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El juego y el trabajo II Miguel Ángel Albás (Mar 30, 2010) Educación y Familia |
Aunque a muchos les sorprenda e, incluso les parezca increíble, el trabajo es en muchas ocasiones divertido y, está en nuestras manos, que lo sea siempre o casi siempre, si somos capaces de convertirlo en un juego. Ciertamente, que el trabajo es serio y no se puede realizar en broma. Ni debemos pensar que es intranscendente el trabajo que realizamos, que es un pasatiempo, que es algo anodino o inútil. Tampoco lo podemos considerar poco interesante o irreal. Y sin embargo, ese es el concepto de juego que en muchas ocasiones contraponemos al trabajo.
Así en nuestro lenguaje cotidiano solemos contraponer lo serio a lo divertido (festivo, jocoso); el actuar en serio a actuar en broma; las cosas serias a las cosas intranscendentes; el trabajo serio al mero juego (pasatiempo); lo serio (importante en sí) a lo anodino, banal; lo serio (lo útil) a lo inútil (lo que no sirve a los fines que uno se propone alcanzar); lo serio (interesante para mí) a lo no-interesante, lo indiferente para mí; lo serio (realista) a lo meramente ficticio (ficción).
Pienso que, incluso, no nos gustaría oír que dijeran que nuestro trabajo es un juego para nosotros. Es lógico. Entre nosotros jugar, nos parece exactamente lo contrario a trabajar. Pero no es ese el concepto de juego al que quiero referirme sino a aquel tipo de juegos que nos parecen serios e incluso difíciles como el Ajedrez. En algunos países del Este el Ajedrez es una asignatura y tradicionalmente en Inglaterra, en centros universitarios como Oxford y Cambridge, orientados a la formación integral del estudiante, se le encomienda al juego, desde antiguo, una alta función pedagógica. Los Juegos Olímpicos pueden ser el paradigma de nuestra afirmación.
Al asimilar el juego a broma, intranscendencia, mero juego, pasatiempo, anodinidad, inutilidad, indiferencia… se anula toda la gama de valores que encierra el juego en sus diversas vertientes (recuérdese que en muchas lenguas –francés, inglés, alemán, ruso, árabe- expresan el acto de tocar un instrumento con el término jugar). En consecuencia, lo decisivo es conceder carácter lúdico al trabajo, para que este sea -como lo es el juego- alumbrador de sentido y haga posible una actividad integralmente libre y gozosa.
Por otra parte, todo trabajo, sea el que sea, y aunque en principio no lo parezca, ofrece campos de posibilidades de libre juego, que casi nunca se conocen del todo, pero que –por ser eminentemente reales- lo dotan de sentido, pudiendo así, convertir ese trabajo en algo lúdico. Esta acción, dotada de sentido, encierra carácter creativo, aunque su condición sea dura y parezca reducir a quien la realiza a un horizonte vital muy angosto.
Para que el trabajador, sea al nivel profesional que sea, viva como lúdica su actividad laboral, sólo necesita, en principio, convertir el trabajo en juego. Para hacerlo, ha de poner al descubierto esta relación entre los actos que realiza y los campos de posibilidades que se le ofrecen; puede realizar personalmente la experiencia de introducirse en todas las vertientes de la realidad que envuelve a cada acto laboral y le proporciona un sentido peculiar. Y, así, conocer y tratar de asumir y participar creativamente en el por qué y para qué de la actividad que realiza.
El trabajo se convierte en juego cuando, por ejemplo, en el trabajo intelectual que es el estudio, el estudiante pasa del nivel de “empollar” las cosas que le sirven de materia de conocimiento, al nivel interiorizar el por qué y para qué de lo que estudia; del estado de incapacidad de comprender, al de unirse en diálogo con aquello que estudia; de una posición que está determinada por la actitud que valora exageradamente la utilidad del trabajo (aprobar) y antepone a todo su consecución, despersonalizando al que lo realiza, a una situación de creatividad y lucidez que divierte y llena de satisfacción por lo aprendido. De aquí arranca el carácter liberador del trabajo-estudio.
El despliegue cabal de la existencia humana, sólo se logra, cuando el conjunto de la actividad humana –la cotidiana y la extraordinaria, la realizada en el tiempo laboral y la realizada en el tiempo libre- ostenta un riguroso carácter lúdico. La verdadera liberación del hombre de la era técnica, no consiste primariamente en reducir las horas laborales en beneficio de las horas “libres”, a fin de incrementar la práctica del juego, sino en orientar de modo lúdico las diversas formas de actividad humana, tanto las consideradas vulgarmente como “lúdicas” como las “serias”. El hombre se libera y gana su plena madurez cuando toma como absolutamente serias las actividades que tienen carácter auténticamente lúdico, al igual, que cuando convierte en juego las actividades que llamamos serias: el trabajo y entre ellas y de forma primordial, el trabajo intelectual: el estudio.
En todo caso, el juego y el trabajo tienen siempre un punto en común al ser actividades humanas que permiten y desarrollan la capacidad propia y exclusiva del hombre: la capacidad de crear. Y que, si se realizan libremente y bien hechas, son factores esenciales para el crecimiento y mejora de la persona.
Os propongo un próximo artículo para pensar: “Cómo jugar a estudiar” ¿Os parece bien? |
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