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LibrosMadre tigre, hijos leones
AceprensaJ.Carabante (Jan 19, 2012) Libros
Autor: Amy Chua Temas de Hoy. Madrid (2011). 282 págs. 18,50 €. Traducción: Alicia Frieyro Gutiérrez.

Hace casi un año la aparición de este libro hizo correr ríos de tinta en los principales periódicos y semanarios norteamericanos y provocó un debate público interesante (cfr. Aceprensa, 24-01-2011). Amy Chua, profesora de Derecho en Yale, reivindicaba una educación exigente y rigurosa, de tradición oriental, frente a las maneras suaves, sentimentales y excesivamente complacientes que están hoy en boga. La idea de Chua es que el primer tipo de educación fortalece a los niños, les obliga a superarse y les prepara para enfrentarse con éxito al mundo de los adultos, mientras que la manera más habitual de educar en Occidente es excesivamente protectora y poco formativa.

Madre tigres, hijos leones no es, sin embargo, un tratado sobre la educación. Es más bien una narración sobre los criterios y las pautas educativas que Chua, de acuerdo con su marido, siguió para educar a sus dos hijas. Abundan, para escándalo de muchos pedagogos, las prohibiciones, y no hay apenas espacio para los halagos y los elogios; algunas medidas pueden parecer ridículas, exageradas o contraproducentes, pero son suficientemente expresivas de la mentalidad competitiva y superadora de los asiáticos. Por encima de las anécdotas que se recogen en el libro, deben ser motivo de reflexión, sobre todo, los sucesivos enfrentamientos entre Chua y sus hijas, ya que reflejan las dificultades de entendimiento entre culturas y generaciones diferentes.

Hay algo, sin embargo, que no puede pasar desapercibido para el lector atento. Chua, a fin de cuentas, es también una madre que sucumbe a muchas tentaciones posmodernas y uno tiende a pensar si esa misma forma de educar que con tanto vigor defiende no supone una estrategia demasiado kitsch o impostada.

Sería, en cualquier caso, simplista contraponer de forma maniquea estos dos estilos educativos. Ambos, llevados al extremo, son fácilmente criticables, como la misma Chua señala. De esa forma, al formado en la severidad asiática no le vendría mal moderar su egoísmo y su afán competitivo; al educado entre los algodones de la autocomplacencia y la sobreprotección no le haría daño un poco más de exigencia.

  
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