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InternacionalAl Gore arremete contra los 'negacionistas' del calentamiento global
Redacción (NJ) (Feb 21, 2010) Internacional
John Kenneth Galbraith bromeó una vez: "La política no es el arte de lo posible; es el arte de escoger entre lo desastroso y lo difícil de tragar". En el caso de la crisis climática, nuestras decisiones han estado nubladas por la confusión, producida en gran medida por una masiva campaña política de engaño promovida por numerosas empresas emisoras de carbono.

En primer lugar, la catástrofe a la que nos enfrentamos todavía no ha sido total y claramente reconocida por los votantes. Ni siquiera el huracán Katrina logró hacer que muchos de los políticos de Luisiana modificaran su posición al respecto. Y se trató, precisamente, del tipo de tormenta de categoría 5 que los científicos nos vienen advirtiendo hace tiempo que se tornarían mucho más frecuentes como resultado del calentamiento global.

Las industrias afectadas por las soluciones a la crisis climática usaron todas las herramientas políticas para oponerse

Segundo, las medidas requeridas para resolver la crisis climática parecen difíciles de tragar, porque las emisiones de CO2 que hay que reducir han constituido una parte esencial de nuestra actividad económica, impulsada por el carbón y el petróleo, durante más de 150 años. La sola escala y omnipresencia de las políticas necesarias para descarbonizar las actividades del mundo representan un desafío único y sin precedentes para el proceso político (aun cuando con él se creen millones de buenos puestos de trabajo). En otras palabras, los cambios necesarios, sencillamente, no son la clase de correcciones de rumbo graduales con las cuales trata usualmente nuestra política.

Además, hay otros dos factores que han acrecentado la oposición política a estos cambios a gran escala en Estados Unidos y otros países industrializados. El aumento de la globalización de la economía mundial en las últimas décadas y la nueva facilidad con la cual las modernas tecnologías de fabricación cruzan las fronteras nacionales han conducido a la migración masiva de los empleos industriales desde las naciones desarrolladas hacia países con salarios más bajos.

Esta tendencia ha acrecentado el temor de que las nuevas medidas que afecten al comercio en una nación puedan llevar a más pérdidas de puestos de trabajo, si no se pide a otros países que compartan la carga del cambio.

Afortunadamente, sin embargo, pese a que muchos esperaban que la crisis económica demorara aún más las acciones con respecto a la crisis climática, la verdad es que la expectativa de millones de nuevos empleos verdes ha conducido a progresos en el tratamiento simultáneo de los desafíos climático y económico.

Con todo, la lucha para promulgar leyes concernientes al calentamiento global, así como para aprobar un tratado mundial para reducir la contaminación por gases causantes del calentamiento planetario, se ha transformado en una épica batalla política que lleva ya 20 años, tiempo en el cual el ritmo de cambio del mundo natural se ha acelerado de manera drástica.

  
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