 | | 
Reglas para jugar bien a estudiar Miguel Ángel Albás (May 18, 2010) Educación y Familia |
Antes de ponernos a jugar a estudiar hemos de pensar y concentrarnos en lo que vamos a hacer. Apartar aquellas cosas que nos distraen es necesario para realizar bien nuestro juego. Es la actitud que tiene, cualquier jugador, que pretende ganar al juego que sea. De ahí que nos tengamos que hacer las siguientes preguntas: ¿Qué es lo que voy a aprender hoy? Por lo tanto: ¿de que trata lo que voy a estudiar?¿Por qué asignatura voy a comenzar a estudiar? Luego: ¿en que orden estudiaré las siguientes? Cuando haré la tarea, (actividades y problemas)? ¿De qué tiempo dispongo para cubrir el objetivo de aprender? ¿Reparto este tiempo entre todo lo que tengo que hacer? ¿Este orden lo debo poner por escrito? ¿Qué ventajas tiene?
Responder a estas preguntas y establecer un orden escrito en un papel para tratar de llevar a cabo lo que nos parezca mas inteligente, no sólo es manifestación de nuestra personal libertad de decidir, sino también, prueba de nuestra capacidad de cumplir con lo decidido. Si no, es muy posible que nos distraigamos, alteremos el orden y acabemos haciendo lo que nos apetece y, en consecuencia, realicemos un mal partido perdiendo nuestra oportunidad de aprender, es decir de ganar este juego.
Una vez establecida la estrategia para ganar, hemos de comenzar a jugar. Veamos: ¿tengo delante, en mi mesa, todo lo que necesito? Entonces abro el libro (los apuntes) y me fijo en mi adversario ¿De que trata el tema de hoy? ¿Entiendo perfectamente el enunciado, el concepto?
¿Cuales son los puntos principales que lo desarrollan?... ¿Qué dificultades presentan?... ¿Que es nuevo para mi?... ¿Cómo y con qué se relacionan con lo que ya sé?... A continuación, coloco los enunciados que conforman el conocimiento del tema por escrito. Tengo que tener claro todos y cada uno de los conceptos que he escrito. Si hace falta consulto el diccionario. En eso consiste la Prelectura.
El juego ya ha comenzado estando bien colocado ante el adversario al que ye he empezado a conocer y, por tanto, a controlar. Ahora ya puedo seguir jugando. Sitúo,( escribo sobre el papel), el primer enunciado; abro la llave y leo, hasta concluir un párrafo completo. Del mismo, extraigo los puntos clave, que convierto sobre el papel en palabras-concepto clave. De esta forma sigo abriendo llaves, si es necesario, hasta concluir todas las ideas clave que existen en el párrafo.
Terminado el primero, continúo con los siguientes, hasta terminar el enunciado que estoy estudiando. ¿Qué he hecho?: analizar, relacionar y sintetizar. ¿Qué me falta?: memorizar. ¿Como?: relacionándolo con lo que se, utilizando mi imaginación para “visualizarlo” (imágenes mentales) y, si es preciso, utilizando la repetición activa para retener los conceptos. Por cierto, lo que he hecho es un esquema. Dicho esquema me servirá para repasar rápidamente y memorizar mejor.
¿He terminado? ¡No! Me falta preguntarme si ahora soy capaz de escribir o hablar “creativamente” (no sólo lo que está escrito en el libro) del tema que he estudiado. ¿Qué quiere decir creativamente? Pues, si soy capaz de decir a mi manera y expresar mi pensamiento, añadiendo de mi cosecha personal ideas que enriquezcan todo lo que sé. No sólo, si lo logro, habré vencido en el juego -que consiste en haber aprendido- sino que encima, he jugado brillantemente mi “partido”.
Esto parece, así explicado, bastante fácil, aunque sea preciso un repetido entrenamiento para adquirir el hábito de jugar cada sesión de estudio o partido, de acuerdo con estas normas. De otra parte, no se si sé hacer esquemas, crear imágenes mentales e incluso ser creativo en la exposición de todo lo aprendido. ¿Qué puedo hacer entonces? ¡Buscar un buen entrenador! Si estas dispuesto a seguir sus consejos, vale cualquier persona que te quiera y que te oriente cuando te equivoques. No es necesario que te explique los temas. Para eso ya están la teoría de los libros de texto y los profesores en clase. E incluso, pienso, que explicar, a veces, resulta, a veces, contraproducente, porque te evita un esfuerzo que has de realizar tú.
Y, ¿si hay cosas que no entiendo, porque no las sé, aunque las tengo aprobadas, y que me impiden aprender lo que tengo que estudiar ahora? ¡Entonces hay que volver hasta el punto donde aparecen tus faltas de base y, ponerse a “jugar” sobre ellas, para que puedas jugar y divertirte jugando a aprender! Pero de eso, y de otras cosas, podemos tratar en otro artículo. ¿Te parece? |
|
| |
|