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InternacionalCómo ha logrado Donald Tusk repetir éxito electoral en Polonia
Aceprensa H. Paterna (Oct 15, 2011) Internacional
Varsovia. Por primera vez tras la caída del comunismo en Polonia, un partido gana las elecciones generales dos veces seguidas: lo ha logrado la Plataforma Cívica del primer ministro Donald Tusk, con el 39% de los votos, 2,5 puntos menos que en 2007. Puede considerarse que en los comicios del 9 de octubre Tusk ha vencido en un uno contra uno: por un lado él tenía pocos logros reales de su gobierno en los que apoyarse; por otro, Jarosław Kaczyński es la mayor y única baza de Ley y Justicia… y su mayor lastre.

En el partido de Kaczyński, que ha quedado segundo con el 30% de los votos (32% en 2007), pueden seguir quejándose de que son derrotados debido al continuo bombardeo de los medios de comunicación. Quien conozca mínimamente el panorama mediático polaco sabe que eso es cierto. Pero si un partido que aspira a regir el país pierde tres elecciones consecutivas, y eso a pesar de la debilidad del gobierno, quizá debería reconocer que algo falla, en lugar de repetir “ganaremos porque tenemos razón”, como dijo Kaczyński tras conocerse los resultados de los primeros sondeos.

En una democracia normal, lo lógico sería que el jefe de los continuamente derrotados dejase el puesto a otro. El problema es que Ley y Justicia no es un partido clásico, sino que depende totalmente del líder. Un líder que, en este caso, montó su agrupación no a base de gente con iniciativa propia, sino apoyándose en leales pretorianos, ejecutores de sus designios. Eso tiene que ver mucho con la historia personal de Kaczyński: un político al que más de una vez han dado por desahuciado y al que ya le destrozaron su primer partido con métodos poco democráticos en los años noventa.

La experiencia acumulada le ha hecho caer en un “síndrome del combatiente”, que difícilmente cuadra con los deseos de estabilidad de la mayoría de los polacos, incluidos la mitad de los electores que decidieron quedarse en casa, cansados de su clase política.

Tusk tampoco lo va a tener sencillo. Ayer afirmó que los tiempos que se acercan no son buenos, pero quizá no vengan tan malos como para que se realice el “escenario húngaro” esperado por Kaczyński y los suyos.

Otro ganador es Janusz Palikot, con su partido anticlerical y antisistema. Hace unas semanas las encuestas (las perdedoras de todas las elecciones en este país), no lo veían ni en el parlamento. El Movimiento Palikot logró alrededor de un 10%. Puede que no termine de ser relevante: para Tusk (responsable, recordemos, de la aparición de este fenómeno político) no es un aliado deseable, aunque tácticamente puede ser útil en ocasiones. Su gente es una incógnita, aunque el papel del partido bien puede reducirse al de “bufón de la corte” si, como parece probable, la coalición gobernante con el Partido Campesino (8,4%) se mantiene igual.

Los mayores perdedores, eso sí está claro, son los post-comunistas (8,3%), que quedan como quinto partido de país. El joven líder Grzegorz Napieralski creyó quizá que repetiría el buen resultado que obtuvo en las presidenciales del año pasado (casi un 14%). No ha sido así. El electorado progresista se lo robó Palikot y ahora pedirán su cabeza. Esto también supone un cambio de era.

  
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