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InternacionalLas convulsiones de la crisis
Redacción (NJ) (Dec 29, 2008) Internacional
Aunque la grave crisis que padecemos tuvo su inicio en agosto de 2007, las grandes convulsiones se han producido durante el año que ahora termina. Un periodo en el que los mercados financieros se han sumido en el marasmo, el inmobiliario se ha venido abajo, la automoción hace agua y el petróleo ha experimentado una volatilidad extraordinaria. Entre pérdidas gigantescas, quiebras y rescates de emergencia, incluidas las nacionalizaciones, el año 2008 marcará profundamente a los bancos mundiales, hundidos en una travesía que se asemeja a la Gran Depresión. La crisis de las "subprime" (hipotecas basura o de alto riesgo) se generó por los excesos de las instituciones estadounidenses, que concedieron préstamos sin garantía para la compra de viviendas y desestabilizaron el sistema financiero mundial al diseminar esos créditos dudosos mediante productos tóxicos. Las instituciones financieras han perdido miles de millones de dólares y reducido de forma drástica el valor de sus activos

El primero en caer fue, el pasado marzo, Bear Steams, el más pequeño banco de inversiones de Wall Street. La Reserva Federal evitó su bancarrota al ofrecer condiciones muy ventajosas para que su rival JPMorgan Chase lo comprara. Pero no hubo salida para el cuarto banco de inversiones estadounidense, Lehman Brothers, que tuvo que acogerse a la ley de quiebras el 15 de setiembre. Su caída provocó el bloqueo total de los mercados crediticios, y un colapso desconocido desde los años 30.

Operación rescate

Merrill Lynch escapó a la debacle al ser comprado ese mismo día por el banco comercial Bank of America. Los dos únicos bancos de inversión restantes, Goldman Sachs y Morgan Stanley, que abandonaron esa condición el 21 de setiembre para convertirse en entidades comerciales y poder recibir ayudas públicas. Para mantener el sistema financiero a flote, el Tesoro de Estados Unidos presentó un plan de rescate de 700.000 millones de dólares, aprobado por el Congreso el 3 de octubre.

En Europa, la onda expansiva afectó al banco británico Northern Rock, especializado en créditos inmobiliarios, que debió ser nacionalizado en febrero, al igual que el belga-holandés Fortis en setiembre y el británico Bradford & Bringley y el franco-belga Dexia, dos días después. La Unión Europea adoptó medidas para proteger a los ahorradores de las quiebras, antes de prometer planes de rescate para los bancos, inspirados en gran parte por el primer ministro británico Gordon Brown. Islandia, muy dependiente de sus bancos, tuvo que nacionalizar a sus tres principales instituciones financieras (Kaupthing, Glitnir y Landsbanki), hacia principios de octubre, antes de pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional.

La lista de los bancos fagocitados por sus rivales es larga: Dresdner Bank por Commerzbank, HBOS por Lloyds TSB, Alliance & Leicester por Santander... En Estados Unidos: Countrywide fue comprado por Bank of America, Wachovia por Wells Fargo, Washington Mutual por JPMorgan Chase, National City por PNC. La lista de quiebras en Estados Unidos este año (25 hasta la fecha) incluye la mayor de su historia, Washington Mutual (188.000 millones de dólares en depósitos) el 25 de setiembre.

La tormenta arrasó con los más grandes. El ex número uno mundial de las finanzas, el estadounidense Citigroup, se hundía antes de la masiva intervención de las autoridades, al igual que UBS, ex primer banco suizo, también generosamente reflotado por el Estado. Y si la aseguradora AIG sobrevivió fue gracias a la inyección de 152.000 millones de dólares aportados por el gobierno estadounidense.

La innovación financiera mal entendida propició las maniobras fraudulentas. El francés Societé Generale registró una pérdida histórica de 4.900 millones de euros, producto de malversaciones de su agente Jerome Kerviel. Y el último escándalo aflorado es el fraude piramidal protagonizado por el ícono de Wall Street, Bernard Madoff -actualmente en arresto domiciliario-, que ha repartido 50.000 millones de pérdidas entre los grandes bancos, fondos y sociedades de inversión de las grandes fortunas.

La pérdida de valor de los inmuebles, primero, y la sequía crediticia, después, han ido afectando en cadena a otros sectores productivos hasta sumir a la economía real de los países industrializados en una etapa de recesión. A la parálisis de la construcción sucedió la contracción del consumo, sobre todo de bienes duraderos.

La automoción es una de las principales 'víctimas'. Ningún fabricante de automóviles del mundo ha logrado escapar de la crisis, si bien el Estado ha acudido en su socorro en algunos países, consciente de la repercusión que su hundimiento tendría en el mercado laboral.

En Washington, los tres gigantes estadounidenses --General Motors (GM), Ford y Chrysler-- otrora pujantes, terminan el año logrando del Congreso una ayuda condicionada para los dos primeros, de 13.400 millones de dólares para salvarse de la quiebra. Incluso luego de que Washington decidiera socorrer a una industria que emplea a uno de cada 10 obreros en Estados Unidos, "la quiebra de uno de los fabricantes sigue siendo posible", advirtió el analista Gregg Lemos Stein, de la agencia de calificación de riesgo Standard & Poor's..

En Europa como en Asia, los fabricantes están recurriendo a las vacaciones forzosas ante una baja de las ventas que ha superado de largo el 40% en muchos países durante los últimos meses. En Francia, el presidente Nicolas Sarkozy anunció una prima de 1.000 euros para los compradores de vehículos nuevos para estimular la renovación del parque automovilístico. Ni los países emergentes se salvan. En China, donde el crecimiento del mercado registró tasas entre el 20% y el 30% en los últimos años, la cifra de matriculaciones cayó un 10% en diciembre.

La crisis supone una redistribución del mercado en todo el mundo. Toyota está a punto de convertirse en número uno del sector superando a General Motors, mientras que Volkswagen ya desplazó a Ford al tercer lugar en la clasificación. Como señal de los tiempos, Ford tuvo que vender las prestigiosas marcas británicas Jaguar y Land Rover a la firma india Tata y puede deshacerse de la sueca Volvo, mientras GM estudia la venta de Saab. Pero las dificultades financieras complican las operaciones: GM renunció a fusionarse con Chrysler, y en Alemania, Porsche tuvo que hacer lo mismo respecto a Volkswagen. Estos mismos problemas de liquidez amenazan con frenar el avance hacia modelos más económicos en combustible.

  
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