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Cultura para JóvenesCerebro 'basura'
Redacción (NJ) (Jan 19, 2013) Cultura para Jóvenes
Una investigación científica asocia las dietas ricas en grasas y azúcares con la depresión, la ansiedad y una mayor propensión al estrés. La comida basura no sólo nos ataca desde la báscula y las enfermedades relacionadas con obesidad y sobrepeso.

Abusar de hamburguesas y bollería industrial también es perjudicial para el cerebro humano.

Es la principal conclusión de la investigación de un equipo de científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Montreal en Canadá, publicada en The International Journal of Obesity. “Trabajando con ratones, cuyos cerebros son en muchos aspectos comparables con los nuestros, descubrimos que la neuroquímica de los animales que habían sido alimentados con una dieta rica en grasas y azúcares era diferente de la de los que habían seguido una dieta saludable”, explica la doctora Stephanie Fulton, directora del estudio.

Durante seis semanas, la grasa y los azúcares supusieron el 58% de las calorías de la dieta de uno de los grupos de ratones, mientras que para el grupo que siguió una alimentación sana sólo fue del 1%.

Tras el experimento, los científicos canadienses comprobaron que los roedores con dieta basura aumentaron en un 11% su talla de cintura, porcentaje insuficiente para hablar de obesidad.

Sin embargo, al analizar su cerebro, emociones y comportamientos, encontraron que los animales alimentados con más grasas presentaban una actividad química diferente en sus cerebros y mostraban signos de depresión y ansiedad que remitían al volver a una dieta sana.

Más allá de ello, los cerebros de este grupo de ratones se mostraban físicamente alterados. Una de las moléculas que los investigadores estudiaron fue la dopamina, considerada la hormona de la felicidad –tanto en humanos como en ratones y en otros animales–, y cuya producción fue mucho menor en los roedores mal alimentados.

Además, también hallaron niveles elevados de la molécula CREB, que controla la activación de genes involucrados en la actividad cerebral, incluyendo la que causa la producción de dopamina. “CREB estaba mucho más activada en los cerebros de ratones de dietas ricas en grasas, que también mostraban más altos niveles de corticosterona, la hormona que se asocia con el estrés. Esto explicaría tanto la depresión como los ciclos de comportamientos negativos”, según Fulton.

“Es interesante que estos cambios ocurran antes de la obesidad –añade la experta–. Estos descubrimientos desafían nuestros conocimientos de la relación existente entre la dieta, el cuerpo y la mente.

Fulton y su equipo forman parte de una red de investigadores que intenta encontrar las causas biológicas de la obesidad y las enfermedades asociadas.

  
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