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LibrosLas cualidades del líder
Aceprensa R. Rubio (Dec 13, 2011) Libros
Autor: Joseph S. Nye Paidós. Barcelona (2011). 239 págs. 21,90 €. Traducción: Genís Sánchez Barberán.

oseph S. Nye, profesor en Harvard que tuvo puestos de responsabilidad en los ámbitos de relaciones exteriores y defensa durante la Administración Clinton, dio con la afortunada expresión de “poder blando”, soft power, y lo ha desarrollado con profusión en sus artículos y libros a lo largo de dos décadas. Por otra parte, el original de este libro se publicó en EE.UU. en 2008, cuando la popularidad del presidente Bush estaba bajo mínimos, y Nye acentuaba las críticas a su gestión de la guerra de Irak, todo lo contrario a la utilización del soft power. Pero esto no debería darnos la impresión equivocada de que el autor sólo defiende un estilo transaccional de poder en las relaciones internacionales, en el que lo fundamental sería la persuasión, y en cambio, desecharía el “poder duro”, hard power, la coerción, el estilo tradicional en la política a lo largo de los siglos. Si leemos en profundidad a Nye, veremos que este profesor defiende, en realidad, una combinación de los poderes “duro” y “blando”, que califica de “poder inteligente”, smart power.

El autor no valora ninguna técnica en exclusiva, ni siquiera la dimensión “femenina” de la gestión del poder, que supondría gran capacidad organizativa, inteligencia emocional y atención a los detalles. Desde su rechazo de métodos exclusivamente coercitivos, Nye puede alabar esta o aquella técnica, aunque tampoco adherirse a ella porque es un autor que, a cada momento, quiere demostrar su pragmatismo. Plantea en su libro algunos problemas éticos interesantes, pero no les da una solución clara porque lo que busca es la eficacia en los resultados finales.

Por ejemplo, cita el caso del demócrata Mario Cuomo como un católico opuesto personalmente al aborto, si bien nunca defendió ese criterio en su vida política, lo que nos lleva a la conclusión de que la ética de la responsabilidad, en la teoría clásica de Max Weber, sigue llevándose por delante la ética de la convicción. Por lo demás, Nye nunca ha afirmado que el poder blando sea bueno en sí mismo, no sólo por razones de eficacia sino también, como afirma acertadamente, porque conlleva el riesgo de la manipulación psicológica.

Lo cierto es que el pragmático Nye defiende lo que podría calificarse de “inteligencia contextual”, la capacidad del líder para saber combinar, en función del contexto, el poder duro o el poder blando. El autor es un gran defensor del “sentido de la oportunidad”, de aprovechar las circunstancias favorables del contexto para imponer su particular visión del mundo. Más que por el astuto zorro o el león feroz, Nye estaría abogando por el camaleón, aunque habría que recordar que el líder puede caer en un pragmatismo vacío de contenido si no tiene claros los objetivos que quiere alcanzar, si se conforma con el corto plazo y no tiene una visión amplia.

Otra cualidad del líder, muy valorada por Nye, es la capacidad de generar ilusión y entusiasmo en los ciudadanos, algo que sí consiguieron Roosevelt y Reagan, aunque, en realidad, el primero no sacó a su país de la gran depresión hasta el estallido de la II Guerra Mundial, y el segundo, que clamaba por el neoliberalismo, no dejó de aumentar el déficit presupuestario. Podríamos añadir que aquí radicaría una de las claves de la baja aceptación popular de Obama: no ha conseguido convencer a sus compatriotas de que puede sacarles de la crisis.

En este libro, Nye nos recuerda una vez más la importancia de la imagen pública del líder, o quizás mejor de la percepción que otros tienen de él. En resumen, imagen y pragmatismo. Pero estas fórmulas nunca serán suficientes para resolver el inevitable conflicto entre ética y política.

  
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