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InternacionalObama, el "amigo" de Zapatero
Redacción (NJ) (Sep 15, 2011) Internacional
Muy mal deben de estar las cosas para que Obama, el amigo y alma gemela de Zapatero, haya manifestado que, aun cuando Grecia sea el problema más inmediato, los auténticos obstáculos a la recuperación mundial sean Italia y España.

Es justo lo que venimos diciendo desde hace mucho tiempo: los países periféricos siguen sin reajustar sus economías y gastando mucho más de lo que ingresan. El tiempo para generar confianza, para demostrar que tenemos la intención y la capacidad de devolver el dinero que se nos ha prestado, se está agotando y cada vez disponemos de un menor margen de maniobra.

Nuestro país, con todo su enorme volumen de deuda pública y privada, con su galopante desempleo, con su átono crecimiento, supone una bomba de relojería para la zona del euro y, en general, para el resto del mundo. Si España cayera, caerían los bancos franceses y alemanes, lo que llevaría a la Eurozona a una enorme depresión que, a su vez, repercutiría muy negativamente en la recuperación de EE UU.

Es lógico, por consiguiente, que a Obama le inquiete la evolución de la solvencia de nuestro país. No sería, de hecho, la primera vez que el mismísimo presidente de la nación más rica y poderosa del planeta nos da un toque de atención: ya sucedió con el famoso tijeretazo de 2010, cuando las llamadas que recibió Zapatero para recortar el sueldo de los funcionarios y congelar las pensiones no vinieron sólo de Berlín o de París, sino también de Washington DC.

Existen numerosas razones para que desconfiemos de Obama, de su gestión y de su política económica. En esencia, reproduce en EE UU el ruinoso camino de despilfarro por el que ha conducido Zapatero a España. En eso sí son gemelos: en su pauperizadora ideología intervencionista y liberticida. Pero, en este caso, convendría aprovechar el inmerecido halo de credibilidad que el presidente norteamericano todavía retiene por estos pagos: su mensaje es el de un acreedor y un socio económico asustado y sus palabras de cautela, de admonición para que reconduzcamos la situación, son las que más necesitamos ahora mismo.

Sin embargo, el Gobierno cesante de España carece de pulso y de voluntad para ello. Se trata de un Gabinete totalmente desestructurado y sometido a los intereses electorales del candidato socialista –justo la misma situación en la que ha dejado al país–. No le corresponderá, por tanto, al amigo Zapatero lograr que se cumplan los deseos de Obama, sino, con toda probabilidad, a un Mariano Rajoy que ha presumido mucho menos de amistades planetarias pero que puede acreditar un más rico currículum de buena gestión.

Las reformas que necesitamos están bastante claras: eliminar el déficit por el lado de los gastos, liberalizar el mercado de trabajo arrebatándolo de las manazas de los sindicatos, completar la recapitalización de la banca y potenciar fiscalmente el ahorro. Es decir, todo lo contrario que ha hecho el PSOE durante esta funesta legislatura. Puede que ni siquiera así logremos una explosión en nuestro crecimiento económico, pero sí abandonaremos la zona de alto riesgo en la que nos hemos instalado durante estos dos últimos años.

Es decir, tal vez no lograremos un crecimiento inmediato y espectacular, pero sí despejaremos los riesgos de suspensión de pagos, una de las principales amenazas para la economía mundial. Algo que desde luego alegrará a nuestro amigo Obama mucho más que las bromas y los chascarrillos sin gracia que podía dirigirle el ínclito Zapatero.

  
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