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OpiniónDe brokers a parias
Redacción (NJ) (Mar 01, 2010) Opinión
Están en la ruina. Están entre las familias que han presentado concurso de acreedores. Están entre los ciudadanos que tienen su vivienda habitual hipotecada. Están entre los que viven prácticamente de la economía sumergida (ésa que la ministra de Economía no reconoce) y están registrados en las oficinas del INEM aunque saben que no tienen derecho a prestación alguna.

Son Antonio Estévez y Rosa Arrate, matrimonio en la mitad de su vida, padres de dos pequeñas, residentes en Madrid y con una nueva vida por iniciar. "Me levanté un día y me encontré hecho trizas". Estaba en el socavón de la crisis "me veía a mi mismo y no me reconocía".

"¿He podido yo evitar esto?", se pregunta Antonio Estévez, ingeniero naval y hasta el año 2005 directivo con firma para pedidos de 30 millones de euros que saltaba de empresa a empresa duplicando su sueldo (Astilleros Españoles, Freiremar, Auna).

Su reciente libro "Reflexiones desde la ruina de la crisis" intenta no sólo responder a su pregunta, sino entender cómo se pasó del desaforado "boom económico" del todo vale a esta crisis. Pero, sobre todo, para "sacar del anonimato a esa lista interminable de nombres y apellidos que luchan hasta la extenuación por sacar a sus familias adelante" y "golpear las conciencias" de los que pudiendo haber hecho algo por evitarlo no lo hicieron.

Tras su marcha de Auna, Antonio se hace por su cuenta consultor. Una buena opción después de tantos años de horas de entrega y sacrificio hechos para otros. Conoce entonces las dificultades de los pequeños y medianos empresarios para acceder a la financiación y hacer viables sus empresas. Así, por casualidad, entra en el mundo de los intermediarios financieros.

Hace falta dinero en casa. La consultoría de Antonio no tira y Rosa se hace franquiciadora de Interban. Uno a uno le rechazan por "no solventes" la más de treintena de expedientes de solicitud de crédito de clientes que presenta. Y como Escarlata O'Hara, Antonio se jura que con el siguiente no tendría un no como respuesta.

Ya en la CAM le dan el visto bueno y, por fin, nace su empresa Intermedia Soluciones Financieras, empieza el desarrollo de su marca Eintermedia.com y rescinde el contrato con Interban. "Fuimos así de osados".

"Estaba entusiasmado". Crea una herramienta informática (market place, para minimizar y agilizar los papeleos de los expedientes de crédito), que es demandada por la CAM, Bancaja, UCI (al 50% del Santander y BNP Paribas) y BBVA. "Iba todo a velocidad de vértigo" e Intermedia llega a tener unas cuarenta oficinas franquiciadas en España. El país estaba metido en plena orgía del dinero fácil y los intermediarios se llevaban su parte del pastel.

"La banca se olvidó del principio básico de prudencia", reflexionaría meses después. Un ambiente de nuevo rico en el que los bancos y cajas presionaban para que las sucursales firmaran cuatro o cinco hipotecas al mes. "Nosotros les facilitábamos los clientes y todos los clientes les valían". Se dieron hipotecas al 100% y 120% del valor de tasación. Hipotecas cambio de casa. Hipotecas a la piedra. "Eran los productos estrellas" del mercado. "Alguien tenía que haberse dado cuenta de que algo no iba bien".

Entra en contacto con lo que mucho tiempo después se enteraría (ya con su negocio en quiebra) que eran las famosas titulaciones hipotecarias y los "clientes subprime" (morosos, en proceso judicial de impago y aquellos con dinero negro) que aceptaban créditos con unas condiciones leoninas.

Eran productos bancarios muy rentables para los bancos si el cliente pagaba y si no era el caso se desprendían cuanto antes del "cliente subprime" y vendían las hipotecas en paquetes a fondos de inversión y planes de pensiones porque "las viviendas nunca iban a bajar de precio". La venta de estas hipotecas subprime se iba a convertir en el plato fuerte de su empresa."

En 2006, la intermediación financiera y sector inmobiliario estaban de moda. Había que crecer como empresa. "El último esfuerzo fue hipotecar nuestra casa al máximo". Pide más dinero al Banco Popular, con el que ya estaba endeudado, y a Caja Madrid. "Me vi con pólizas de crédito que triplicaban las que ya tenía pero no había porque preocuparse. Había que arriesgar y mientras que los bancos me apoyaran yo no me iba a achantar".

Y la burbuja explotó. En junio de 2007, echa el cierre. Da de baja a su empresa con cientos de miles de deuda, propia y avalada. Paga a los 23 de plantilla. "Nadie nos había dicho que lo que yo, y otras muchas entidades de crédito, llevábamos años vendiendo eran hipotecas subprime con General Electric Capital (GE), sucursal en España de uno de los bancos americanos más importantes", y con licencia del Banco de España.

  
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