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Reportajes¿Acaso la guardería es obligatoria?
Aceprensa G.Pelegrin (Jun 19, 2012) Reportajes
Alemania está dividida por el proyecto de dar un subsidio de 100 euros mensuales a los padres que cuidan a sus hijos menores de tres años en su propia casa. Los que recurran a la guardería recibirán diez veces más (en especie), pues no tendrán que pagarla.

Desde 2013, los padres tendrán derecho a guardería gratis, y el Estado dará una compensación a los que quieran tener a los niños en casa

Berlín. Una subvención, prevista para los padres que atienden a sus hijos menores de tres años en casa, está acaparando la atención pública alemana desde hace meses. El 6 de junio, el Gobierno Federal acordó presentar un proyecto de ley para que se apruebe en el Bundestag (Parlamento) antes del receso estival, que comenzará el 29 de junio. Se trataría de abonar un subsidio, al principio de 100 euros mensuales, 150 a partir de 2014, a quienes se ocupen por sí mismos de atender a sus hijos menores de tres años, en lugar de llevarlos a una guardería.

Existe un fuerte rechazo por parte de la oposición socialdemócrata y un debate en los medios de comunicación que adquiere tintes de un enfrentamiento de principios. Así lo muestra, por ejemplo, el término peyorativo que emplean los enemigos del subsidio para referirse a este: Herdprämie, algo así como “prima para (quedarse en) la cocina”. Recuerda a la etiqueta que utilizaban las feministas de los años sesenta y setenta para ridiculizar a las mujeres (no “emancipadas”) de las “las tres kas” (Küche, Kinder, Kirche: cocina, niños, iglesia).

En Alemania, la educación preescolar para niños de 3 a 6 años tiene una larga tradición. De su calidad nadie duda: no en vano la expresión “jardín de infancia” es la traducción literal de Kindergarten, término que en el ámbito anglosajón se emplea sin traducir.

En cambio, una guardería o Kindertagesstätte (abreviado “Kita”) está dirigida a los niños menores de 3 años. Los alemanes ya tienen derecho a Kindergarten gratis, y a partir de mediados de 2013 también podrán recurrir a la Kita con cargo al Estado. Para ello se precisan unas 800.000 plazas, de las cuales, a comienzos de junio, todavía faltaban 180.000.

Para que se pueda elegir

En 2007 se decidió que, para dar la posibilidad real de elegir, a todos aquellos que prefirieran no llevar a sus hijos a una guardería, sino educarlos ellos mismos durante los tres primeros años, les correspondería un subsidio. Sin embargo, ahora el plan topa con una notable resistencia por parte de quienes consideran que hoy en día la mujer debe trabajar fuera del hogar. Tanto los sindicatos como la patronal han cargado contra esta medida.

Así, el presidente de la patronal, Dieter Hundt, se queja de que el subsidio crea un estímulo para no trabajar, mientras que la economía, teniendo en cuenta el proceso demográfico, necesita esa mano de obra. Según este principio, las madres deberían reintegrarse en el proceso de producción lo más pronto posible.

Un argumento similar aporta también la OCDE, en particular en relación con inmigrantes, en el estudio Jobs for Immigrants. En Noruega, dice, cuando se introdujo una subvención, se redujo un 15% la participación de inmigrantes en el mercado de trabajo. Ahora bien, dicho estudio se refiere a niños en edad de Kindergarten; en el caso alemán se trata de niños menores de tres años y además, el subsidio noruego ascendía a 400 euros mensuales, mucho más que el proyectado en Alemania.

Por otro lado, las encuestas entre la población presentan una imagen matizada. Si bien el 60% de los alemanes se muestra contrario al subsidio, se declara a favor el 51% de los que tienen de 18 a 29 años, que son la mayor parte de los potenciales padres de hijos pequeños. En un sondeo a madres llevado a cabo en 2011 por MMM-Europe (Mouvement Mondial des Mères-Europe), el 78% responde que desean dedicarse plenamente a sus hijos durante el primer año, y el 61% prefieren cuidarlos en casa también los dos años siguientes. Según otra encuesta, hecha por Familiennetzwerk, una red de familias que opera en toda Alemania, el 81% de la población considera que los hijos están mejor atendidos en casa por los padres que en una guardería.

