Espacio disponible para su publicidadNoticias Jóvenes  

  Julio  
30
  Viernes  
   

Consejo de la Juventud de Zaragoza

MisMontes.com

AupaZaragoza.com

Iglesia en Zaragoza (Hoja Diocesana)

ARAMON BIKE

Espacio Disponible para su PUBLICIDAD 976 274426

  
Espacio CAI

MúsicaDe policía a tenor
Redacción (NJ) (Feb 25, 2010) Música
Domingo, función vespertina, tercer reparto. La velada en el Teatro Real podría haberse resuelto anodina y convencionalmente, pero la función de “Andrea Chénier” alojaba la sorpresa de Jorge de León, ignoto tenor canario –ignoto como el príncipe Calaf- que formó una escandalera y un acabose en el trance final de los saludos.

Los espectadores madrileños correspondieron con bravos y jaleo la valentía y la corpulencia del cantante. Jorge de León parecía uno de esos boxeadores, se me ocurre el caso de Frazier, que resuelven las peleas en 40 segundos. No necesita juego de cintura, ni estrategia, ni coreografía. Dispara el agudo y excita al espectador o lo seduce por las entrañas.

Era el tercer tenor en discordia. Marcelo Álvarez y Fabio Armiliato se repartían y reparten las funciones nobles de “Andrea Chénier” en el templo madrileño, pero ninguno ha conseguido el éxito de Jorge de León ni ha desafiado con tanto descaro el personaje fatal de Giordano.

A falta de refinamiento, de modales y de academia, el debutante tinerfeño ofrecía color, volumen, musculatura vocal. Parecía un verdadero tenor “spinto” y sus impresionantes agudos “acuchillaban” el patio de butacas hasta conmover a la incrédula melomanía.

¿Quién es este tenor?, se preguntaban los aficionados en corrillos. Enseguida comenzó a conocerse que el chaval se había ganado la vida como policía municipal en La Laguna, que se apuntó a un coro local, que cantó en Murcia y que Giancarlo del Monaco, hijo del tenorísimo Mario y director de escena de “Andrea Chénier”, quiso ponerlo en órbita en Madrid.

Se presume una carrera interesante porque no abundan las voces de semejante tamaño ni de parecida emoción en el escalafón tenoril, pero llama la atención que el triunfo legítimo de Jorge de León haya tratado de sobreponerse a la actuación de Marcelo Álvarez.

El público de Madrid es igualmente especialista en demoler cantantes que en apadrinarlos. Fueron corridos a gorrazos del Real José Cura y Giusseppe Sabatini. Se prefería a Aquiles Machado (¿?) como ahora se exalta a De León para cuestionar a Marcelo.

La comparación es improcedente. No sólo porque el aristocrático Álvarez responde de una trayectoria impecable, jalonada en las grandes arenas, verificada en las cimas del repertorio. También porque su contrafigura canaria se encuentra en los comienzos.

Sería peligroso colmarlo de elogios y parabienes. De otro modo, Jorge de León podría descuidar la técnica y el estudio, despreocuparse de la línea de canto, alejarse del estilo, subordinar el fraseo, incluso perseverar en el vibrato que le afea la voz y deteriora la homogeneidad.

Semejantes inconvenientes se le presentaron ayer en el aria del último acto. El público las obvio con indulgencia porque luego sobrevino el KO del duelo final. La pegada de Jorge de León y su agudo sublime, redondo, reventó a los espectadores por la vía del cloroformo.

Es una prosaica expresión de los gacetilleros de boxeo. Los mismos que compararían a Marcelo Álvarez con uno de esos púgiles elegantes y “armónicos” que a falta de manos de piedra convierten el combate en un arte. Se mueve como un bailarín, antepone el sentido de la estética y desarma al rival, golpe a golpe, pacientemente, sin vehemencia ni titubeos.

  
BUSCAR EN NJ: