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InternacionalBenedicto XVI: «El ser humano no es fruto de la casualidad»
Redacción (NJ) (Apr 25, 2011) Internacional
El Papa presidió el sábado por la noche, desde la Basílica de San Pedro, la Vigilia Pascual, uno de los ritos más antiguos de la liturgia y que culminó con el anuncio de la resurrección de Cristo.

La Vigilia Pascual o «Lucernario» es uno de los ritos más antiguos de la liturgia y se celebra en esta noche del Sábado Santo que San Agustín llamó «madre de todas las vigilias», en alusión a la espera de la Resurrección del Hijo de Dios.La ceremonia comenzó en el atrio de la basílica vaticana, donde Benedicto XVI bendijo el fuego nuevo y encendió el Cirio Pascual, símbolo de Cristo, «Luz del Mundo».

Después, comenzó la procesión hacia el altar mayor, en medio de una total oscuridad y silencio en el templo, iluminado poco a poco con las velas de las miles de personas que llenan la basílica, encendidas con la llama procedente del Cirio Pascual. Una vez llegado al altar, se encendieron todas las luces y un diácono comenzó el canto del Exultet, o pregón pascual, un recorrido sintético de la historia de la salvación.Tras la «liturgia de la luz» se celebrarán la de la palabra y la bautismal. Durante la celebración, administró los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Primera Comunión a seis adultos procedentes de Perú, China, Rusia, Suiza, Albania y Singapur.

Durante la homilía, Benedicto XVI se centró en las primeras palabras del Evangelio de San Juan para destacar «el amor creador de Dios». «Si el hombre fuese solamente un producto casual de la evolución en algún lugar al margen del universo, su vida estaría privada de sentido o sería incluso una molestia de la naturaleza. Pero no es así: la Razón estaba en el principio, la Razón creadora, divina», señaló el Santo Padre que también se refirió a Dios como la «Razón divina» para destacar que «ha creado también la libertad; y como de la libertad se puede hacer un uso inadecuado, existe también aquello que es contrario a la creación».

A renglón seguido, subrayó que «no obstante esta contradicción, la creación como tal sigue siendo buena, la vida sigue siendo buena, porque en el origen está la Razón buena, el amor creador de Dios. Por eso el mundo puede ser salvado. Por eso podemos y debemos ponernos de parte de la razón, de la libertad y del amor; de parte de Dios que nos ama tanto que ha sufrido por nosotros, para que de su muerte surgiera una vida nueva, definitiva, saludable».

Victoria frente a la muerte

En esta misma línea, anteayer en las calles de la capital italiana, durante la celebración del tradicional Vía Crucis, el Papa subrayó que la cruz «no es el signo de la victoria de la muerte, del pecado o del mal», sino «el signo luminoso del amor» que invita a cada cristiano «a renovar su fe». En este sentido, recordó que Dios «es capaz de vencer la muerte, el pecado, el mal» y «donar una vida nueva, resucitada, de esperanza».

El Vía Crucis discurrió por el interior del famoso anfiteatro Flavio –conocido popularmente como Coliseo–, que recuerda los sufrimientos de los primeros cristianos, continuó por delante del Arco de Trajano para concluir finalmente en el Palatino, donde aguardaba el Papa. Desde la Ciudad de las Siete Colinas, Joseph Ratzinger, de 84 años de edad, imploró a Cristo que haga morir en nosotros al hombre viejo ligado al egoísmo, al mal y al pecado.

  
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