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Educación y FamiliaEl trabajo y los valores
Miguel Ángel Albás (Apr 14, 2009) Educación y Familia
Podemos y, en la medida de lo posible, debemos tener claro el sentido de la vida y, por ende, del trabajo, de nuestro trabajo de cada día. Ello, si somos coherentes y nos esforzamos en realizar bien nuestro trabajo, nos llevará al amor, y en él, a la felicidad alcanzable aquí en la tierra.

Un montón de personas dedicadas a trabajar en las ONGs así lo testimonian cada día y muchísimas más, dedicadas a su familia y a los demás, en su trabajo ordinario, también. Algunos, sin ser muchas veces conscientes de ello, quizás mas movidos por el ejemplo de sus mayores y la intuición, que por ideas puntuales, han adquirido una educación de la conciencia personal en relación al “bien” en general o, a alguna de sus manifestaciones: los valores.

¿Bastarían los valores humanos – la sinceridad, la justicia, etcétera- para encontrar el sentido de la vida o, para ser marco de referencia de la propia educación?

Por lo menos, constituyen una base imprescindible para buscar el sentido de la propia existencia. Y esos valores, vividos, desde la disposición psíquica, como hábitos operativos, son las virtudes humanas que nos hacen crecer como personas, facilitan la autorrealización y, en consecuencia, elevan la autoestima.

¿Podríamos concluir que las virtudes humanas son necesarias, pero no suficientes?

Primero observamos, que hay comportamientos humanos que hacen pensar en una especie de locura colectiva. Porque si, realmente, se enseña que “la vida no tiene, ningún sentido”, que el ser humano es “una marioneta que se agita movida por hilos externos o internos”, que el hombre vive sólo para satisfacer sus propias necesidades”, se comprende que haya muchas personas –especialmente, jóvenes- que se limitan a ser “coherentes” y que han sido arrastrados hacia las neurosis de masas, mediante un adoctrinamiento reduccionista”. La cuestión esencial es saber si en estos casos todavía se puede hacer algo. Lo lógico es, en esta situación, el suicidio, la criminalidad, la droga… Las virtudes humanas quedan lejanas.

Entonces, ¿Qué fuerza misteriosa puede lograr un cambio radical? ¿Cómo ayudar a ver que, aún siendo hoy “tabú dar un sentido a la vida”, sin embargo es necesario ser conscientes de que el hombre sólo puede realizarse trascendiéndose, porque es esencial al hombre “la capacidad de trascenderse a sí mismo en función del sentido de su propia existencia”?

De otra parte, sabemos que hay comportamientos humanos más corrientes, aunque tienen una sola dimensión. Es el caso de quienes se mueven “en un plano horizontal entre los polos del éxito y del fracaso. Esta es la dimensión del homo sapiens (hombre o mujer) que quiere tener éxito como hombre de negocios (businessman) o como hombre o mujer del mundo (playboy).

Falta la dimensión del homo patiens, esto es, del hombre o mujer que, incluso en el sufrimiento inevitable, se encamina a la realización de su fin. Aquello que da sentido a su vida aunque él, a veces, no lo entienda. Los polos no son únicamente el éxito o el fracaso, sino también la realización o la desesperación. En estos casos, las virtudes humanas parecen quedar menos lejanas, y pueden ser un punto de partida para elevar las miras, los motivos. Pero, no nos engañemos, el salto es enorme.

Sólo intento hacer pensar, en las inmensas posibilidades de los valores humanos y por otra parte, en la radical insuficiencia de lo humano.

Tenemos que ser muy humanos pero, ¿qué podemos hacer en situaciones muy difíciles sólo con medios humanos, aunque debemos estar dispuestos a agotarlos?

Precisamente eso, hacer todo lo que humanamente podamos en la certeza de que nuestro esfuerzo no es inútil y que lo que falte, lo recibiremos por añadidura. De hecho, al esforzarnos nos estamos construyendo a nosotros mismos, estamos creciendo, mejorando y en el fondo es lo único que debe importarnos. Al aportar todo lo que podemos estamos haciendo patente la inmensa capacidad de nuestro amor. “El que hace todo lo que puede no está obligado a más”.

Hay algo más que debemos saber y, ser conscientes siempre de ello: que el trabajo no es un fin sino un medio. Es el medio propio del hombre para alcanzar la propia realización personal y con ella, la auto estima y la capacidad de un mejor servicio, para un mas grande amor. Un amor, que no para aquí en la tierra sino, que da al hombre dimensiones de eternidad.

  
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