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InternacionalObjetivo: salvar el Báltico
Redacción (NJ) (Feb 11, 2010) Internacional
Helsinki se convierte este miércoles por unas horas en la capital del Báltico. El motivo es una cumbre dirigida precisamente a salvar el mar, castigado durante décadas por los residuos agrícolas, los productos químicos y el volumen del tráfico marítimo y cuyas aguas deberán soportar en los próximos años una expansión formidable de los negocios energéticos de Rusia, que acrecentarán todavía más la presión medioambiental.

A la cumbre asisten delegaciones de los 10 países del Báltico más Bielorrusia, cuyos residuos agrícolas e industriales son parte del problema aunque no tenga salida al mar. Todas menos la polaca y la bielorrusa encabezadas por jefes de Estado y de Gobierno. Un éxito innegable para la ONG organizadora -'Baltic Sea Action Group'-, que ha logrado despertar el interés de los líderes políticos de la zona.

Ha despertado expectación la presencia en Helsinki del primer ministro ruso, Vladimir Putin, que cabe interpretar en términos tan ecológicos como geopolíticos. Ningún otro país contamina el Báltico como Rusia. Básicamente por las aguas fecales de sus ciudades y por el tráfico de sus petroleros, que se incrementará cuando se abran los yacimientos petroleros del Ártico y se complete la expansión del puerto de Ust Luga, por el que pasará un 20% de sus exportaciones energéticas.

Putin se irá este miércoles de Helsinki con un compromiso: la construcción de una planta de tratamiento de residuos en el enclave ruso de Kaliningrado, situado entre Lituania y Polonia y que hasta ahora los ha desaguado sin tratar al mar.

La planta no es una iniciativa nueva: su construcción se inició hace más de una década pero el proyecto colapsó por problemas de corrupción. Según fuentes finlandesas, Putin se ha comprometido ahora a supervisar personalmente el proyecto y éste será financiado por bancos escandinavos e instituciones financieras de la comunidad internacional.

En el fondo se trata de replicar el éxito de San Petersburgo, cuya planta de tratamiento de residuos financiaron al alimón los gobiernos finlandés y sueco y que ha mejorado sobremanera la situación del Báltico.

La cumbre rubrica un cierto deshielo en las relaciones entre Rusia y sus vecinos del Báltico, reflejado en la construcción del gasoducto Nord Stream, que une el puerto ruso de Viborg con el alemán de Greifswald. El proyecto -que bombeará 55 m3 anuales de gas natural- ha recibido la autorización de todos los países por los que pasa el gasoducto y sólo debe salvar dos últimos obstáculos: la decisión de la autoridad medioambiental finlandesa y el recurso presentado en Alemania por los ecologistas de WWF.

Nord Stream ha despertado recelos entre los países del Este de Europa, que ven en el gasoducto -controlado por la empresa Gazprom- una amenaza para su seguridad energética. Básicamente porque otorga a Rusia la posibilidad de cortar el gas a países como Ucrania o Polonia sin afectar a clientes occidentales como Alemania o el Reino Unido.

Al margen de Nord Stream, la cumbre de Helsinki ha incluido un puñado de decisiones de los Estados y compromisos concretos de más de 140 empresas y organizaciones no gubernamentales. En la mayoría de los casos, no se trata de aportaciones económicas sino de compromisos tecnológicos o de trabajo gratuito. El objetivo es devolver al Báltico su riqueza ecológica en 2021.

  
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