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ReportajesSer más sanos cura al planeta
Redacción (NJ) (Nov 27, 2009) Reportajes
Las consecuencias del pillaje al que hemos sometido durante décadas a la tierra están ahí, para quienes quieran verlas. Inundaciones, sequía, calentamiento global, reducción de los casquetes polares.... Ahora, los expertos llaman la atención sobre las consecuencias que el deterioro progresivo del planeta puede tener sobre la salud de las personas.

Matar dos pájaros de un tiro. Eso es lo que lograríamos al reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Las estrategias propuestas para disminuir la contaminación –bici en lugar de coche, menor consumo de productos procedentes del ganado- tendrían efectos directos e indirectos sobre la salud y el clima. Bueno para el hombre, bueno para el planeta. Y viceversa.

"Se han identificado con un elevado nivel de certeza numerosas consecuencias para la salud del cambio climático", señala Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud, en uno de los artículos que conforma este número especial de la prestigiosa revista médica. "El cambio climático es el precio que estamos pagando por culpa de las políticas a corto plazo", subraya Chan, en busca del beneficio económico por encima de la salud ecológica del planeta.

Los estudios han examinado las consecuencias para la salud que tendrían determinadas estrategias para reducir la emisión de dióxido de carbono (CO2). El análisis se realizó tanto en los países ricos como en los pobres, que son los que con toda probabilidad van a sufrir un mayor impacto del cambio climático si no se ponen en marcha soluciones. Por eso, (al cambio climático) se le llama el impuesto más regresivo de la historia de la humanidad.

El transporte es una de las principales fuentes de contaminación de la atmósfera, pero no la única. El sector de la agricultura y la ganadería aporta un 10%-12% de los gases de efecto invernadero, a lo que hay que sumar un 6%-17% derivado de la deforestación y los cambios en la tierra que esta actividad implica muchas veces.

Lejos de disminuir, la perspectiva es que en 2030 la producción de carne, por ejemplo, se incremente un 85% respecto a la de 2000, con las pertinentes consecuencias sobre el medioambiente. Revertir esta tendencia sería una buena estrategia para luchar el cambio climático a la vez que mejora la salud de la población.

Una disminución del 30% en la ingesta de grasas saturadas procedentes de los animales supondría un descenso del 17% de las muertes por patologías isquémicas del corazón en el Reino Unido o en Sao Paulo (Brasil). Aunque no han sido calculados, los más que probables efectos sobre la obesidad, el cáncer y otras enfermedades harían aún más valiosa esta estrategia.

  
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