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InternacionalA la reconquista de la Luna
Redacción (NJ) (Jul 19, 2009) Internacional
"Tenemos que regresar a la Luna antes de que los astronautas rusos, chinos, japoneses, europeos o incluso indios pongan sus pies sobre nuestro satélite natural". Este es uno de los importantes legados que Barak Obama ha recibido de George W. Bush, su antecesor en la Casa Blanca, y que el primer presidente de color de Estados Unidos tiene encima de su mesa del Despacho Oval todavía pendiente de resolver.

La vuelta a la Luna después de casi cuatro décadas de olvido es una "herencia" que el nuevo inquilino de la Casa Blanca debe afrontar cuanto antes. Por el momento, el primer y decisivo paso de Obama ha sido designar un jefe de su absoluta confianza para la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), una de las instituciones federales con más fama y prestigio internacional.

El elegido ha sido Charles F. Bolden, un ex astronauta de 62 años, ex general del Arma de Aviación del Cuerpo de Marines y la primera persona de raza negra en convertirse en el máximo responsable de la mayor agencia espacial del mundo.

Envueltos por la euforia de los actos conmemorativos del 40 aniversario de la llegada de Armstrong y Aldrin a la Luna, Bolden va a asesorar a Obama para ratificar, rechazar o modificar el programa 'Constellation', que no es otra cosa que los planes de la NASA para volver a pisar la Luna.

'Constellation' es un proyecto que nació a la luz de la denominada 'Visión para la Exploración del Espacio', una ambiciosa iniciativa dada a conocer por el propio presidente Bush el 14 de enero de 2004, con la que pretendía "reconquistar" la Luna en la década de 2020. Además, pretendía paralizar en 2010 los vuelos de los actuales transbordadores reutilizables y desarrollar avanzados cohetes y cápsulas tripuladas desechables. Estos nuevos ingenios serían los encargados de transportar a los colonizadores lunares.

Porque los nuevos conquistadores no se limitarían a recoger piedras y rocas y traerlas de regreso a la Tierra, como hicieron entre 1969 y 1972 la docena de astronautas que hasta la fecha han pisado la Luna. En lugar de hacer las veces de 'mineros', se convertirían en 'albañiles' distinguidos y serían los encargados de construir bases habitadas. Estas colonias serían el trampolín desde el que, gracias a la ausencia de atmósfera, el ser humano volaría hasta el planeta Marte a mediados del presente siglo.

Pero el planeta rojo son palabras mayores: si la Luna fue conquistada por tres astronautas en un viaje de ida y vuelta de solo ocho días, llegar a Marte significa una tripulación de seis personas en un difícil viaje, retorno incluido, de entre nueve y 12 meses.

Sin embargo, ni siquiera el regreso a la Luna es tarea sencilla. La NASA estimó en 2005 que 'Constellation' requería una inversión de nada menos que 35.000 millones de dólares. Pero tan solo cuatro años después, esos 35.000 millones se han demostrado totalmente insuficientes para la titánica tarea que se pretende acometer.

En su campaña electoral por ocupar la Casa Blanca, Obama apoyó la concesión de fondos adicionales para el desarrollo de la nave tripulada Orión, con capacidad para cuatro astronautas, así como a la nueva generación de lanzadores espaciales medios (Ares I) y pesados (Ares V) que propugna 'Constellation'. Estos últimos, semejantes al cohete Saturno V y con la fuerza de 160 aviones B-747 Jumbo -el más potente jamás construido, obra del equipo de ingenieros dirigido por el alemán Wernher von Braun- fueron los que hicieron posible que los norteamericanos alcanzasen la Luna y ganasen la carrera espacial.

Como admirador del idolatrado presidente John F. Kennedy, Obama es totalmente consciente del "tirón" que representaría para el orgullo nacional el reto de regresar a nuestro satélite, instalar bases habitadas permanentes y, en la década de 2050, dar el gran salto hasta el planeta rojo.

Sin embargo, tanto la realidad económica por la que atraviesa Estados Unidos como los problemas técnicos y los sobrecostes crecientes de 'Constellation' pueden hacer cambiar los faraónicos planes espaciales que ha heredado Obama.

Una de las alternativas que se barajan es la de abandonar el desarrollo de los nuevos cohetes Ares I y V y adaptar para misiones tripuladas a los también nuevos y potentes cohetes Delta IV de Boeing y Atlas V de Lockheed Martin. Ambos son propiedad del Pentágono y, hasta ahora, se han limitado a colocar en órbita satélites y sondas espaciales. Tanto el Delta IV como el Atlas V se contemplan como una solución "barata".

Sea cual sea la decisión presidencial sobre 'Constellation', todo apunta a que el programa se modificará pero no se abandonará. Admirador declarado de Kennedy, será difícil que Obama descarte una idea tan arrolladora como es la de sentar las bases de la primera colonia terrestre en la Luna.

Por si acaso, China ya ha anunciado que sus planes son pisar la Luna entre 2025 y 2030 y el resto de competidores tienen planes parecidos. Por ahora se trata de regresar a nuestro satélite natural pero, eso sí, con la vista y la mente puestas en Marte, una misión que difícilmente será posible sin la colaboración internacional.

  
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