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Educación y FamiliaEl Trabajo humano y los “valores” humanos
Miguel Ángel Albás (Feb 01, 2009) Educación y Familia
El trabajo humano es ocasión y medio para el desarrollo de los valores, capacidades, virtudes, competencias, o como queramos llamarlo. Como hemos afirmado en un artículo anterior existe una estrecha relación entre el trabajo y el amor. Porque, para poder amar hace falta tener la capacidad de poder hacerlo, es decir, de poder amar. El amor es algo más que un sentimiento, precisa de unas capacidades o valores para poder vivirlo si no, no existe verdadero amor. El amor sentimiento, sin obras no es real y los valores, las capacidades o competencias son instrumento imprescindible para que el amor pueda ser real y por tanto, permanente. “Sin la fuerza del amor no se puede tener la capacidad de la generosidad y, sin la ayuda de la capacidad de ser generoso, no se puede mantener el amor”. Por tanto, la relación trabajo-capacidades, virtudes, valores o competencias es continuación de la relación trabajo-amor.

En cuanto que el trabajo humano es trabajo bien hecho, con actitud de servicio, evidentemente implica el ejercicio de valores o competencias humanas. No sirve un trabajo mediocre. Y, por otra parte, la capacidad técnica ha de estar informada por el espíritu de servicio. Esa estrecha relación entre el autodominio y el servicio se pone de relieve en cada capacidad humana.

El trabajo humano es una excelente ocasión para mejorar diversas capacidades humanas: la generosidad, el orden, la perseverancia, la fortaleza, la sobriedad, la justicia, etc. Al desarrollar estas competencias estamos apoyando la relación trabajo-libertad. Esto es cierto, sólo por el hecho de contribuir al propio autodominio, porque sin él “la libertad que se tiene es ficticia”.

Es fácil advertir, por tanto, cuál es el principal objetivo del presente artículo: completar la relación del trabajo con la libertad y con el amor, y ello, haciendo algunas observaciones acerca de la relación del trabajo y los valores humanos.

Dando por supuesto en el lector un conocimiento suficiente de los valores o capacidades humanas en general, porque su ejercicio es necesario para desenvolverse en la vida diaria, cabe preguntarse, en primer lugar, qué capacidades o valores humanos tienen prioridad en el ámbito profesional, o cuáles son aquéllas cuyo ejercicio incide más en el trabajo humano.

Quizá la más próxima al trabajo sea la laboriosidad, precisamente porque “el carácter del valor de la laboriosidad deriva del hecho de que realiza la obligación de trabajar que incumbe a todo hombre”.

En realidad, esta competencia o valor humano es propio de personas que están dispuestas a hacer, a trabajar, a colaborar… sin vivir sólo en la esfera del rendimiento, del beneficio personal. “La laboriosidad es un hábito, una cualidad espiritual, no es simplemente, una coacción ni un ímpetu exclusivos, no una inclinación egocéntrica, ni un puro hábito activista que ahoga el amor al prójimo y al mundo”. El valor de la laboriosidad hace referencia a una tarea de servicio.

Es decir, la laboriosidad implica la obligación de trabajar, pero no limitada al propio sustento, sino referida al propio proceso educativo, proceso de mejora personal y, por consiguiente de una mejora, para poder prestar un mejor servicio a los demás.

La laboriosidad rebasa el ámbito profesional en cuanto lleva a la persona a asumir con diligencia los propios deberes de servicio, de trabajo profesional y de las otras tareas familiares, sociales etc.…Pero, es precisamente ahí, en la profesión, en las tareas familiares y sociales… donde el ser humano encuentra más oportunidades de servir, dado el número de horas diarias dedicadas a estos trabajos.

La laboriosidad no tiene como finalidad el activismo, sino la diligencia. Por tanto, la búsqueda ansiosa del trabajo es una deformación de la laboriosidad. Lo que busca una persona laboriosa no es el trabajo como un refugio o como un reducto, sino como una ocasión de servir diligentemente. En consecuencia, se opone a la pereza, pero no a la actitud contemplativa, ni al sentido festivo de la vida.

El trabajo y la diversión no han de ser necesariamente contrarios, entre otras cosas, porque si no, la mayoría de las personas, tendrían que dedicar muchísimas horas al trabajo para poder divertirse un poco..

En síntesis, la laboriosidad es servicio y servicio gozoso impulsado por el amor y alcanza su óptimo desarrollo –como las demás virtudes humanas- en el ámbito de la fe. De la consciencia, de que hemos nacido para amar, para servir. Es entonces el trabajo, cumplimiento amoroso del propio deber.

La consideración de la laboriosidad sirve, por tanto, para rectificar motivos en el propio trabajo. Resulta más fácil así, por ejemplo, distinguir entre las consideraciones sociales, los lucimientos personales y el servicio basado en un prestigio profesional. O contestar a esta pregunta: ¿en función de qué busco prestigio en mi trabajo?

  
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