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Cultura para JóvenesLa vida tras un despido
Redacción (NJ) (Jan 25, 2013) Cultura para Jóvenes
Cuando uno apuesta por su carrera profesional y se queda fuera del mercado laboral intenta dar sentido a todo. Es un momento de reflexión que ayuda a rescatar el tiempo perdido con la familia y sus valores. El drama de estar en paro permite reflexionar sobre uno mismo y sus orígenes.

La vida profesional puede sufrir un frenazo en seco en cuestión de segundos. En los últimos años, unos seis millones de españoles han sentido esa sensación. En algunos casos, se trata de mujeres que han apostado todo a una misma carta: la de triunfar en su carrera laboral y, para ello, dejar de lado, incluso, la idea de formar una familia. Pero, en una apuesta siempre se puede ganar, pero también perder.

Esto es lo que le sucede a María, la protagonista de «Dharma La vida tras un despido», una joven soltera con una maleta llena de éxitos profesionales y que un día escucha atónita la temida frase: «estás despedida».

El autor de esta novela, Eduardo Gismera, ha trabajado en cargos de máxima responsabilidad en la dirección de personas y ha sido testigo de muchas situaciones similares. Su obra está basada en más de 600 casos reales. «He visto en muchas ocasiones personas como María, que deciden ser solteras y prescindir del afecto familiar para volcarse en su carrera. Pero de la noche a la mañana se encuentran en la calle. María llora porque cuando se reúne con sus amigas ya no se siente una mujer admirada y de éxito. Es entonces cuando se da cuenta de que le falta lo más importante: una familia en la que apoyarse y sentirse segura».

Los valores de su abuela

Sentada en una escalera mientras se desahoga con su llanto descubre que aquellos escalones son similares a los de la vieja escalera de la casa de sus abuelos en una pequeña aldea. Decide hacer las maletas y viajar a desempolvar sus orígenes.

A lo largo de las páginas, María nos descubre que lo fundamental en la vida son aquellos valores, cada vez más olvidados, por los que luchó su abuela, una mujer sencilla. «Por ejemplo, la solidaridad y el apoyo a los demás —apunta Eduardo Gismera—. En la aldea, si una vaca se pone de parto, todos los vecinos se remangan y colaboran, sea la hora que sea. En la empresa, si alguien tiene un problema, todos se dan la vuelta para que no les toque trabajar más tiempo, y si algún compañero se presta a ayudar, siempre se sospecha que hay algo detrás».

En el libro también expone un caso real de una madre trabajadora a la que sus jefes le ponen muchas trabas y la perjudican continuamente. Explica que todas las noches cuenta a su hijos un cuento con una moraleja: hay que estar contentos porque eso es símbolo de que eres buena persona. «Un día, —apunta el autor— tras una dura jornada de zancadillas en el trabajo vuelve seria y su hijo le pregunta que si ha sido mala persona. Desde entonces siempre sonríe en el trabajo. En su hijo encuentra el sentido a muchas cosas de la vida».

Gismera es consciente de que en nuestro país es muy complicado que los padres puedan dedicarse más a los hijos, puesto que la conciliación no está extendida en nuestra cultura como en otros países. «Cuando pasa el tiempo y uno mira hacia atrás, es cuando se da cuenta de todo lo que ha perdido en el camino. Llegan los arrepentimientos. La familia es lo primero a lo que te agarras cuando las cosas se presentan difíciles, como es el caso de cuando te dan una carta de despido», concluye.

  
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