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InternacionalRusia prohíbe a los extranjeros vender en los mercados
Redacción (NJ) (Apr 02, 2007) Internacional
A partir de ayer los extranjeros ya no pueden despachar en los mercados rusos, al haber entrado en vigor el 1 de abril la disposición gubernamental que les prohíbe comerciar al por menor. Los tenderetes desiertos y la subida de los precios son las dos consecuencias más inmediatas de una medida que los grupos de derechos humanos han criticado como discriminatoria y racista.

La prohibición, firmada por el primer ministro Mijaíl Fradkov, data del 15 de noviembre y prevé eliminar a los extranjeros del comercio al por menor en dos fases: la primera, desde principios de enero hasta fines de marzo, redujo su número hasta un 40% de los vendedores; la segunda, que comenzó ayer, los aparta totalmente del mostrador.

El objetivo de la nueva normativa es en teoría estimular el acceso de los agricultores rusos al comercio. Los campesinos rusos, sin embargo, no están preparados para sustituir a los caucáseos o asiáticos que han sido los tradicionales vendedores de los mercados, al no disponer de un surtido de mercancía tan amplio y carecer de infraestructura.

En virtud de la nueva normativa, los extranjeros no pueden trabajar como dependientes en las tiendas, cafés y restaurantes, ya que tienen prohibido también vender alcohol, pero podrán ejercer de mozos de carga o basureros y tienen derecho a ser propietarios de comercios. En calidad de tales, pueden contratar como dependientes a ciudadanos rusos.

Muchos comerciantes extranjeros se han preparado para las restricciones y han conseguido la nacionalidad rusa o han contratado a vendedores locales. Las autoridades de distintas regiones se han quejado de que los comerciantes locales aprovechaban la situación para comprar las mercancías a los extranjeros y subirles los precios. Los chinos constituyen el grueso de los vendedores de los mercados en el Lejano Oriente ruso. En los mercados de Moscú hay entre 18.000 y 20.000 extranjeros, un 30% menos que en enero pasado.

Los emigrantes son percibidos como una amenaza por parte de la sociedad rusa y constituyen una presa fácil e indefensa de los grupos xenófobos radicales. Las restricciones de las que son objeto en los mercados contrastan con la política liberalizadora de la emigración que Rusia ha iniciado a principio de año.

Rusia, el segundo receptor de emigrantes del mundo después de Estados Unidos, quiere compensar así el encogimiento demográfico con emigrantes temporales y planea una cuota de seis millones de inmigrantes en todo el Estado para 2007 (de ellos 700.000 en Moscú). En Rusia hay entre diez millones y 12 millones de sin papeles, según datos del servicio Federal de Emigración, pero los especialistas dan una cifra de cinco millones.

  
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