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Educación y FamiliaLa Sinceridad y el trabajo humano
Miguel Ángel Albás (Feb 09, 2009) Educación y Familia
La sinceridad es otra virtud humana cuyo ejercicio ha de considerarse prioritario en cualquier situación y por supuesto también, en la actividad profesional. Es, en primer lugar, sinceridad consigo mismo, y exige que nos preguntemos por los objetivos y motivos del propio trabajo. Servirá, por tanto, para adecuar los objetivos a las verdaderas necesidades profesionales y evitar el aburguesamiento profesional o para rectificar motivos, si ellos no son los adecuados para realizar bien nuestro trabajo.

Servirá también la sinceridad para detectar inversiones en la relación cantidad-calidad de trabajo. Una persona puede estar haciendo mucho, pero no bien. Lo óptimo sería hacer mucho y bien, pero me refiero a los casos –frecuentes – en que la calidad no es prioritaria, de hecho, en la actividad profesional, sea por razones de pereza para revisar lo hecho, cuidando detalles significativos, sea por prejuicios que afectan negativamente la calidad –y, por tanto, el valor del trabajo humano.

La sinceridad con los demás nos llevará a no ocultar las limitaciones personales en el propio trabajo, ni la lucha personal para vencerlas, sin alardear de lo uno, ni de lo otro. No hay mejor estímulo para ayudar a los demás a mejorar, que la visión de los demás de nuestras carencias y del esfuerzo que realizamos por superarlas. Todos hemos de mejorar, de educarnos y es bueno que los otros sean testigos de nuestro real esfuerzo por conseguirlo. Nada hay más descorazonador, por hipócrita, que la convivencia con alguien “perfecto”.

A este respecto, nos encontramos, muchas veces, con otra grave dificultad: la del encasillamiento. Hay personas que captan las limitaciones, pero no la capacidad de superación, porque, en el fondo, no creen que el ser humano pueda mejorar personalmente –es decir, niegan la realidad de la educación-. Y nunca es tarde, ni imposible, mejorar. Hace falta mucho valor para vivir la sinceridad del no ocultamiento con este tipo de personas, por el juicio negativo que puede suponer hacia la propia persona. Pero, es en la dificultad donde se pone de manifiesto el ejercicio de una virtud y muy especialmente de esta.

En este caso, la misma sinceridad de aptitud y actitud de mejora en el trabajo será transparencia con posibilidad de ejemplo estimulante. Es el esfuerzo y la tenacidad, lo que nos anima y empuja a tratar de hacer las cosas mejor.

La sinceridad es “una suerte de naturalidad del espíritu, una lozanía y transparencia estrictamente juveniles”, que eliminan del ser y de la conducta cuanto suene a doblez, a hipocresía. “La sinceridad verdadera y valiosa nace al servicio del prójimo, no quiere escandalizar, ni ofender, ni hacer tabla rasa con la educación y el tacto.” Por eso, no es sinceridad la de quienes sólo pretenden exhibir sus defectos o sus fracasos: “no son sinceros en sus vomitonas más o menos repugnantes, aunque apelen sin cesar a la sinceridad”.

Y, en el ámbito de la fe, será sinceridad con Dios, que llevará a ofrecerle un trabajo bien hecho. Es una sinceridad que se demuestra, principalmente, en la oración que nos compromete con el trabajo y así hace del trabajo oración.

  
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