El subsidio topa con una fuerte resistencia por parte de quienes consideran que hoy en día la mujer debe trabajar fuera del hogar

El bien del niño

Llama la atención que en el debate público apenas se hable de lo que sea mejor para el niño. Los detractores del subsidio argumentan que una guardería puede beneficiarle, por el contacto con otros niños de su edad, sobre todo en el caso de familias “socialmente débiles”, que apenas pueden ocuparse realmente de sus hijos. Esto no puede generalizarse, replican los defensores del subsidio. Por ejemplo, Rainer Böhm, director del servicio médico en el Centro social-pediátrico de Bielefeld-Bethel, se refirió en un reciente artículo en el Frankfurter Allgemeine Zeitung a estudios llevados a cabo en Estados Unidos. Allí se ha comprobado que los niños que pasan el día en la guardería están expuestos a una mayor tensión. Böhm resume las recomendaciones del Congreso de Bielefeld: no atender a los niños menores de dos años en grupo; entre los dos y tres años, como máximo, durante medio día.

El profesor Michael Schulte-Markwort, Director del Departamento de Psicosomática infantil y juvenil en la clínica universitaria de Hamburgo-Eppendorf, extrae similares conclusiones: “Según los estudios actuales, los niños que son cuidados por personas ajenas son más agresivos, tienen un comportamiento social más llamativo y un peor desarrollo del lenguaje que los que se han criado los primeros años con sus madres”.

Igualdad de condiciones

Recientemente, Stefanie Selhorst, autora y madre de tres hijos entre 13 y 18 años, se refirió en una entrevista a la subvención como posibilidad de lograr la “igualdad entre las diversas concepciones de la vida”: “No tengo nada en contra de los padres que deciden dejar a sus hijos de uno o dos años en una guardería durante todo el día; no es algo que me incumba. Sin embargo, como contrapartida, espero que se deje de difamar a los padres que se ocupan ellos mismos de la atención de sus hijos. En realidad, se trata de dos concepciones de cómo atender a los niños pequeños y pueden coexistir perfectamente, sin contraponerse. Que los opositores al subsidio teman que esto reduciría las inversiones en la calidad de las guarderías, me parece un poco ridículo. La relación entre el gasto público para la atención de los niños de uno y dos años es de diez a uno: diez para la guardería y uno para los que cuidan de los hijos en casa”.

Un comentario especialmente incisivo sobre el subsidio se pudo escuchar en la radio estatal alemana WDR 2. El periodista Frank Wahlig comentaba: “No solo hay padres que consideran el subsidio como una fuente adicional de ingresos; la mayoría lo verá como un reconocimiento... ¡por fin! Hasta ahora, el Estado solo lo daba cuando se recurría al servicio público. (...) No todos los niños tienen que crecer en guarderías (...) Quizá haya muchas personas que hagan algo tan aburrido como ser ama de casa y madre, o lo mismo en versión masculina... y a las que incluso les guste hacerlo (...) Los niños en la guardería, los padres en el puesto de trabajo: todo funciona bajo el control del Estado y de los sindicatos. Ha de poder existir algo diferente; por ejemplo, una vida con los hijos. Cuidar de los hijos, y para ello está pensado el subsidio. Bienvenido sea”.

La polémica probablemente seguirá su curso después de las vacaciones estivales, pues el proceso legislativo no habrá llegado a su fin. Entre tanto, continuará el enfrentamiento entre las dos posiciones opuestas sobre la atención a los niños menores de tres años.

JOSÉ M. GARCÍA PELEGRÍN

  
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