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ReportajesNo sin mi cruz o cómo quedarse en paro por ser cristiano
Redacción (NJ) (Sep 05, 2012) Reportajes
Cuatro ciudadanos británicos reclaman al Tribunal de Estrasburgo que reconozca su derecho a vivir como cristianos.

Una es azafata de British Airways, otra enfermera y otra registradora. El último, asesor matrimonial. Nadia Eweida, Shirley Chaplin, Lilian Ladele y Gary McFarlane son los cuatro ciudadanos británicos que se han atrevido a desafiar a su país para defender un derecho muy simple: el de ser y vivir como cristianos.

Su historia apareció ayer en la CNN porque los cuatro protagonistas han comparecido ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en busca de la sentencia favorable que la justicia británica les ha negado en todos sus asaltos.

Sus historias, iguales en el fondo pero con distinto envoltorio, comenzaron cuando sus convicciones religiosas se convirtieron en un problema que, a juicio de sus empleadores, fue insalvable.

Nadia desarrollaba su trabajo como tripulante de cabina cuando su compañía, British Airways, le reprochó que llevara visible una cruz y fue transferida -y con ella el molesto crucifijo- a otro puesto de trabajo en el año 2007.

Shirley, enfermera, comenzó su batalla legal cuando el cambio de uniforme -con un nuevo escote en pico que dejaba visible su cuello- delató su confesión religiosa que, a juicio de su empleador, no podía lucir llevando un crucifijo ya que podría perturbar a los pacientes del hospital. Ella se negó a prescindir de su cruz y fue despedida.

Lilian tomó el camino del paro cuando mostró su objeción de conciencia a la inscripción en el registro de parejas del mismo sexo y Gary cuando rechazó ofrecer sus servicios de asesor matrimonial y sexual a parejas homosexuales. A la calle los dos.

Ahora, y tras perder la batalla judicial en su país, desembarcan ante el Tribunal que representa a 47 países de la UE y que, si bien no tiene relación vinculante, si obliga a los estados a tener en cuenta sus decisiones.

“Hoy, por primera vez, he escuchado a alguien hablar de mis derechos”, relataba tras la audiencia un convencido Gary, que siente que, por fin, se tienen en cuenta sus creencias religiosas.

  
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