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Educación y FamiliaEl sentido de la vida y el sentido del trabajo
Miguel Ángel Albás (Mar 24, 2009) Educación y Familia
La relación entre el sentido de la vida y el sentido del trabajo es lógicamente esencial. Somos según pensamos y, actuamos, o al menos debería ser así, de acuerdo con nuestras ideas y creencias. Es importante pensar y ser conscientes de nuestro pensamiento. ¿Que pienso?... ¡Que creo?... ¿Qué quiero?... ¿Es conforme a mi pensamiento, mi manera de actuar?... Porque si no me esfuerzo en actuar según mis convicciones y creencias, si no hago lo que pienso, pronto acabaré pensando según actúo. “El que no vive como piensa acaba pensando como vive”. En la diferencia, reside algo tan importante como vivir en la verdad o en el error, en la felicidad o en la pena, en la tristeza. Ser dueños de nuestra vida o, dejarnos llevar por nuestras debilidades.

El trabajo, los trabajos de cada día, son el exponente del sentido de nuestra vida, el mejor testimonio de lo que queremos y lo que amamos. Y ello, siempre que el trabajo no sea un refugio, sino un lugar de responsabilidades asumidas, donde se pueda vivir una libertad responsable, en un clima de confianza.

Por eso, ¿tiene algún sentido cuanto se pueda decir del trabajo humano en una situación humana de “frustración existencial”? Primero hemos de encontrar sentido a nuestra existencia, después al trabajo que realizamos. Y es ahí, en condiciones satisfactorias de trabajo, donde podremos encontrar respuesta a nuestras inquietudes y satisfacción en el trabajo y donde se hará posible, que podamos ayudar a otros a encontrar solución a algunas de sus crisis personales.

Ya hemos dicho que el trabajo, los trabajos de cada día son la mejor ocasión de crecer en valores personales y con ellos de crecer como personas, auto realizarnos. ¿Que valores queremos potenciar a través de nuestras tareas? El establecimiento de prioridades respecto a las virtudes humanas que deben cultivarse en el propio trabajo es un asunto personal. Depende de la situación interior de cada persona y de las condiciones en que realiza su trabajo.

Cada uno puede preguntarse en qué medida, el cultivo de algunas virtudes humanas en su trabajo, lo hace preferentemente, por razones de prestigio o de servicio; cómo está ayudando a otros colegas a superar crisis personales, grandes o pequeñas, que inciden en su ámbito profesional o y familiar; hasta qué punto se está excediendo en el cumplimiento de su deber, sabiendo que la generosidad no es un lujo en la vida de una persona; hasta dónde vive, en definitiva, la responsabilidad en su trabajo.

Una tarea fundamental e imprescindible a la que estamos llamados, es ayudar a los que conviven con nosotros, especialmente a aquellos que dependen de nosotros, a que mejoren a través de la realización de su trabajo. Ayuda, que en la mayoría de los casos se traduce en una cordial, constante y firme exigencia de que realicen, puntual, constante y lo mejor posible, todas y cada una de las pequeñas o grandes tareas de cada día.

Esta labor generosa, a veces, lo facilita un fracaso. ¿No resulta siempre difícil ayudar?... Los fracasos son una magnífica ocasión educativa. Son un problema pero, los problemas como bien saben los estudiantes sirven para que, al tratar de resolverlos, ellos acrecienten nuestras capacidades y fortalezas y así, nos mejoren a nosotros.

  
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