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Educación y FamiliaLa realización personal III (Realizarse mediante el trabajo)
Miguel Ángel Albás (Oct 30, 2009) Educación y Familia
La realización personal – o educación –consiste, en primer lugar, en el desarrollo intencional de la propia libertad: crecer en libertad responsable. La libertad humana se entiende, fundamentalmente, como una energía interior, una actividad que necesariamente supera el estrecho círculo de la individualidad y se abre a una relación con la totalidad de los otros seres con los que se relaciona. Nadie se educa, mejora, o se realiza a si mismo, sin la ayuda de los demás. El ejercicio de la libertad implica actividad y relación. Una actividad que sirve para abrirse a una relación de dominio respecto a las cosas - y a uno mismo – y una relación de recibir y de prestar servicio de las personas y a las personas.

Son ámbitos de realización personal aquellos que implican actividad y relación, con posibilidades de mejora personal, propia y ajena. Cabe destacar. Entre estos ámbitos, el trabajo- cualquier trabajo y todos los tipos de trabajo moralmente lícito- y la convivencia. Entendiendo también la convivencia, como una modalidad diferente del propio trabajo. Dejando para otra ocasión el amplísimo campo de la convivencia – familiar, social, etc. – veamos algunos aspectos de la realización personal en el trabajo.

Aplicado a la persona, realizarse quiere decir cumplir el proyecto de su existencia, que es lo que hace que la persona alcance su plenitud. Pero esto es afirmar, con otras palabras, que la persona se perfecciona – alcanza la plenitud o perfección – cuando obtiene sus fines. La persona se realiza cumpliendo los fines para los que le ha sido otorgada la existencia. Estos fines abarcan todas las tareas que comprende el trabajo o, los trabajos que integran el proyecto de existencia grabado en la naturaleza de cada persona humana, y que trascienden la propia terrenal existencia.

El trabajo, en su sentido más amplio es el ámbito obligado de realización personal. Es quizá en el trabajo donde se advierte más fácilmente el significado de la palabra realizar: pasar del proyecto a la realidad. Para realizarse personalmente – para continuar el proceso vitalicio del propio proceso educativo- no se puede prescindir del trabajo, en cuanto que es totalmente necesario para alcanzar el fin natural. Pero, no todo trabajo, es decir, no cualquier modo de realizar el trabajo profesional sirve para realizarse personalmente.

Desde el punto de vista de la educación, de la realización como persona, el trabajo debe ser realizado en unas determinadas condiciones para que cumpla su finalidad de promover la educación – propia e, incluso, facilitar la ajena -. De lo contrario, resultaría ser una actividad neutra – o negativa – respecto al propio proceso educativo. No sería una acción realizadora.

Las condiciones exigibles de realización del trabajo profesional o de cualquier tipo de trabajo, pueden concretarse a partir de cuanto se dijo anteriormente acerca de la persona. Estas condiciones dependerán en, parte, de la organización del trabajo; principalmente dependerán de uno mismo: de sus motivos, de su forma de trabajar, de su insatisfacción. Como veremos más adelante, deberá ser un trabajo humano, es decir hecho con libertad: un trabajo libremente aceptado, realizado responsablemente con mayor o menor autonomía, con iniciativa, con soltura, con dominio, con afán de servir.

Estamos hablando, por tanto, de trabajos pensados para servir, no para dominar; de trabajos moralmente lícitos. Dando por supuesta esta condición, el trabajo profesional estará relacionado no sólo con la libertad. Sino también con otros valores. Por otra parte, hay diversos estilos personales de trabajo. Para su realización personal, necesita cada trabajador - y todos somos personas trabajadoras- saber detectar su propio estilo con el fin de respetarlo, mejorándolo.

Cada uno podrá mostrar así, en su trabajo, sin proponérselo explícitamente, su autodominio y su disponibilidad. Cada uno podrá vivir en su trabajo – pese, en algunos casos, a las limitaciones de autonomía externa - las características de persona antes citadas- de autonomía – interna – y de totalidad. Cuando esto ocurre, la persona imprime “como un sello representativo de su personalidad” en su trabajo. Su actividad en el trabajo está saturada de actos auténticamente personales. Y, en esos actos personales, uno se conoce mejor – y mejor se le conoce – con “el conocimiento de la persona en su mismo siendo”

Quizá interese recordar que el trabajo no es el único ámbito de realización personal, a no ser que consideremos, en su sentido más amplio, que toda actividad humana es trabajo. Esto nos plantea, al menos, un problema de distribución óptima del tiempo. El abandono de otras esferas del propio deber – la familia, en primer lugar -, perjudicaría la realización personal, incluso en el trabajo.

Caben muy diversas actitudes respecto al trabajo que llamamos profesional. Es un mundo muy diverso en el que inciden numerosos factores. Sin embargo, la diversidad de situaciones profesionales, con su casuística, no debe ser óbice para la realización de un mejor trabajo, bien hecho y con actitud de servicio. He aquí, por tanto, algunas de las cuestiones que merecen tratamiento aparte, todas ellas en función de la realización personal en el propio trabajo.

  
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