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AragónUna gran familia de más de 200 miembros
Redacción (NJ) (Feb 28, 2009) Aragón
familia Hace escasamente cinco meses que los Hermanos de la Cruz Blanca de Huesca estrenaron su nueva sede. Un casa que ha supuesto un gran cambio en las vidas de los más de 50 residentes y de los 180 voluntarios que se acercan cada día, para desempeñar tareas necesarias y cotidianas.

Prostitutas, personas con trastornos mentales o que sufren enfermedades tan crueles como el sida, ex drogodependientes o, simplemente, personas mayores que por diversas circunstancias se han vistos solos en su último tramo de la vida. Aunque invisibles, todos ellos forman parte de la sociedad, gracias a la labor de los Hermanos de la Cruz Blanca en Huesca y en concreto, de sus 180 voluntarios. Una gran familia de más de 200 miembros.

Asunción Gella es la coordinadora de los voluntarios en la Casa de los Hermanos de la Cruz Blanca en Huesca. Lleva más de diez años colaborando con ellos. Su vocación comenzó ya de muy joven, en las Hermanitas de los Desamparados. Para ella, su labor de voluntariado se ha convertido en una necesidad. “Cuando tuve niños, no pude dedicarme todo el tiempo que hubiera querido a los demás. Pero tan pronto mis hijos fueron un poco más mayores, tuve la necesidad de volver al voluntariado”.

Mucho ha cambiado desde que Asunción comenzó a ser voluntaria. Un cambio, según ella, a mejor. “La evolución que se ha producido en todas las facetas y actividades de la vida, también ha llegado al voluntariado. Nos vamos organizando mejor y vamos aprendiendo más.”.

Para ser voluntario, no hace falta una formación específica. Sólo que la gente tenga vocación y les guste hacer una labor social, matiza Asunción. Son los Hermanos de la Cruz Blanca y el resto del voluntariado los encargados de impartir cursos de formación, orientados a “conocer la historia de los Hermanos de la Cruz Blanca y también el funcionamiento del resto de las casas familiares y en concreto, la de Huesca”. Con la apertura de la nueva sede, han llegado nueve voluntarios nuevos.

La Casa de los Hermanos de la Cruz Blanca funciona como una casa normal. Todos, voluntarios y usuarios no dependientes, ayudan en las diferentes tareas domésticas. Una forma para que cada uno de los residentes se sientan parte de una gran familia.

En cada área (cocina, oficinas, acompañamiento a hospitales, animación, lavandería, etc,) hay un grupo de voluntarios dirigidos por un representante. Jesús Labarta es uno de ellos. Es el encargado de la cocina. Todos los lunes, su grupo, formado por unos 4 voluntarios, llega a las cinco y media de la tarde para preparar la cena. Hoy toca puré de verduras y lenguado a la romana con lechuga.

Gracias a las nuevas instalaciones, no tienen apenas problemas. Suelen tener preparada la comida antes de la hora, porque hay “unas cinco o seis personas que tienen que cenar antes”, explica Labarta. Luego, le toca el turno al resto del grupo y por último, a la comunidad. Como ocurre en los hospitales, también preparan menús especiales para diabéticos.

  
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