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FútbolEl Barça vence 2-4 y al Clásico
Redacción (NJ) (Jan 25, 2013) Fútbol
Salió airoso el campeón del peor trance del curso, de un partido con miga en La Rosaleda. Un gran espectáculo, con los mejores ingredientes, de la filigrana a la pasión, de las incongruencias arbitrales a Leo Messi, que es el fútbol por excelencia. Noche brava, de ida y vuelta, animada por el irreprochable Málaga y definida por Iniesta y Leo, un dúo excepcional. Entre ambos adelantaron la cita para un nuevo Clásico, el próximo miércoles, ida de las semifinales de Copa en el Bernabéu.

Por primera vez sentía la obligación el Barça, ante un rival con ínfulas de grande, que le juega de cara, sin miedos, con lúcido descaro. Se vio apuradísimo por momentos, porque a sus dos primeras ventajas replicó el Málaga con Joaquín y Santa Cruz. Incluso amenazó el partido con el fino alambre de la prórroga, que ya hubiera sido el acabóse. Porque el suplemento no hubiera desmerecido semejante espectáculo. De frustrarlo se encargaron Iniesta y Messi.

Un par de arreones para decantar la eliminatoria, cuando más quemaba el reloj. El primero, el del 2-3, facilitado por la maniobra de Fábregas, un maestro en el arte del último pase. Batió por bajo Andrés a Kameni y lo celebró como merecía la trascendencia del momento. Después, el centro templadísimo de Alves hacia la cabeza de Messi, para no marcharse de vacío. Tras una constante participación, llegaba el momento del astro, el broche a un magnífico partido.

Iturra y Duda

Hubo de todo, como de mil maneras metió el cuezo Mateu Lahoz, como de mil formas se envalentonó el Málaga. Ritmo alto y presión fresca para obligar al pelotazo de Mascherano. Adelantando la defensa hasta que el tiki-taka rival obligaba a otras prevenciones. De nuevo con Iturra como cacique, sin merma de rendimiento, ni siquiera tras su temprana amarilla por mano. Con el faro de Santa Cruz, que aguantaba de espaldas y ofrecía siempre una solución más que digna.

Por encima de todos, hasta que se le agotaron las fuerzas, destacó Duda, lo que ya es bastante decir. De su zurda portentosa brotaron los mejores pases, de primeras, al espacio, con intención. No es moco de pavo hacer olvidar a Isco, pero el portugués de sobra lo logró. Incluso en la estrategia, otro de sus fuertes, donde regaló un balón al segundo palo que se le perdió por un palmo a Santa Cruz.

Se habían pasado con los aspersores en La Rosaleda y el Barça se sentía incómodo. El madrugador 0-1 de Pedro no debió darse por válido tras el apretadísimo fuera de juego de Alves. Al poco, en mitad de una tormenta de fútbol, niveló el Málaga, con el remate algo afortunado de Joaquín. El caso es que el líder de la Liga acumulaba demasiados errores en la entrega, sobre todo de Iniesta, a quien de poco le sirvieron las botas nuevas. La principal preocupación pasaba por mantenerse erguido. De la imprecisión sólo escapaba Pedro, todo un argumento por la derecha.

Los errores de Mateu

El empuje azulgrana apenas cuajó en peligro, salvo por una mala entrega de Demichelis, riesgo innecesario ante Messi. En el mano a mano, eso sí, se impuso Kameni. Poco más hasta pasada la media hora, con una incursión de Iniesta, víctima de su imprecisión en el control. Se le fue largo y el remate lo escupió el larguero. El Málaga, en general, lo veía siempre más claro. Y no le faltaban argumentos hacia la gloria.

Incluso se aferró a sus posibilidades en los peores momentos, como a la vuelta de la pausa, cuando empezó a aburrirse de tanto correr tras el balón. O cuando se hartó de protestar al árbitro, tan capaz de perdonar una mano a Piqué en el área como de pasar por alto las contínuas infracciones de Demichelis o Iturra. En tres minutos ya había encajado el golpe de Piqué, un central que definió como un '9', quizá porque andaba como loco por dedicárselo a su primogénito.

Pellegrini colocó a Portillo en lugar de Duda y en un instante cambió el panorama. Tras una gran parada de Kameni ante Messi, con rifirrafe incluido entre Fábregas y Weligton, llegó de repente el empate. Un transición explosiva y el derechazo de Santa Cruz, pegadito al palo. Oxígeno para ensanchar los pulmones o la fe. Nacía algo nuevo, o eso parecía le parecía cualquiera. Salvo a Iniesta y Messi.

  
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