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FútbolEl Barça, contra las cuerdas 2-0
Redacción (NJ) (Feb 21, 2013) Fútbol
Decía Jordi Roura que San Siro siempre asustaba cuando tocaba enfrentarse al Milan. Si basamos esa frase en un contexto histórico, no le falta ninguna razón. Los ‘rossoneri’ son el equipo con más títulos internacionales del mundo y segundo con más Copas de Europa en sus vitrinas, pero lo cierto es que este Milan dista y mucho del actual Barcelona.

En comparación, los catalanes son un equipo experimentadísimo y se ha demostrado capaz de ganar a cualquier rival y casi en cualquier circunstancia, mientras que el Milan ha cambiado toda la columna vertebral dando alternativa a jóvenes inexpertos. Pero sigue siendo el Milan. Siempre le quedará ese toque de fortuna y astucia que le permite llegar al Camp Nou en situación de pleno privilegio.

El Barça siempre suele necesitar unos minutos para cogerle el punto al partido, sea cual sea el rival. Comienza desorientado, esperando que algo lo despierte de su inicial letargo. Cuando el Milan tenía el balón y probaba a hacer daño en esos minutos, Messi apareció por el centro del campo, recibió el cuero y comenzó un eslalon que acabó con un disparo desviado. Ahí comenzó el dominio culé, que no acabó hasta el pitido final del escocés Craig Thompson. Xavi encontró a Iniesta y el Barça carburó, pero el motor se calaba cuando llegaba a la línea que marca el inicio de área milanista.

Berlusconi pidió a Allegri que pusiera un hombre a hacer el papel de sombra de Messi, sin embargo, el técnico toscano prefirió poner a medio equipo en vez de a tan sólo un jugador. Los ‘rossoneri’ escondieron a Messi y el centro del campo azulgrana no lo encontró por ninguna parte del ataque, tan sólo cuando el rosarino bajaba al medio para ser uno más del proceso creativo. Iniesta era el que más y mejor aparecía, jugando entre líneas como desahogo, pero estaba muy solo. Pedro era una sombra de sí mismo: ni desbordaba ni creaba superioridades, simplemente dejaba el hueco por la izquierda para las cabalgadas de Alba.

El juego del Milan era escasísimo, por no decir paupérrimo. Copió el estilo que llevó al Chelsea a la final de la Champions del curso pasado, en aquellas semifinales de mal recuerdo culé, con la diferencia fundamental de no conceder ocasiones al Barça. Los ‘blues’ sufrieron las continuas acometidas del equipo de Guardiola, pero en San Siro Abbiati prácticamente sólo tuvo que sacar de puerta de vez en cuando. Allegri puso a los once milanistas en apenas 35 metros, lugar que ocupaba su hombre más adelantado, Giampaolo Pazzini. Su única opción de crear peligro sobre Valdés era el balón parado y el contragolpe.

Sin ideas no hay peligro

El Shaarawy, el ‘rossonero’ más peligroso, probó varias salidas al ataque por los espacios que le creaban las subidas de Alves, pero o no estuvo fino en el control o no tenía amigos al que pasarle el balón. Ahí reside la picardía del Milan. Con pocos hombres, con pocas opciones, consiguió crear más oportunidades que los visitantes, y lo más importante, abrió el marcador y puso nervioso al Barça. Eso sí, la jugada del gol de Boateng viene precedida por una precisa asistencia involuntaria de Zapata con los brazos. El colombiano rechazó con la extremidad superior un lanzamiento de falta indirecto de Montolivo y el ‘10’ milanista lo aprovechó para superar a Valdés.

La afición azulgrana ya tenía en la retina la eliminación del curso pasado y se empezaba a temer otra del estilo contra un rival al que parecían tener tomada la medida y con el que no perdían desde 2004. Si con el empate a cero las ideas del Barcelona eran escasas, perdiendo acabaron por desaparecer. Alexis entró por Fàbregas y tuvo la misma incidencia en el juego que su predecesor, es decir, poca. Y el Milan iba creciendo en su idea conforme descontaba el cronómetro. Ambrosini y Montolivo hicieron suya la medular y no permitieron ni tan siquiera el juego pausado en horizontal de Xavi e Iniesta. A su vez, Messi seguía en ‘stand by’.

Para colmo, un choque de cabezas entre Puyol y Pazzini produjo una brecha al capitán culé, que extrañamente fue el peor parado de los dos. Aunque intentó seguir durante unos minutos con un voluminoso vendaje, tuvo que dejar su sitio a Mascherano cuando siguió sangrando copiosamente. Con el Barça volcado y atascado, el Milan salió al contragolpe y encontró el premio del 2-0 que no mereció por su desempeño ofensivo en todo el partido, pero sí por el sensacional movimiento del balón entre Niang, habilitado por Montolivo, y El Shaarawy. El italo-egipcio sirvió a Muntari, que apareció por la izquierda para fusilar a Valdés y dejar al Barça muy tocado y con la obligación de hacer un partido perfecto en el Camp Nou para conseguir superar el muro milanista al menos en tres ocasiones.

  
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