reservas naturales continúan bendiciendo a Gobiernos como los de Sudán, República Democrática del Congo o Zimbabue (aunque riqueza, no signifique reparto equitativo).

Por ello, para Wolfgang Fengler, analista del Banco Mundial, la «nueva» ayuda humanitaria debe centrarse en el diseño de programas que ayuden a los Estados africanos a gestionar sus recursos de manera eficiente, sobre todo, si desean llegar a los más desfavorecidos. Y para ello, según el experto, es necesario un cambio de tendencia.

En primer lugar, reconocer y celebrar la desaparición del viejo paradigma Norte-Sur. Además, la ayuda debe centrarse vez más en transferencias de conocimiento en lugar de dinero. Y por último, para que estos países no se queden estancados es necesario innovar, incluso en los sectores tradicionales. De la construcción de «monumentos» (escuelas, clínicas y carreteras), se debe pasar a la mejora de la «sala de máquinas» (el sistema a través del cual se realiza la prestación de educación, salud y transporte).

Todo, a la espera de 2035.

  
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