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LibrosLa infancia de Jesús, según Joseph Ratzinger
Redacción (NJ) (Oct 11, 2012) Libros
Lo firma con su nombre de pila, porque no es magisterio de la Iglesia. En este tercer volumen sobre la vida de Jesús, el Papa se centra en los primeros años. Desde el pesebre. El Vaticano ha hecho llegar a la prensa acreditada los primeros extractos y la portada. Para conocer el resto habrá que esperar a Navidad, que es cuando saldrá a la venta.

Primero fue la vida pública de Cristo: “Del Bautismo a la Transfiguración” en 2007, y “De la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección”, en 2011. Ahora le toca el turno a la niñez y juventud del Hijo de Dios. Escrito en un lenguaje sencillo, asequible, pero al mismo tiempo riguroso y valiente en el planteamiento, esta tercera entrega completa la trilogía conocida universalmente como “Jesús de Nazaret”. Benedicto XVI lo ha escrito para hablar desde la amistad con todos aquellos que, como los Reyes Magos, tienen la inquietud de la búsqueda y se preguntan “¿De dónde viene Jesús?”. Terminó de escribirlo el pasado 15 de agosto.

TEXTO 1. PREFACIO.

«Finalmente puedo dejar en manos de los lectores el pequeño libro que les prometí hace tiempo sobre el relato de la infancia de Jesús. No se trata de un tercer volumen, sino de una especie de “antesala” para las dos entregas que le precedieron sobre la figura y el mensaje de Jesús de Nazaret. Ahora he tratado de interpretar, en diálogo con los exégetas del pasado y del presente, aquello que Mateo y Lucas cuentan al inicio de sus Evangelios sobre la infancia de Jesús.

Una interpretación justa, según mi propia convicción, requiere dos pasos. Por una parte, hace falta preguntarse qué intentaban decir con esos textos sus respectivos autores, en ese momento histórico, y con la componente de la exégesis. Pero no basta dejar el texto en el pasado, archivándolo entre las cosas caducas. La segunda pregunta del exégeta debe ser: ¿Es verdad esto que se ha dicho?¿Me afecta? Y, si me afecta, ¿de qué manera lo hace? Frente a un texto como la Biblia, cuyo último y más profundo autor, según nuestra fe, es Dios mismo, la pregunta que vincula el pasado con el presente forma parte imprescindible de nuestra interpretación. Con ello, la seriedad de la investigación histórica no viene disminuida, sino que aumenta.

En este sentido, he querido entrado cuanto antes en diálogo con los citados textos. Con ello soy perfectamente consciente de que este coloquio entrelazado del pasado, el presente y el futuro no puede considerarse concluyente y de que cada interpretación obedece al respeto por la grandeza del texto bíblico. Espero que el pequeño libro, a pesar de sus limitaciones, pueda ayudar a muchas personas en su camino hacia el encuentro con Jesús».

Castelgandolfo, en la solemnidad de la Asunción de María al Cielo.

15 de agosto de 2012.

Joseph Ratzinger – BENEDICTO XVI

TEXTO 2. De la página 36 del manuscrito.

«(…) Jesús nació en una época determinada y precisa. Al inicio de la actividad pública de Jesús, Lucas ofrece incluso una descripción detallada y real de aquel momento histórico: es el año decimoquinto del imperio de Tiberio César; aparecen además mencionados el gobernador romano de aquel año y los tetrarcas de Galilea, de Iturea y de Traconítida, así como el de Abilene, y los sumos sacerdotes (Lc 3, 1s).

Jesús no nace y aparece públicamente en el impreciso “érase una vez” de las leyendas. Él pertenece a un tiempo exacto, fechable, y a un entorno geográfico indicado con exactitud: lo universal y lo concreto se unen en este acontecimiento. Por Él, el Logos, la razón creadora de todas las cosas, entró en el mundo. El Logos eterno se hizo hombre, y de esto formó parte también el contexto de ese lugar en ese momento. La fe está ligada a esta realidad concreta, aunque más tarde –en virtud de la Resurrección- el espacio temporal y geográfico queda superado y el “precedernos en Galilea” (Mt. 28, 7) por parte del Señor lo introduce en la vastedad abierta para toda la humanidad (cfr. Mt 28, 16ss)

TEXTO 3. De la página 38 del manuscrito.

«(…) María envolvió al niño en pañales. Sin caer en el sentimentalismo, podemos imaginarnos con qué amor acudió María al encuentro de su hora y cómo preparó el nacimiento de su Hijo. La tradición de los iconos, basada en la teología de los Padres, ha interpretado el pesebre y los pañales en clave teológica. El niño envuelto en pañales aparece como una anticipación de la hora de su muerte: Él, desde el inicio, es el Inmolado, como veremos más adelante al reflexionar sobre la parábola del primogénito. Así, el pesebre ya prefigura una especie de altar.

Agustín ya interpretó el significado del pesebre con un pensamiento que, en un primer momento, parece casi inconveniente, pero que, examinado con mayor atención, contiene en cambio una profunda verdad. El pesebre es el lugar en el que los animales encuentran su alimento. Ahora bien, yace sobre las pajas Aquel que se ha descrito a sí mismo como el verdadero pan bajado del cielo -como el alimento verdadero que necesita el hombre para ser persona. Es el alimento que le da al hombre la vida verdadera, la vida eterna. De esta manera, el pesebre se convierte en un anticipo de la mesa de Dios, a la que el hombre está invitado, para recibir el pan de Dios. En la pobreza del nacimiento de Jesús es donde se diseña la gran realidad, en la que actúa de forma misteriosa la redención de los hombres».

  
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