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InternacionalDel Estado Niñera a la Gran Sociedad
Aceprensa (Apr 23, 2011) Internacional
Casi un año después de la llegada de David Cameron al número 10 de Downing Street, su visión de la Gran Sociedad se ha ido perfilando. El mensaje central –más iniciativa ciudadana y menos intervencionismo estatal– sigue intacto. Pero la crisis económica y la alianza con los liberal-demócratas le han obligado a hacer algunos ajustes. Analizamos la evolución que ha seguido su idea originaria.

Cameron comenzó a gestar el proyecto de la Gran Sociedad mientras estaba en la oposición. Pero fue durante la campaña en las elecciones generales británicas, cuando la idea salió a la calle. Lógicamente, había que vestirla bien.

Además de distanciarse de la herencia de Margaret Thatcher, el líder tory quería ilusionar a un electorado muy descontento por el déficit, el paro y las subidas de impuestos (cfr. Aceprensa, 9-04-2010).

La Gran Sociedad era por entonces un proyecto difuso en la mente de Cameron. Había, es cierto, una idea clara: devolver a los ciudadanos y a las comunidades locales parte del poder que había ido acaparando el Estado en la era laborista.

Cameron lo tiene claro: se acabaron las trabas burocráticas de la era laborista; ahora es preciso favorecer la diversidad y la elección

Pero el conjunto de ideas que acompañaban a ese mensaje central no eran demasiado concretas. Cameron –aseguraba– quería promover el voluntariado, la iniciativa ciudadana, los valores familiares y la responsabilidad cívica.

Una idea inclusiva... y astuta

Quizá lo que daba más coherencia a su programa era la idea de que la sociedad británica estaba rota y había que recomponerla entre todos; una especie de “do it yourself” comunitario.

Rota, ¿por qué? La versión de algunos tories –próxima a la de los think tanks conservadores The Center for Social Justice y ResPublica– es que el permisivismo de los laboristas, unido a una política fiscal que privilegia la inestabilidad familiar, había potenciado ciertos problemas como la dependencia de los subsidios, el auge de las tasas de divorcio o el debilitamiento de los vínculos sociales.

A otros tories, en cambio, les preocupaba más la proliferación de regulaciones estatales durante los trece años de gobierno laborista (acentuada, sobre todo, en la etapa de Gordon Brown). Más próximos a los liberal-demócratas, este sector se caracterizaba por una visión pragmática de la política y menos preocupada por los valores.

Para los críticos de Cameron, la Gran Sociedad es un bonito maquillaje para justificar los recortes

La diversidad de tendencias dentro del Partido Conservador, junto al empeño por conquistar al mayor número posible de votantes, explicaría la ambigüedad que mantuvo Cameron durante la campaña en algunas cuestiones sociales controvertidas. Por ejemplo, cuando propuso impulsar una sociedad favorable a la familia (cfr. Aceprensa, 16-12-2010).

A este equilibrio hay que añadir la delicada situación económica del Reino Unido. En los tres debates por televisión, los candidatos favoritos en las encuestas (Cameron y Brown), advirtieron por activa y por pasiva que se acercaban tiempos de austeridad y de recortes.

En síntesis, se podría decir que durante la campaña electoral la visión de la Gran Sociedad tenía bastantes ingredientes para encandilar a los votantes. Primero porque era una idea inclusiva: aunque se definía en oposición al Estado Niñera de los laboristas, apelaba a los ciudadanos con la idea de que “esto lo arreglamos entre todos”. Y, segundo, porque presentaba valores y principios positivos.

También era una idea astuta, ya que otorgaba una salida digna –y, de alguna manera, una justificación teórica coherente– a los futuros recortes que necesariamente tendría que acometer el nuevo gobierno. Si a partir de ahora la iniciativa sería de los ciudadanos... que nadie fuera luego a pedir dinero a Cameron.

De la campaña al Parlamento

Cuando llegó el 6 de mayo, fecha de los comicios, el electorado no sabía muy bien de qué iba todo esto de la Gran Sociedad (cfr. Aceprensa, 11-05-2010). Pero tras formar gobierno con los liberal-demócratas, las palabras genéricas fueron dejando paso a las políticas concretas. Y aquí, hay que reconocerlo, la coalición fue coherente con la idea de dar más protagonismo a los ciudadanos.

Aprobada el pasado julio, la Ley de Academias facilitó que padres, profesores, empresarios, iglesias y organizaciones benéficas creasen nuevas escuelas, con financiación pública, sin que las autoridades educativas locales pudieran vetarlas (cfr. Aceprensa, 27-05-2010 y 7-10-2010).

En noviembre, el gobierno publicó un Libro Blanco en el que añadía nuevos incentivos a la variedad de escuelas y la libertad de elección. Además, proponía involucrar más a las escuelas públicas en la preparación de sus profesores, dando a aquellas más autonomía (cfr. Aceprensa, 30-11-2010).

Después de la educación, llegó el turno a la sanidad. La medida estrella de la reforma propuesta por Cameron en enero de este año consistía en traspasar la gestión del 80% del presupuesto sanitario de manos de las autoridades sanitarias locales a consorcios formados por médicos de cabecera, que se unirían para contratar servicios de hospitales y especialistas. Su labor sería supervisada por un nuevo órgano independiente (cfr. Aceprensa, 21-01-2011).

Si finalmente es aprobada por el Parlamento, la reforma permitiría a los médicos de Inglaterra (las otras partes del Reino Unido tienen sus propios sistemas sanitarios) decidir dónde hace falta más dinero y dónde hay que recortar. Además, los consorcios estarían autorizados para contratar servicios de empresas privadas que entrarían a competir con la sanidad pública.

A estas dos grandes reformas, la educativa y la sanitaria, se han ido sumando otras iniciativas en el terreno político. Unas son más simbólicas que reales. Ahí está Your Freedom, una página web que permite a cualquier ciudadano del Reino Unido denunciar y proponer que se revoquen las leyes que a su juicio invaden libertades (cfr. Aceprensa, 1-07-2010).

Otras, en cambio, tendrán un efecto más inmediato en la vida cotidiana de los ciudadanos y de las comunidades locales. En esta línea va la propuesta de aumentar el número de ciudades que podrán elegir a sus alcaldes y otras medidas que se decidirán en la reforma del sistema electoral.

El problema es la burocracia

A la luz de estas medidas, está claro que Cameron está siendo coherente con su visión de la Gran Sociedad. Otra cosa es que los recortes que está llevando a cabo su gobierno sean discutibles. En este sentido, es interesante la crítica que le hacen algunas organizaciones benéficas (en teoría, simpatizantes potenciales de la Gran Sociedad).

La crítica pude resumirse así: por un lado, Cameron quiere que los ciudadanos hagan voluntariado y que se involucren más en la marcha cotidiana de sus vecindarios; por otro, recorta las ayudas económicas a las organizaciones benéficas.

Para The Economist (10-02-2011), esta polémica puede llevar a que el programa de la Gran Sociedad no es más que un bonito maquillaje para justificar los recortes, y que Cameron quizá está esperando que los ciudadanos le hagan gratis el trabajo que solía hacer el gobierno.

En relación con esta polémica, cuenta The Telegraph (14-02-2011) el encontronazo que tuvo Cameron con Sir Stephen Bubb, director de la Association of Chief Executives of Voluntary Organisations, en una reunión celebrada en febrero en Londres.

“Usted tiene pasión [por la Gran Sociedad]”, le espetó el sir al primer ministro. “Y yo tengo pasión por las organizaciones benéficas; y cuando veo que alguien recorta sus ayudas, y su trabajo en las comunidades vulnerables decae, digo que eso no está bien”.

Pero Cameron no se arrugó fácilmente. Aprovechando unos datos publicados durante esos fechas –más de 220 responsables de ayuntamientos tienen un sueldo superior al del primer ministro (142.500 libras en 2010) y, al menos, mil funcionarios cobraron ese año más de 1.000 libras– argumentó que el gobierno no tenía más opciones dado el alto déficit público.

“Sin embargo –añadió–, las autoridades locales sí tienen margen de maniobra y pueden decidir a qué destinan sus presupuestos. Por eso, les estamos pidiendo con firmeza que recorten su aparato burocrático y se rebajen sus sueldos antes de recortar las ayudas a las organizaciones benéficas”.

Y ahora, ¿qué?

La idea de la Gran Sociedad podría dar una nueva vuelta de tuerca en los próximos días. Unos días después de la polémica recogida por The Telegraph, el mismo diario –de orientación conservadora– publicó un artículo firmado por Cameron en el que anunciaba la publicación de un Libro Blanco dirigido a modernizar el sector público británico.

Este documento, próximo a aparecer, quiere favorecer que las empresas privadas se hagan cargo de la provisión de los servicios públicos (salvo la seguridad nacional y la justicia) para “sustituir el monopolio del Estado por un sistema más competitivo y eficaz”.

Habrá que esperar a ver qué dice el documento. Pero si, al final, su visión de la Gran Sociedad se reduce a la eterna discusión Estado vs. mercado, seguramente defraudará a un sector amplio del Partido Conservador.

Y no porque no estén de acuerdo con esta idea –que lo están–, sino porque en la formulación original de la idea de la Gran Sociedad se percibía un discurso ético que ahora prácticamente desaparece: el de impulsar los valores familiares y los vínculos comunitarios.

Lo decía a su manera el propio Cameron en su artículo: “Para nosotros, devolver el poder a los ciudadanos desde Whitehall [sede del gobierno británico] y modernizar los servicios públicos son aspectos más significativos de la Gran Sociedad que el trabajo que estamos realizando para estimular la acción social”.

Juan Meseguer

  
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