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Economía¿Eliminar el Impuesto de Sociedades?
Redacción (NJ) (Jun 08, 2013) Economía
El Impuesto de Sociedades no lo pagan las empresas, sino que recae sobre clientes, inversores y trabajadores en forma de precios más altos, inversiones menos rentables y sueldos más bajos. Eso sí: el impacto no se reparte de forma equitativa, sino que es superior para los trabajadores que para los clientes e inversores. ¿Hasta qué punto pagan los asalariados el Impuesto de Sociedades? Hasset y Mathur han estudiado 72 países a lo largo de dos décadas, encontrando que subir un 1% este gravamen reduce un 1% las retribuciones. Por su parte, Desai, Foley y Hines han determinado que cerca del 60% de este tributo recae sobre las retribuciones de los empleados.

¿Hasta qué punto pagan los asalariados el Impuesto de Sociedades? Pero aplicar un gravamen a las empresas no solamente supone dañar económicamente a clientes, inversores y trabajadores: también se traduce en una menor competitividad empresarial, debido a los diferentes trámites necesarios para cumplir con el fisco. De acuerdo con PwC, las compañías españolas dedican, de media, 167 horas al año a cumplir con Hacienda.

A cambio de todos estos costes y obligaciones, no se puede decir que los datos de recaudación del Impuesto de Sociedades sean muy significativos: de acuerdo con los últimos datos oficiales publicados por la OCDE, este gravamen genera al fisco español unos ingresos inferiores al 2% del PIB. Por todo lo anterior, no debería extrañarnos que hasta el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, haya declarado que el Impuesto de Sociedades “es, probablemente, el impuesto más dañino de todos”.El experimento de EstoniaRecientemente, un informe de la Tax Foundation de Estados Unidos explicó que rebajar el Impuesto de Sociedades del 39% al 14% permitiría recaudar 27.000 millones de dólares más. No obstante, dicho informe también subrayó que abolir este gravamen por completo tendría un efecto expansivo muy positivo, estimado en un aumento permanente del PIB cercano a los 300.000 millones de dólares.

Mientras al otro lado del Atlántico estudian esta cuestión, en Europa deberíamos prestar más atención a un ejemplo cercano: el de Estonia. El país báltico suprimió en el año 2000 el Impuesto de Sociedades y decidió que solamente el reparto de beneficios empresariales sería gravado por el fisco. Bajo este sistema, cada empresa puede conservar íntegramente los beneficios obtenidos, por lo que solamente rinde cuentas ante Hacienda cuando los distribuye, a menudo en forma de dividendos.

El tipo impositivo aplicado al reparto de beneficios ha caído progresivamente, pasando del 26% al 21%. La crisis ha retrasado una nueva rebaja del tipo, si bien el plan a largo plazo es seguir reduciendo este gravamen, de acuerdo con diferentes propuestas que piden instaurar un tipo del 18% o incluso del 12%. Sobra decir, por otra parte, que con la eliminación del Impuesto de Sociedades y la aplicación de la tasa al reparto de beneficios se simplifica enormemente el código tributario.

La recaudación obtenida por el fisco en concepto de la tasa al reparto de beneficios acabó siendo mayor a la que generaba el Impuesto de Sociedades tradicional. Lo vemos en las dos siguientes gráficas: la primera muestra la evolución de los ingresos tributarios en términos absolutos, mientras que la segunda los pone en relación con el PIB del país.

De acuerdo con los dictámenes de la Corte Europea de Justicia, este sistema tributario encaja a la perfección dentro del marco legal comunitario. Por tanto, España no tendría ningún problema a la hora de implementar este modelo tributario.

Como hemos explicado, una reforma de este calado podría beneficiar enormemente a clientes, inversores y trabajadores. Además, es más que probable que el atractivo de semejante cambio fiscal estimule la creación de empleo, reduzca la economía sumergida y contribuya a aumentar el nivel de inversión extranjera. Tan significativas son todas estas ventajas que ni siquiera queda claro que el cambio se vaya a traducir en una menor recaudación por parte de Hacienda.

Así, eliminar el Impuesto de Sociedades y aplicar solamente la tasa al reparto de beneficios ayudaría a tener un panorama empresarial más robusto y dinámico, lo que favorecería el relanzamiento del crecimiento económico y aceleraría la salida de la crisis.

  
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