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Educación y FamiliaPor la Perseverancia a la Tenacidad
Miguel Ángel Albás (Mar 03, 2009) Educación y Familia
Una vieja consigna “Perseverar es triunfar” nos lleva a considerar la importancia de ser constantes, “tozudos” se dice en Aragón, en el esfuerzo por conseguir realizar nuestro trabajo, lo mejor posible, sin desmayar, sin “reblar”, con insistencia, perseverantes. El que triunfa, es aquél que continúa donde abandona el que fracasa.

Además, es en la insistencia por alcanzar su objetivo donde, de paso, se adquieren otras “fortalezas” por ejemplo: la sobriedad en el uso de medios; la fortaleza en la resistencia a influencias negativas, sobre todo, a enfoques degradantes del trabajo, el trabajo bien hecho y con actitud de servicio; la generosidad, que supone entregarse gustosamente en el cumplimiento del deber, etc. Dependerá, en cada caso, de la situación personal de quien trabaja, del nivel alcanzado en el desarrollo de estas y otras virtudes humanas.

Pudiera ocurrir que, en muchos casos, habiendo captado la importancia del trabajo humano en el propio desarrollo, y en los ajenos procesos de mejora personal, faltara la perseverancia. Es una virtud muy importante en el trabajo, y puede definirse como la ilusión de culminar las tareas emprendidas; de querer estar presente en la coronación de la cima; de la “tendencia a últimas piedras”, en contraposición a comenzar muchas cosas y abandonar luego. Es muy importante en una época de cambios, en la que todo parece inestable, frágil, fugaz. “Quizá por ello las expresiones “perseverancia”, “constancia”, “resistencia” y “tenacidad” han perdido hoy su antiguo prestigio, se nos muestran como algo arcaico. Saben a esfuerzo sin contenido, a rigidez inmóvil, a testarudez enteca, a aburrida uniformidad”.

La perseverancia es valiosa, sin duda, en función de lo que se quiere lograr. Perseverar es ser leal, fiel a algo valioso, en cuyo logro, una persona se compromete libremente. Pero, hemos de considerar aquí el inestimable valor de las “cosas pequeñas”, de los objetivos y proyectos que por ser, aparentemente sin importancia, no les damos valor y sin embargo, son las piedras que, una a una, van edificando los “logros” de cada día, y el camino que nos conduce al éxito en lo grande. La perseverancia debe ser considerada no sólo en función de los objetivos que se persiguen, sino también de acuerdo con la labor ya realizada; no como rigidez inmóvil; sino como algo vivo, firme y flexible: la lealtad, la fidelidad se tejen en los pequeños y continuados esfuerzos de cada día de ser fiel en lo poco, en lo pequeño.

Así es, como la perseverancia en el trabajo se va convirtiendo en la tenacidad, que es: la perseverancia en las cosas pequeñas: “es el río formado de pequeñas gotas que arrastra suavemente hacia el ancho mar de la felicidad las naves de los santos, de los héroes, de los artistas”.

En un grado de competencia profesional normal, la tenacidad es la base de un prestigio en la profesión, sin el cual no nos es posible tener una elevada autoestima, ni ayudar a quienes colaboran con nosotros, pues precisan que emane de nosotros la autoridad, y ella, sólo se consigue con el prestigio que nos proporciona el hacer las cosas sencillamente bien hechas.

  
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